La Secretaría de Hacienda estableció metas que serán muy difíciles de alcanzar, como un déficit de 3.9 por ciento del PIB para 2027, lo que pone en riesgo el grado de inversión sobre un ya notable deterioro en el perfil crediticio, advirtió el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF).
De hecho, es muy probable que ni siquiera se cumpla el déficit fiscal de -4.1 por ciento del PIB planteado por Hacienda para este 2026, y que más bien se ubique en alrededor de -4.5 por ciento, anticipó Gabriela Gutiérrez, presidenta nacional del Instituto, en conferencia de prensa sobre el Paquete Económico 2027. "Los Criterios Generales de Política Económica para 2027 muestran una moderación en las expectativas de crecimiento tanto para este año como para el siguiente, pero continúan anticipando unas metas de consolidación fiscal que no se han logrado y que difícilmente se alcanzarán viendo algunas de las variables estimadas", comentó. Hacienda muestra un alza en los ingresos de ISR de 7 por ciento real, lo cual supone que la economía mexicana estaría creciendo en forma dinámica, cuando a julio de este año los ingresos por ISR reflejan una caída real de 6 por ciento, con un lento crecimiento del PIB.De igual manera, se proyecta que los ingresos por IEPS de gasolinas subirán 10 por ciento real (con la expectativa de que se resuelva el conflicto en Medio Oriente y los precios de las gasolinas bajen), pero no hay indicios claros de que eso sucedería en el corto plazo, explicó.
"Este escenario no solo dificulta el logro de la meta de un déficit amplio de 4.1 para este año, que en más de una ocasión hemos anticipado que pudiera ubicarse sobre 4.5 por ciento. También nos lleva a pensar que la meta de un déficit amplio para 2027 de 3.9 por ciento difícilmente se alcanzará", aseveró la directiva. Lo anterior cobra especial relevancia porque en los últimos días ha tomado fuerza el argumento de que México debe hacer lo posible para mantener el grado de inversión asignado a su deuda. Frente a esto, el deterioro en el perfil crediticio en el pasado reciente ha sido notable: en abril de 2018 la calificadora Moody's tenía asignada la calificación de A3 a la deuda de México; este año se encuentra en BAA3, tres niveles debajo de lo que se tenía hace ocho años, equivalente a toda una categoría de calificación, dimensionó Gutiérrez. "Si México aspirara a recuperar ese nivel de calificación, tendría que demostrar una tendencia de disciplina fiscal y crecimiento constante durante cuando menos 10 años para recuperarla", expuso. En 2018, S&P y Fitch Ratings asignaban la calificación de BBB+ a la deuda mexicana; hoy está dos niveles abajo por Fitch, en BBB-, nivel mínimo de grado de inversión, y en BBB con perspectiva negativa por Standard and Poor's. "Todas las calificadoras reflejan el deterioro de las finanzas públicas y la falta de crecimiento que exacerba el apalancamiento de la nación. La realidad es que México debe más de 9 puntos del PIB de lo que normalmente se reporta en el indicador de deuda neta. "Este tema cobra particular relevancia porque las metodologías de las calificadoras castigan el nivel de apalancamiento cuando la deuda neta supera el 60 por ciento del PIB. La tendencia de las líneas es clara: el apalancamiento está elevándose sin posibilidad de estabilización en fecha cercana, explicando la expectativa que se tiene en el paquete económico para el 2027", subrayó la especialista. Usualmente, explicó, se reporta la deuda neta de un país como un indicador importante de endeudamiento, pero debido a la falta de generación de efectivo por parte de organismos tan apalancados como Pemex y CFE, al igual que otras entidades, el total de la carga crediticia recae en el soberano, por lo que la métrica de deuda pública bruta refleja con más precisión las presiones crediticias sobre el Gobierno federal.
