El crédito otorgado por la banca del Estado registró en 2025 su menor saldo en una década y su peor caída en seis años, exhiben datos del Banco de México (Banxico).

El financiamiento otorgado por la banca de desarrollo presentó un saldo de 2 billones 196 mil 558 millones de pesos al cierre del año pasado, el monto más bajo después del billón 931 mil 830 millones de pesos constantes (a precios de 2025) registrado en 2014.

El comportamiento del crédito de la banca pública en 2025 implicó además una disminución real anual de 3.9 por ciento, la peor baja desde el descenso de 4.1 registrado en 2019.

Este tipo de financiamiento comprende los recursos canalizados por Nacional Financiera (Nafin), el Banco Nacional de Comercio Exterior (Bancomext), el de Obras y Servicios Públicos (Banobras), la Sociedad Hipotecaria Federal (SHF), el Banco del Ejército, Fuerza Aérea y Armada (Banjercito) y el Banco del Bienestar.

Al interior de este indicador, todos los tipos de financiamiento de la banca de desarrollo sufrieron descalabros: el crédito al sector privado tuvo una variación negativa de 3.7 por ciento; para el sector público federal se presentó una disminución de 0.4 por ciento; el destinado a estados y municipios se redujo 7.0 por ciento; y el otorgado a otros sectores -que comprende el financiamiento al Fondo Nacional de Infraestructura (Fonadin) y al Instituto para la Protección al Ahorro Bancario (IPAB)- padeció un decremento de 13.5 por ciento.

Del saldo de 2 billones 196 mil 558 millones de pesos, el financiamiento al sector público federal acaparó 42 por ciento; el crédito canalizado al sector privado tuvo una participación de 35 por ciento; el correspondiente a estados y municipios representó 13 por ciento del total; y lo destinado a otros sectores, 10 por ciento del monto.

El pasado 12 de febrero, la Secretaría de Hacienda (SHCP) destacó otros indicadores financieros de la banca de desarrollo para defender que ésta tiene una posición robusta. Por ejemplo, refirió que al cierre de 2025 registró activos totales superiores a 3.1 billones de pesos, equivalentes a 8.9 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) nacional, y reportó utilidades por 58 mil 600 millones de pesos.

Asimismo, la dependencia resaltó que el Índice de Capitalización (ICAP) fue de 28.5 por ciento, "ampliamente superior a los mínimos regulatorios", el de Morosidad (IMOR) de 1.9 por ciento, "reflejo de una cartera sana", y el Índice de Cobertura (ICOR) -que mide la capacidad de las instituciones para cubrir sus créditos impagados (cartera vencida) mediante reservas preventivas- de 278.6 por ciento, "lo que demuestra una amplia protección frente a riesgos crediticios".

Si bien estos son indicadores salud financiera, uno de los principales objetivos de la banca de desarrollo es alentar el crecimiento económico y social a través de financiar a sectores estratégicos, impulsar infraestructura o financiar a las pequeñas y medianas empresas (pymes), y aun cuando su meta no es maximizar ganancias como lo hacen los bancos comerciales, debe generar utilidades para ser financieramente sostenible y no depender del Presupuesto público.

De hecho, una de las acciones planteadas en el Plan México es incrementar el acceso a financiamiento productivo tanto de la banca de desarrollo como comercial, para aumentar en al menos 3.5 por ciento anual el número de micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) con crédito, para que 30 por ciento de éstas cuenten con ello en 2030.

"En los últimos años, la colocación de créditos por parte de la banca de desarrollo no puede explicarse únicamente por factores coyunturales como la pandemia o la menor demanda de financiamiento del sector privado, sino que responde a una combinación de decisiones fiscales, debilitamiento institucional y ausencia de estrategias de promoción del crédito que han erosionado la capacidad operativa de los bancos de fomento", señaló Jorge Cano, especialista de México Evalúa.

Explicó que la SHCP ha hecho cobro de "aprovechamientos" a instituciones como Nafin, Bancomext y Banobras para transferir tales recursos al Banco del Bienestar, pero éste se convirtió principalmente en dispersor de programas sociales.

Acotó que aunque el ICAP de la banca de desarrollo aumentó, esto no obedeció a una mayor solidez derivada de expansión crediticia, sino a la contracción de activos en riesgo.

"Es decir, los bancos (de desarrollo) mejoraron sus indicadores prudenciales porque redujeron su cartera de crédito. En otras palabras, la 'fortaleza' financiera se logró prestando menos", dijo.

"La banca de desarrollo no implementó estrategias efectivas para compensar el entorno económico adverso. La Auditoría Superior de la Federación ha identificado que no realiza un esfuerzo sistemático de identificación y atención de la población objetivo al no tener diagnósticos claros, métricas de impacto y estrategias de diversificación del crédito", añadió.