Cd. de México.- Muchas cosas hacen a Lauren Sánchez Bezos increíblemente feliz. Helicópteros. La moda. Proteger al narval. Su hermana pequeña, Elena. Sus cinco mejores amigas. Y, por supuesto, su esposo, Jeff Bezos.

Bezos y ella lo hacen todo juntos. Un día cualquiera, los recién casados se despiertan alrededor de las seis en su nueva mansión, de aproximadamente 230 millones de dólares en Indian Creek, una exclusiva isla privada en Miami a menudo llamada el Búnker de los Multimillonarios. No tocan sus teléfonos. En cambio, comienzan cada día enumerando 10 cosas por las que están agradecidos, y no pueden repetir las que escribieron el día anterior.

Después, la pareja contempla el amanecer y toma su café matutino: ella, en una taza que dice "Desperté sexy como el infierno otra vez". Él, en una que ella le regaló y que forma la palabra HUNK (buenote) con símbolos de la tabla periódica. Juegan pickleball. Seis días a la semana, entrenan durante una hora con un entrenador personal.

"Se ve bien, ¿verdad?", dijo Sánchez Bezos de su marido en una entrevista en Miami, en enero. Asintió lentamente, repitiendo: "Se ve bien".

Hoy en día, es difícil imaginar la versión de Bezos que existía antes. Un poco torpe, algo hermético en Seattle. El genio de la logística de los envíos en dos días. Ahora está musculoso, frecuentemente sin camisa, captado riendo en fotos de paparazzi, acaramelado en su megayate, un hombre que ha descubierto la alegría, el amor y la dermatología cosmética.

Sánchez Bezos, a su vez, ha adoptado algunas costumbres de Jeff, como los rituales corporativos de Amazon, por ejemplo, solicitar memorandos de no más de seis páginas antes de las reuniones en el Bezos Earth Fund, donde es vicepresidenta.

Ahora se les considera una sola unidad.

"Hablo de todo con él", dijo Sánchez Bezos. "¡De todo! Jeff es mi mejor amigo, y no lo digo a la ligera".

Bezos, el tercer hombre más rico del mundo, recurre a sus consejos para casi todo, y viceversa. Por ejemplo, a principios de marzo, Sánchez Bezos publicó su segundo libro infantil, "La Mosca que Voló Bajo el Mar", sobre Flynn, una mosca disléxica cuyo desvío la lleva a una aventura submarina. Bezos editó el libro y sugirió un cambio en la ilustración del submarino de la portada. "Dijo que debía ser fantástica, no realista", comentó Sánchez Bezos. "A veces le hago caso, a veces no". Y lo cambió.

La pareja acababa de volver de Seattle, donde Bezos celebró su cumpleaños 62 preparando panqués para los siete hijos que han tenido en sus matrimonios previos. Sánchez Bezos, de 56, adora a los niños, tenerlos, criarlos, animar a otros a tenerlos.

"Tendría otro (bebé) mañana mismo. Mañana mismo", repitió, con una sonrisa pícara (un portavoz llamó más tarde para decir que Sánchez Bezos no iba a tener ningún bebé).