La música puede ser espectáculo, pero también puede ser puente. Este sábado 28 de febrero, el Auditorio del Colegio Elizabeth Seton abrirá sus puertas a un concierto que tiene como centro no solo el talento, sino la solidaridad. “Natemáliwame”, palabra rarámuri que significa precisamente eso, será el recital que ofrecerá el pianista Romeyno Gutiérrez, con el objetivo de apoyar a la Orquesta Sinfónica Infantil Rarámuri.

La propuesta es sencilla, pero profunda: reunir a la comunidad a través del arte y convertir cada boleto en una oportunidad real para que más niños continúen su formación musical.

“Es un símbolo de ayudar a estos niños que tienen el deseo de seguir experimentando en el mundo del arte, en la música. Y por supuesto, asistiendo a este gran concierto de piano, con su cooperación será súper importante para ellos”, compartió Romeyno en entrevista para El Diario.

UNA CAUSA QUE CRECE

La invitación para sumarse al proyecto surgió directamente de María Guadalupe Rico Galindo, directora de la orquesta, y la respuesta fue inmediata. Romeyno no dudó en participar, consciente de que el crecimiento del grupo implica también nuevos retos.

“La maestra Guadalupe Rico, quien está al frente de esta orquesta, me hizo una invitación para poder recaudar fondos y acepté de inmediato. Ellos podrán seguir avanzando en sus estudios, quizá comprar instrumentos, porque este año habrá más integrantes nuevos y se van a requerir más”.

No se trata únicamente de sostener lo que ya existe, sino de permitir que más niños se integren sin que la falta de recursos se convierta en un obstáculo.

LO QUE EL PÚBLICO VIVIRÁ

Para quienes asistan, el concierto promete ser una experiencia distinta. Más allá del repertorio, Romeyno busca que el público conecte con el sentido del proyecto.

“La satisfacción, la alegría de que cada uno hizo lo que se pide, una cooperación. Algunos que no me han escuchado se darán cuenta de que con apoyo todo se puede, porque así fue mi destino”.

Desde su propia historia, comparte una convicción que atraviesa todo el evento: “Ahora, al escucharme, podrán experimentar y ver que el arte puede cambiar a un ser humano. Un mundo con más alegría, eso solo el arte lo puede”, aseveró.

TALENTO HAY, FALTAN ESPACIOS

Hablar de formación musical en comunidades rarámuri es hablar de potencial desaprovechado. Para Romeyno, el diagnóstico es claro y directo.

“Oportunidad, más espacios y apoyos. Porque talento lo hay en toda la Sierra”, dijo.

El concierto se vuelve entonces un gesto simbólico, pero también práctico, una forma de recordarle a la ciudad que ese talento existe y que necesita visibilidad, acompañamiento y escenarios donde desarrollarse.

UNA RESPONSABILIDAD QUE SE ASUME

Como el único pianista rarámuri reconocido a nivel internacional, Romeyno entiende que su carrera también implica una responsabilidad social.

“Seguir difundiendo, seguir pidiendo espacios para dar a conocer más lugares. Afortunadamente los he tenido y deseo que poco a poco sean más y más dentro de lo que me queda de trayectoria”, refirió.

Entre sus sueños más grandes está la creación de una escuela de música, un proyecto que ve posible solo desde lo colectivo.

“Hay esperanza de que un día no muy lejano pueda formar una escuela de música, y solo con ayuda de ustedes se podrá hacer realidad”.

Romeyno recuerda que fue padrino del inicio de la orquesta y que desde entonces ha sido testigo del entusiasmo de los niños.

“Tuve la oportunidad de ser padrino cuando se formó la orquesta, vi a estos jóvenes con mucho entusiasmo, con deseo de seguir mis pasos”, expresó.

Incluso participó directamente como formador durante algunos meses. “Pude estar al frente enseñando dentro de lo que sé, gracias a la invitación de su directora”.

SU MENSAJE

“Vayan, apoyen y disfruten de este concierto, donde les podré platicar cómo es iniciar en el mundo del arte. Creo que para un joven rarámuri es aún más interesante, porque es difícil tener esta oportunidad”, concluyó.