El Paso, Texas.- "Los no son adultos pequeños. Sus cuerpos absorben metales pesados con mayor facilidad que los nuestros. Y como sus órganos y sistemas de desintoxicación aún están en desarrollo, la misma exposición que un adulto podría tolerar puede causarles un daño mucho mayor", advirtió Jorge Gardea-Torresdey, profesor de química y bioquímica de la Universidad de Texas en El Paso (UTEP), al presentar los resultados de un nuevo estudio binacional sobre juguetes infantiles vendidos en la región El Paso-Ciudad Juárez.
La investigación, publicada en la revista Environmental Pollution, encontró que casi cuatro de cada cinco juguetes analizados contienen al menos un elemento tóxico, y que 12% del total supera los límites de metales establecidos por las normas de seguridad de Estados Unidos y México. Se trata del primer análisis de este tipo realizado a ambos lados de la frontera.
Durante 11 meses, el equipo de Gardea-Torresdey adquirió 333 juguetes en tiendas populares —109 en El Paso y 224 en Ciudad Juárez, en proporción a la población infantil menor de 14 años de cada ciudad—. Mediante espectroscopía de fluorescencia de rayos X (XRF), una técnica que revela rápidamente la composición elemental de la superficie de un material, los investigadores analizaron cada artículo en busca de plomo, cadmio, arsénico, cromo, níquel, zinc, titanio y otros elementos.
En total, 78% de los juguetes contenía al menos un elemento de riesgo, y uno de cada ocho tenía tres o más al mismo tiempo. El níquel —una de las causas más comunes de reacciones alérgicas en la piel— apareció en más de un tercio de las muestras; un artículo era 100% níquel y otros cuatro superaban el 60%. Se detectó plomo en 3% de los juguetes, sobre todo en bisutería económica, donde algunos componentes metálicos decorativos contenían hasta 67% de plomo. El arsénico y el cadmio —ambos clasificados como cancerígenos humanos por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer— aparecieron en 18 y 15 artículos respectivamente, todos comprados en Ciudad Juárez.
Los juguetes comprados en Ciudad Juárez tuvieron casi el triple de probabilidad de superar los límites de seguridad que los comprados en El Paso, incluso tomando en cuenta las diferencias por tipo de producto. La bisutería infantil, que representó cerca del 41% de la colección analizada, resultó ser la categoría de mayor riesgo.
Los autores advierten que la técnica XRF mide la cantidad total de metal presente en un juguete, mientras que las normas de seguridad se basan en cuánto metal puede migrar fuera del producto por contacto con saliva o sudor. Por ello, los resultados deben interpretarse como un indicador de riesgo potencial y no como violaciones regulatorias confirmadas, según el equipo, que planea pruebas de lixiviación que simulen el uso real y ampliar el muestreo a otras comunidades fronterizas.
"Un brazalete o un par de aretes pueden cruzar una línea internacional en una tarde. Nuestros resultados respaldan la necesidad de normas de seguridad armonizadas, mejor etiquetado y monitoreo continuo para proteger a los cerca de 565,000 niños que viven en esta comunidad binacional", agregó Gardea-Torresdey.
El proyecto fue liderado por UTEP pero binacional desde su diseño: Jesús Antonio Rodríguez-Loya, estudiante doctoral en Ciencias e Ingeniería Ambiental de UTEP, concibió el estudio junto con Gardea-Torresdey y realizó los experimentos, mientras que Juan Pedro Flores Márquez, profesor de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, realizó el análisis estadístico. El decano de la Facultad de Ciencias de UTEP, Marc Knecht, calificó el trabajo como "investigación rigurosa al servicio directo de nuestra comunidad".
La investigación fue financiada en parte por la National Science Foundation, el Departamento de Agricultura de EU, la cátedra dotada de la familia Dudley y la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación de México.
Añade a El Diario de Juárez como fuente preferida en Google
