Washington— Markwayne Mullin dejó claro desde el inicio de su gestión como secretario que quería que el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) se mantuviera fuera de los titulares y adoptara un enfoque más discreto tras el turbulento año de su predecesora, Kristi Noem.
Pausó los planes para convertir bodegas industriales en centros de detención de inmigrantes. Los agentes de inmigración han recibido instrucciones de dejar de entrar a domicilios sin órdenes judiciales. Su departamento ha intentado cambiar la imagen de los agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE), denominándolos agentes ‘NICE’, a instancias del presidente Donald Trump.
El cambio de tácticas surgió del temor dentro del Partido Republicano de que el operativo pudiera costarles votos en las elecciones intermedias de este año. Pero el lavado de imagen ha generado rechazo entre algunos fervientes partidarios de Trump que quieren que la administración aumente drásticamente los arrestos y amplíe su enfoque más allá de los inmigrantes con antecedentes penales. Y ha planteado interrogantes sobre el rumbo del departamento.
En tanto, Mullin y los funcionarios de la Casa Blanca envían señales contradictorias sobre qué tan agresivamente planean cumplir la promesa de campaña emblemática de Trump de las deportaciones masivas.
“No sé cómo se hace un programa de deportación masiva en silencio”, dijo Mike Howell, presidente del Oversight Project, formado como rama de la conservadora Heritage Foundation. “El presidente hizo campaña ruidosamente sobre eso. No creo que sea algo de lo que haya que huir”.
Los funcionarios de la Casa Blanca han rechazado los señalamientos de que están cediendo en materia migratoria.
“Para la gente que dice ‘el presidente Trump se está ablandando en las deportaciones masivas’, no saben de lo que están hablando”, dijo Tom Homan, el zar fronterizo de la Casa Blanca, en la Expo de Seguridad Fronteriza en Phoenix esta semana.
“Este año será un buen año”, añadió Homan. “Las deportaciones masivas vienen en camino”.
Homan también prometió desplegar decenas de agentes de inmigración a Nueva York si los legisladores aprobaban medidas que restringieran la cooperación de funcionarios estatales y locales con el ICE. Mullin respaldó después sus declaraciones y dijo que el departamento “no está desacelerando ni un poco”, incluso cuando los datos del ICE mostraban una reciente caída en los arrestos.
Pero Mullin se ha esforzado en entrevistas por dejar claro que el departamento está apuntando a lo que llama los “peores de los peores” y se está alejando de las tácticas más indiscriminadas que arrasaron con muchos no criminales en las principales ciudades.
Ha dicho que los estadounidenses no verán una repetición del operativo de Minnesota, que generó un rechazo generalizado después de que dos ciudadanos estadounidenses fueran baleados fatalmente por agentes de inmigración en medio de protestas.
“No vamos a ir a Nueva York como en otro Minneapolis”, dijo Mullin en una entrevista con Fox Business el jueves. “Vamos a ir tras los delincuentes”.
Al mismo tiempo, los funcionarios de la administración han intentado apaciguar a los conservadores diciendo repetidamente que ningún inmigrante estará fuera de la mira si se le encuentra viviendo en el país ilegalmente.
Las encuestas recientes han seguido mostrando que la mayoría de los estadounidenses dice que el Gobierno federal ha ido demasiado lejos en sus esfuerzos por deportar a millones de inmigrantes sin estatus legal permanente. Pero una proporción creciente de republicanos ahora dice que la administración está haciendo muy poco en materia de deportaciones, según una encuesta publicada por el Centro de Investigaciones Pew el lunes.
En un comunicado, la Casa Blanca negó que la administración estuviera alterando significativamente su enfoque en materia de control migratorio. “Nadie está cambiando la agenda de control migratorio de la administración”, dijo la portavoz de la Casa Blanca, Abigail Jackson. “La máxima prioridad del presidente Trump siempre ha sido la deportación de criminales extranjeros ilegales que ponen en peligro a las comunidades estadounidenses”.
El Departamento de Seguridad Nacional también enfatizó que no estaba reduciendo su ritmo. “El ICE NO está desacelerando”, dijo la portavoz del departamento, Lauren Bis, en un comunicado.
Los datos públicos más recientes del ICE hasta principios de abril muestran que el promedio diario de arrestos ha caído a aproximadamente 1,000, desde un pico de alrededor de 1,500 en enero durante el operativo en Minnesota. Esos 1,000 arrestos diarios eran aproximadamente cuatro veces más que durante el último año de la Administración Biden, cuando el ICE detenía a unas 250 personas por día.
Durante el primer año del segundo mandato de Trump, el Gobierno federal deportó a aproximadamente 230,000 personas arrestadas dentro del país y a otras 270,000 en la frontera, según un análisis del New York Times de datos federales. El número de deportaciones sólo por arrestos en el interior del país superó el total de los cuatro años completos de la Administración Biden.
“Si bien me alegra que Homan haya dicho las palabras ‘deportación masiva’, que es importante, la medida de si lo están haciendo o no no es la retórica”, dijo Howell, quien también lidera un grupo recientemente formado llamado Mass Deportation Coalition. “Son los números. Y los números de deportación no parecen estar en una trayectoria que vaya aumentando hacia la deportación masiva todavía”.
Howell y otros conservadores han instado a la administración a intensificar el control en los lugares de trabajo, que consideran una forma crucial de apuntar a más inmigrantes sin estatus legal.
Mark Krikorian, director ejecutivo del Centro de Estudios de Inmigración, un centro de análisis que favorece tasas de inmigración más bajas, dijo que la mayoría de las personas que viven ilegalmente en el país no estaban siendo arrestadas por cargos de homicidio u otros delitos graves, lo que significaba que sería más efectivo sacar a gran número de inmigrantes sin estatus legal de sus lugares de trabajo.
“Lo que busco no es sólo una mayor actividad para hacerse cargo de sospechosos arrestados por los departamentos de alguaciles locales”, dijo Krikorian. “La clave es si intensifican el control relacionado con el trabajo”.
Pero los conservadores han expresado escepticismo de que la administración cumpla eso, dado que Trump en ocasiones ha revertido políticas migratorias que han entrado en conflicto con su agenda económica.
“Creo que el obstáculo aquí es el presidente”, dijo Krikorian. “No quiere incomodar a los empresarios”.
