Mientras los fans disfrutan los conciertos en el Estadio GNP Seguros, un ejército invisible vigila cada acceso, grada y vialidad desde un centro de mando conectado con autoridades, que activa protocolos médicos, antisismos, antirobos y contra la reventa para contener riesgos antes, durante y después de cada espectáculo.

Con muros de pantallas encendidas, radios en operación constante y un vitral desde el que puede observarse al público, el centro de mando del recinto funciona como el cerebro silencioso de cada concierto o festival.

Desde ahí, un equipo de seguridad con más de mil 300 cámaras de última generación -fijas, temporales, PTZ y corporales- sigue en tiempo real lo que ocurre en accesos, gradas y vialidades, mientras coordina a miles de elementos desplegados dentro y fuera del inmueble.

"Este es el punto medular en cuanto al tema de seguridad en un evento masivo. Sirve para monitorear todos los riesgos que se puedan generar derivados de un evento tanto en la parte interior del estadio como alrededor de él", explicó Adampol Valdespino, gerente de Seguridad en Inmuebles de OCESA.

La infraestructura, que implicó una inversión cercana a los 10 millones de pesos, concentra nueve estaciones de trabajo con cámaras fijas, temporales y body cams colocadas en el personal.

"Nos ayudan a monitorear todos esos puntos críticos que pudieran traer un impacto hacia el público y el evento. Adicional, en algunos puntos de monitoreo estamos viendo condiciones climáticas, como lluvias, tormenta eléctrica y temperatura", detalló.

El centro enlaza con un puesto de mando de autoridades y con la Policía Bancaria e Industrial, que mantiene comunicación directa para atender emergencias médicas, incidentes o delitos.

Los protocolos se dividen en tres momentos: antes, durante y después de los eventos, aunque -según Valdespino- la etapa más importante es la previa.

Ello implica revisar estructuras con especialistas, validar escenarios y realizar simulacros constantes, además de activar códigos específicos ante sismos, incendios o amenazas, en coordinación con la Cruz Roja Mexicana y el Heroico Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de México.

En materia de robos, el efecto disuasivo ha sido clave gracias a una estrategia que combina filtros de acceso, policías encubiertos y monitoreo permanente.

"Las células delincuenciales ya no ingresan, no entran a los espectáculos", afirmó, aunque reconoció que algunos casos se desplazan a la vía pública.

La reventa es otro frente. En la puerta seis del estadio se instala un Juzgado Cívico Móvil para sancionar a quienes lucran con boletos.

"Si hoy la reventa existe en México y si hoy la reventa tiene tanta fuerza es porque yo como público busco un boleto en la reventa. La primera acción que tendríamos que hacer es dejar de fomentarla", sentenció.

Para un evento promedio se despliegan mil 500 elementos dentro del inmueble y mil 200 en la periferia; en festivales la cifra puede superar los 4 mil. También operan células caninas para detección de drogas entre asistentes y un Código Ámbar para menores extraviados.

En el último año, estimó el responsable, el centro ha intervenido en alrededor de 50 o 60 incidentes relevantes.