Cd. de México.- Alex Reza Shams sabe de allá porque es iraní, sabe también de más acá, a unos 10 mil kilómetros de distancia, porque nació en Estados Unidos, pero, además, conoce una parte de México porque es su casa desde hace 5 años.

Las tres naciones en conjunto no tienen muchas coincidencias, ni se diga de Irán con EU, pero ahora hay una cosa que las une, quieran o no: el futbol.

El antropólogo y periodista, quien estudió en las universidades del sur de California, Chicago y Harvard, podría acudir sin problemas migratorios a ver el debut mundialista de Irán contra Nueva Zelanda, en su natal Los Ángeles (LA)... pero no lo hará.

Otros miles de aficionados del país del oeste de Asia no tienen siquiera elección, pues Estados Unidos vetó su entrada, junto con ciudadanos de otra decena de países, pese a ser el anfitrión de la Copa Mundial de la FIFA, junto con México y Canadá.

Tendrán que ver los juegos desde Teherán (capital de Irán) con un aragh (licor nacional), otras zonas del país o cualquier parte del mundo; en un bar comiendo kebab, o bien acudir al estadio Azadi y formar parte de esa 'media luna' frente a una pantalla gigante, como en ediciones pasadas.

La decisión del Presidente Trump, argumentada oficialmente por razones de seguridad nacional, aunado a una guerra entre ambas naciones desde febrero pasado, provocó que los 26 futbolistas elegidos por el "Team Melli" (Equipo Nacional, en lengua farsi) tuvieran que concentrarse fuera de Estados Unidos.

Por todo lo anterior, aunado a décadas de tensiones entre ambas naciones, provocó que los iraníes tengan como su 'nueva casa' a Tijuana, Baja California, por al menos dos semanas.

Estarán muy cerca del "sueño americano", pero tendrán que intentar alcanzarlo cruzando vía aérea cada vez que tengan sus partidos del Grupo G contra Nueva Zelanda; Bélgica y Egipto.

Reza Shams, quien se enorgullece de su doble nacionalidad, la cual fue resultado de la migración que hizo su padre por la inestabilidad de Irán tras la Revolución de 1979, también demuestra indignación al saber que a esos partidos sólo podrán acudir iraníes ya radicados en Estados Unidos, sobre todo en LA, donde el más de medio millón de sus connacionales provocó que a una zona de ahí le apoden "Tehrangeles".

Aunque, reconoció, Irán intentará en esta séptima participación pasar la fase de grupos por primera vez.

Entre fesenjoon y chiles en nogada

Reza Shams, quien verá los partidos entre la disyuntiva de intentar comer fesenjoon (estofado elaborado con zumo de granada y nueces molidas) o chiles en nogada, también respondió lo siguiente.

--¿Crees haya algo que les pueda sorprender en Tijuana, un choque cultural, o similitudes?--, se le preguntó.

"Creo que van a encontrar cosas muy familiares o que les recuerden a casa, en sentido de que el pueblo iraní ama la vida, la música, bailar, la comida, y hay platos parecidos, por ejemplo el mole. La visión de Irán es distorsionada de la realidad, pues es un país diverso, de mucha gente, etnias, lenguas, con playas, montañas, cultura".

--¿Y a México, por qué veniste? ¿Cómo aprendiste español?--, fue otra pregunta.

"Crecí en un ambiente bastante mezclado, entre iraníes y latinos. Hay una parte de mi familia que se ha casado con mexicanos, entonces así crecí, y tengo amigos muy cercanos de Latinoamérica".

"Soy escritor y aunque la mayoría de mi trabajo es en inglés, también he escrito en español, y estoy interesado en las similitudes que pudieran tener Irán y México, así como las historias políticas de los países".

--¿Qué recuerdos de tu infancia, relacionados con el futbol, tienes sobre Irán?--, se cerró la entrevista.

"Siempre, pues digo, un recuerdo que tengo es además de siempre estar jugando en el callejón de la casa de mi abuela, con mis primos, es ver el partido del Mundial del 98, en Francia, en el cual Irán le ganó a Estados Unidos, y fue un momento de gran celebración, la gente tomó las calles, estuvieron hasta el amanecer celebrando".

"Fue un momento, como lo digo, de encuentro de mis dos países, fue muy lindo".