Cd. de México.- En un mundo fracturado por la inmediatez de las pantallas, en el que los vínculos humanos se han vuelto digitales y la empatía se ve reducida a un like, el Teatro se vuelve un salvavidas, eso me gusta creer. Así que compartir algo de este mundo que es el Teatro y de todo lo que se requiere para dar vida a una producción como la de Amigos Intocables, me emociona mucho.
En el Teatro no hay filtros, hay vida. Y no me refiero solo a lo que ocurre en el escenario, me refiero a todo lo que sucede a su alrededor: desde quien concibió la obra y la volvió letra en un papel, hasta quien se sienta en una butaca a ver el resultado final. Un resultado que no está tallado en piedra, un resultado que se despliega de manera viva función tras función.
Todo esto resulta tan único como detenerse a leer sobre el hecho escénico, sobre un ritual colectivo esperando en las butacas para compartir y recordarnos que no estamos solos.
Para llegar a la fecha de estreno de la obra Amigos Intocables en el Teatro Centenario Coyoacán de la CDMX, bajo la producción de Mejor Teatro, fue necesario empezar desde la adaptación de la entrañable comedia dramática, basada en la historia real del conde Philippe Pozzo di Borgo y su cuidador Abdel Sellou; cuando vengan al teatro verán una obra adaptada al contexto mexicano, así como se ha hecho con las versiones cinematográficas y escénicas en otros países. Esta obra liderada por el emblemático productor Morris Gilbert suma a un personaje que nos ha cautivado, y ese personaje es la escenografía diseñada por Aurelio Palomino, la cual requiere de una precisión de movimiento casi dancístico, lo que contrarresta con la inmovilidad de nuestro entrañable protagonista: Felipe, interpretado por el reconocido actor Tony Dalton. Para que una obra de este calibre suceda, se ha requerido de un engranaje humano colosal e invisible para el espectador y es que detrás de lo que verán, hay todo un equipo de técnicos, asistentes, creativos que han sumado fuerzas para lograr que cinco intérpretes nos lleven de viaje por la historia de estos dos amigos. En el escenario veremos a Tony Dalton, Manuel Cruz Vivas y Sebastián Dante alternando, Daniela Luján, Mónica Dionne, María Thiesle y Daniel Bretón haciendo un trabajo que atrapa, enternece y divierte, sin embargo, los actores son solo la punta del iceberg, sostener la ilusión de seis meses de trama requiere de un ejército creativo y técnico que ha sido comandado por Cesar Riveros desde la producción, un productor que ha creado y ha empujado este mundo sin dudarlo. Así, al abrir el "telón" verán una escenografía que transforma espacios en segundos, hermosamente iluminada; con un diseño de utilería y mobiliario que acompaña cada escena; más el diseño sonoro y de audio, el vestuario que abraza a los personajes. Y sumado a lo anterior: los técnicos, ingenieros, traspuntes, utileros, asistentes de cada departamento y un incansable equipo de producción ejecutiva y logística; todos ellos coordinados al milímetro para que el mecanismo teatral funcione sin fisuras. Sí, cuando llegas al teatro, detrás de los que ves hay literalmente cientos de personas. Es un logro maravilloso este que está pasando. El Teatro, así como el futbol que ahora nos trae patas arriba, es un trabajo en equipo, y este equipo también nos representa como país. Leer sobre Teatro y asistir a sus salas es, a fin de cuentas, celebrar ese milagro colectivo: el arte vivo que desafía al presente y nos devuelve la capacidad de conmovernos frente a frente. *Creadora escénica. Adaptadora y directora del montaje
