Cd. de México.- Mientras filmaba la segunda temporada de la serie Como Agua Para Chocolate, donde da vida a Tita de la Garza, a Azul Guaita le costaba entender a su personaje, y algunas de sus preguntas eran: ¿Por qué no se va? ¿Por qué no odia a su mamá?
En la primera parte del programa, la joven estuvo llena de penurias originadas por su madre, Mamá Elena (Irene Azuela), quien la trata con frialdad y no le permite casarse.
Incluso cuando Pedro Múzquiz (Andrés Baida) pide su mano, ofrece en su lugar la de su hija mayor, Rosaura (Ana Valeria Becerril). Si bien en el episodio que se estrena hoy en HBO Max comienzan a abrirse otros caminos para Tita, Guaita previene que nadie puede salvar a la chica más que ella misma.
"Tita sigue sufriendo, pero ya es más una elección. Ya no es tanto por las demás personas, sino ahora es una elección de ella", reflexionó la protagonista, en entrevista.
"Claro, no tiene las herramientas y cuando las tiene, simplemente decide quedarse por cosas que van más allá de ella. Tita tiene tanto amor, no le tiene ningún tipo de rencor ni odio hacia su madre, sino un amor muy inocente, uno muy verdadero", añadió. Al inicio de la temporada, todo es distinto para Tita, quien ya no vive en la hacienda de su madre, sino en un manicomio, donde deja de hablar y de comer por el dolor de la muerte de Pedro Múzquiz y del hijo que su enamorado tuvo con su hermana. Por suerte, el Doctor Brown (Francisco Angelini) se entera y decide llevarla a vivir con él a un espacio donde la joven siente tal paz que hasta logra preparar alegrías, ajena al caos revolucionario en el que sí está involucrada su hermana Gertrudis (Andrea Chaparro). Pero la paz es temporal, ya que Pedro en realidad está vivo y Mamá Elena, tras quedarse casi sola, queda tan vulnerable que se volverá a tensar el hilo que la une a sus tres hijas. "Mamá Elena logra ejercer su poder porque hay alguien que también está dispuesto a ceder ante él. Son tantos años de llevar a cabo sus reglas y establecer su 'modus vivendi', que sigue manifestándose de alguna u otra manera", compartió Guaita. Aquello se refleja incluso en todas sus hijas, hasta en la más libre, Gertrudis, quien además de cuestionar la lucha política y la organización se planteará preguntas personales como si quisiera ser madre. Esos detalles, cree Chaparro, conectan con el público actualmente, más ajeno a la sumisión. "Vemos una Gertrudis donde constantemente está redefiniendo la estructura de poder por entender que ese sentimiento que tiene de niña, de no sentirse tan reflejada en sus hermanas o su madre, y le da mucha fuerza", señaló Chaparro.Agradecen recibimiento
La primera temporada de la adaptación de la novela de Laura Esquivel fue lo más visto en habla hispana en la plataforma y este año, con los lanzamientos semanales de los seis episodios de la segunda entrega, Baida se siente afortunado por la respuesta en contra de su versión de Pedro Múzquiz, lejana a la del filme de 1992. "Si la gente lo está hablando es porque les está provocando algo este conflicto. Que se abra este cuestionamiento es lindo porque se refleja un cambio justamente de 30 años para acá, que estas generaciones lo reten y digan: 'No está bien'. "En esta segunda temporada vamos a ver crecimiento en Pedro, asume sus responsabilidades, acepta las culpas que tiene y ve cómo eso va a evolucionar en su amor", adelantó Baida.
