Ciudad de México.- El modelo que convirtió al País en una potencia automotriz durante las últimas tres décadas ha sido duramente golpeado y se encuentra en una encrucijada.

Los incentivos del gobierno de Donald Trump para mover empresas, los altos costos laborales y la agresiva fiscalización en México redefinen el futuro de la industria automotriz

La política comercial del Presidente Donald Trump, basada principalmente en la imposición de aranceles para incentivar el regreso de la manufactura a Estados Unidos, está alterando los incentivos que durante años favorecieron la producción en México, incluso con reglas de contenido regional más estrictas bajo el T-MEC desde 2020, cuando el mandatario ejercía su primera Administración.

Con una industria automotriz que ahora ha tenido que asumir aranceles de 25 por ciento sobre los contenidos que no son originarios de la región de Norteamérica, las armadoras en el País han empezado un proceso de mudanza de sus líneas de exportación a Estados Unidos.

Además, fuentes del sector achacan el impacto a factores internos adicionales: incertidumbre jurídica, una fiscalización más férrea en comercio exterior y mayores costos laborales por reformas en la materia y alzas en las remuneraciones.

Tan solo en la franja fronteriza, el salario mínimo casi se ha cuadruplicado, al pasar de 88.36 pesos en 2018 a 440.87 pesos este año.

Eric Ramírez, director regional de Latinoamérica en Urban Science, destacó que, aun así, la industria automotriz en México mantiene una mayor competitividad de costos frente a Estados Unidos, tanto en salarios como en pago de impuestos, pero con todo y eso la realidad es que los fabricantes han tenido que ceder ante la presión comercial de Trump.

"Para considerar una inversión en México, son muchas las variables. Los aranceles vienen a ser una variable adicional, pero antes de los aranceles hay variables más importantes: el tipo de cambio, el diferencial en costo de mano de obra entre Estados Unidos y México, también el contenido local en el País, las facilidades logísticas o los incentivos de los diferentes estados donde están ubicadas las plantas, etcétera", acotó.

Comúnmente, explicó, los aranceles no determinan movimientos en las líneas de producción, ya que éstas se diseñan para operar durante al menos cinco años y las medidas comerciales suelen ser temporales; sin embargo, los gravámenes estadounidenses al sector automotor ya acumulan un año de vigencia y todo indica que permanecerán.

"El año pasado teníamos todavía la expectativa de que fuera un tema temporal el tema de los aranceles, de corto plazo; lo que estamos viendo hoy es que parece que ya va a continuar.

"Ahora lo que sabemos es que van a continuar por lo menos los siguientes dos años, es un hecho. Mientras siga esta Administración en Estados Unidos, van a continuar", subrayó.

Así, los analistas consideran que los movimientos de las automotrices responden menos a decisiones aisladas y más a la incertidumbre sobre el sector.

La decisión más reciente es la de Toyota: la automotriz japonesa invertirá 3 mil 600 millones de dólares para ampliar su complejo de manufactura en San Antonio, y allí trasladará parte de la producción de la pickup Tacoma desde Tijuana, donde se ensambla la camioneta desde 2004.

Aunque la empresa aseguró que mantendrá la fabricación de ese modelo en Guanajuato, el movimiento representa un cambio respecto a la estrategia que siguió durante la integración regional: en 2020, Toyota había trasladado la producción de la Tacoma -uno de sus modelos de mayor venta en Estados Unidos- del complejo de Texas a la planta del Bajío.

La determinación de Toyota se suma a la de General Motors (GM), que el año pasado anunció que trasladará a partir de 2027 la fabricación de la Chevrolet Blazer y la Equinox de gasolina -dos de sus SUVs más populares- a las plantas de Tennessee y Kansas.

Ernesto Stein, director del Centro de Política Comercial y Cadenas Globales de Valor de América del Norte (CepCan), explicó que incluso los autos que cumplen con las reglas de origen del T-MEC están pagando arancel por lo que es contenido no estadounidense, con lo que la tasa implícita se ubica en cerca de 15 por ciento, un efecto que pega en la rentabilidad de las operaciones en el País.

Consideró que otras automotrices podrían considerar mover sus operaciones de México a Estados Unidos, pero ello dependerá de los avances en la revisión del T-MEC.

"Es posible que Estados Unidos reduzca los aranceles automotrices. Siempre le han expresado a la Secretaría de Economía que quedarían en situación favorable frente a otros países o regiones, como Japón, Corea (del Sur) y la Unión Europea, pero eso no ha sucedido todavía", acotó el especialista del Tecnológico de Monterrey.