Cd. de México.- La selección mexicana jugó un primer tiempo para colgar en un museo. La dupla formada por Quiñones y Jiménez volvió a hacer goles de bandera. En la parte complementaria, el Tri retomó una tradición atávica que quizá se remonta a las guerras floridas y cedió la iniciativa al enemigo. Sobrellevó el juego gracias a la solvencia de la defensa. Cuando fue exigido, Rangel demostró que merece la titularidad.

El público apoyó a los suyos con fervoroso estruendo. El "Cielito lindo" alternó con los gritos de homofobia y los a los favoritos de la afición: el jovencísimo Gilberto Mora, los anotadores y el portero. No faltaron quienes aprovecharon el partido para fotografiarse a sí mismos, convencidos de que el nuevo lema de la patria es "un influencer en cada hijo te dio".

Foto: José Luis Ramírez

La indignación popular llegó al borde del motín cuando el árbitro interrumpió una descolgada mexicana para dar paso a la iniciativa más absurda del futbol: la pausa de hidratación, pretexto para los anuncios televisivos. La épica se suspendió para ir a comerciales.

En los últimos minutos del juego, la banca lucía tan nerviosa como la afición. De espaldas al campo, Rafa Márquez arengaba a la multitud para que siguiera gritando y Memo Ochoa debutó como entrenador y empezó a dar indicaciones desde el área técnica.

Ecuador hizo poco a lo largo del partido y decidió salir del campo a patadas. Hincapié, que viene de ganar la Premier League, recibió tarjeta roja por agredir sin la pelota en juego. La desesperación de un jugador de su jerarquía revelaba lo sucedido: Ecuador fue borrado por el Tri, que cada vez juega mejor.

En las gradas, el tradicional grito de "¡Sí se puede!" fue sustituido por otras tres palabras: "¿Y si sí?". Acaso seamos el único país que impulsa a los suyos con una pregunta. Por el momento, la escuadra tricolor responde.
Foto: José Luis Ramírez

El 30 de junio amaneció de la peor manera. El clima parecía ideal para cultivar arroz, no para jugar un partido de futbol. Para colmo, Ecuador tenía a jugadores que actúan en el Chelsea, el Arsenal, el PSG, el Brujas y otros equipos acostumbrados a chutar bajo la lluvia. El primer desafío era el desorden del cielo.

Entramos al estadio empapados por una tormenta de relámpagos que retrasó el arranque del partido. Era el Día de los Protomártires Cristianos y estábamos dispuestos a todo.

Lo primero que el Vasco dijo después del triunfo sobre Chequia fue: "Vas aprendiendo de tus errores". La frase es insólita porque en México es más difícil aceptar un error que cometerlo. Si las invitaciones para un acto no están listas a tiempo, el responsable dice: "Nos falló la imprenta". En el deporte, la frase más socorrida para explicar la derrota es: "No se dieron las condiciones". Javier Aguirre tiene una condición excepcional: acepta la pedagogía del error.
Foto: José Luis Ramírez

Una y otra vez ha reconocido las equivocaciones puntuales que tuvo en sus dos etapas previas como entrenador de la selección, pero su actitud rebasa el marco individual. Un breve repaso ayuda a entender la magnitud de su hazaña. México ha perdido en forma histórica sin aprender de sus caídas. Al iniciar este torneo, teníamos el récord de derrotas (28) y la peor diferencia de goles (-39).

El 14 de julio de 1930, disputamos el primer partido mundialista, contra Francia; perdimos 4-1; lo más interesante fue que desde el minuto 23 nuestros rivales perdieron a su guardameta, que se desmayó al chocar con el delantero Dionisio Mejía; como entonces no había cambios, el mediocampista Chantrel se puso la sudadera. El auténtico récord consistió en perder contra diez jugadores, que incluían a un falso portero.
Foto: Karla Ayala

Dos días después, logramos otra primicia: Manuel "Chaquetas" Rosas anotó el primer autogol mundialista.

Los desastres no han impedido que la selección tenga un prestigio neumático inflado por los publicistas. Nunca un equipo fue tan promovido como la "Esperanza Verde" que viajó al Mundial de Argentina 78 y que contaba con las estrellas que un año antes habían ganado el campeonato internacional sub-20 en Cannes. Los resultados no pudieron ser peores: ante nosotros, Túnez conquistó su primer triunfo de la historia (3-1), Alemania se adjudicó otra masacre (6-0), Polonia cerró la cuenta (3-1) y terminamos en último lugar de la justa.
Foto: Diego Gallegos

Es cierto que la selección ha tenido momentos de esplendor, pero la tónica general ha sido decepcionante. Javier Aguirre recibió un elenco sin grandes figuras y entendió que debía formar un grupo. Como en el Osasuna y el Mallorca creó un equipo "de entrenador", que puede cambiar de fichas sin cambiar de geometría.

El secreto no deriva de negar la naturaleza del futbol mexicano, sino de reconocerla a fondo para cambiarla de una vez por todas. Javier Aguirre necesitó de toda su vida como jugador y entrenador para llegar a este momento.

En sus tiempos en el Osasuna, ante un partido crítico, la prensa le preguntó cómo pensaba reaccionar ante el resultado: "Si pierdo, me tomo un tequila; si gano, me tomo la botella entera", bromeó Aguirre.

Ignoramos de qué modo festejará un entrenador marcado por la sensatez. Lo cierto es que millones de mexicanos brindaremos en su nombre.