Durante décadas, los residentes de esta ciudad fronteriza han aceptado el viento como una condición de vida, un recordatorio constante de que el Desierto de Chihuahua es el verdadero dueño del terreno. Pero en 2025, el viento trajo algo más que arena: trajo una crisis de salud pública que ha colocado a El Paso en una posición histórica y alarmante.
Según el 8° Informe Mundial sobre la Calidad del Aire de IQAir –publicado en marzo de 2026 y considerado el índice global de referencia en la materia–, El Paso superó a metrópolis como Los Ángeles y Chicago para convertirse en la ciudad principal más contaminada de los Estados Unidos. El salto fue vertiginoso: del noveno puesto en 2024 al primero en menos de doce meses, impulsado por un aumento del 300% en las concentraciones de partículas finas PM2.5.
El ascenso de El Paso a la cima de esta lista negra no fue causado por chimeneas industriales humeantes, sino por una convergencia de geografía, cambio climático y factores industriales históricos. En la primavera de 2025, una serie de tormentas de polvo de carácter histórico azotaron la región, elevando los niveles de partículas finas en un 46% con respecto al año anterior.
Esas partículas –tan diminutas que pueden alojarse en los pulmones y penetrar en el torrente sanguíneo– alcanzaron un promedio anual de 11.4 microgramos por metro cúbico (µg/m³), más del doble de los 5 µg/m³ que la Organización Mundial de la Salud considera el umbral seguro. En 2024, la ciudad registraba 7.8 µg/m³, lo que evidencia la brutalidad del deterioro en apenas un año.
El polvo no es el único factor. Estudios recientes indican que el 20% o más del exceso de ozono en el aire de El Paso proviene de la actividad en la Cuenca Pérmica, uno de los campos de extracción petrolera más activos del planeta, ubicado en el Oeste de Texas. A esto se suman los metales pesados provenientes de sitios industriales históricos como la exfundidora ASARCO y esporas de hongos que pueden causar enfermedades graves como la fiebre del valle.
Costo humano en la frontera
El impacto no es sólo estadístico; es clínico y cotidiano. Durante los picos de las tormentas, las salas de Urgencias de los hospitales locales reportaron un incremento de hasta el 400% en ingresos por complicaciones respiratorias. Los más vulnerables –niños con asma y adultos mayores con enfermedades cardiovasculares– son quienes pagan el precio más alto por el aire que respiran.
Las autoridades de Salud emitieron advertencias a la población recomendando el uso de purificadores de aire con filtros HEPA y mascarillas de alta eficiencia, especialmente durante la primavera y para personas en grupos de riesgo. Muchos residentes optaron por sellar sus ventanas como medida de emergencia ante la densidad del polvo.
Mientras tanto, otras ciudades de Texas, como Austin y Houston, lograron reducir sus niveles de contaminantes en casi un 9% en el último año. El Paso, en cambio, se encuentra atrapada en una “cuenca de aire” compartida con su vecina Ciudad Juárez: el tráfico incesante en los puentes internacionales y la actividad industrial en ambos lados de la frontera crean un microclima de contaminación que no respeta límites geopolíticos.
En el mapa mundial de contaminación
Para calibrar la magnitud del problema, conviene situar a El Paso en el contexto global. El informe de IQAir, que monitorea miles de ciudades en 143 países, territorios y regiones, revela un panorama sombrío para el planeta en conjunto. Sólo el 14% de las ciudades del mundo cumplió la directriz anual de la OMS –un retroceso frente al 17% del año anterior–.
Las 25 ciudades más contaminadas se concentraron en India, Pakistán y China. La más afectada fue Loni, India, con 112.5 µg/m³, más de 22 veces el límite recomendado. En el extremo opuesto, Nieuwoudtville, Sudáfrica, registró apenas 1.0 µg/m³, el aire más limpio del mundo.
Europa mostró tendencias mixtas: 23 países registraron incrementos y 18 experimentaron reducciones, afectados por la quema de madera en invierno, humo transfronterizo de incendios en Canadá y polvo del Sahara. En contraste, América Latina mostró señales positivas: 208 ciudades redujeron sus concentraciones de PM2.5 frente a sólo 95 que las incrementaron.
Dentro de Estados Unidos, el Sureste de Los Ángeles fue identificado como la región más contaminada del país en términos generales, mientras que Seattle ostenta el título de la ciudad principal más limpia.
Plan para recuperar el cielo azul
En respuesta a la crisis, el Ayuntamiento de El Paso aprobó recientemente un ambicioso Plan de Acción Climática. La estrategia apuesta por lo que sus promotores denominan “infraestructura verde”: plantar miles de árboles para filtrar el aire de manera natural y pavimentar áreas de suelo suelto para evitar que el viento levante más partículas hacia la atmósfera.
Sin embargo, para los residentes que hoy sellan sus ventanas y adquieren purificadores de aire, el cambio no llega lo suficientemente rápido. El cielo azul de El Paso –ese que ha inspirado a poetas y artistas por generaciones– se ve hoy a través de una bruma amarillenta que recuerda que el progreso y la preservación ambiental están en una carrera contra el tiempo.
Paradoja de una ciudad deseable
A pesar de estos desafíos ambientales, El Paso sigue figurando en los rankings de calidad de vida. Publicaciones como U.S. News & World Report continuaron ubicándola entre las ciudades más deseables del país en 2025-2026, lo que refleja una paradoja que la ciudad deberá resolver: seguir creciendo en bienestar económico y social sin sacrificar el aire que respiran sus habitantes.
El dato es, en sí mismo, una advertencia global. Si una ciudad que apenas duplica el umbral de la OMS genera esta preocupación, cabe preguntarse qué significa vivir en Loni o en Lahore, donde el aire puede contener más de 20 veces la concentración máxima recomendada.
El problema de El Paso no es tan distinto al del resto del mundo: el aire no tiene fronteras, y lo que ocurre en el Desierto de Chihuahua, en la Cuenca Pérmica o en los campos industriales de Asia llega, tarde o temprano, a todos.
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