Cd. de México.- Pilar fundamental de la comedia moderna en teatro y televisión, el irreverente Mel Brooks llega hoy a los 100 años como una leyenda viviente.
Nacido como Melvin James Kaminsky, el escritor, actor, director, comediante y dramaturgo demostró que cualquier tema, por sensible que sea, puede ser objeto de parodia y risas. Brooks, quien fue esposo de Florence Baum y Anne Bancroft, y es padre de cuatro hijos, es uno de los 22 EGOT (ganador del Emmy, del Grammy, del Óscar y del Tony). El autor de ¡Qué Perra Vida!, El Joven Frankenstein y Los Productores es admirado por productores teatrales mexicanos, como Alejandro Gou y Guillermo Wiechers, quienes valoran su legado. "Hablar de Mel Brooks abre la puerta a hablar sobre un genio de la industria del entretenimiento del siglo 20. Es hablar de un gigante de la estatura de Charlie Chaplin. Mel Brooks es un hombre a la altura de sus creaciones. "Hace reír y saber hacer reír. Para reírse de los demás sabe reírse de sí mismo y siempre lo ha procurado rompiendo el molde de lo que parece estar impuesto. Desafía las reglas de la que creemos que se ha dicho en el renglón de la comedia", opina Gou. En "¡Todo sobre mí!: Mi Extraordinaria Vida en el Mundo del Espectáculo", libro publicado en 2021, Brooks se definió como introvertido y analítico, reacio a una vida inundada de personas, pero muy atraído por los pequeños círculos de personas con plática amena y sin egos. Veterano de la Segunda Guerra Mundial, comenzó en el medio escribiendo comedia televisiva en los años 50, tiempo en el que creó una de sus principales rutinas, The 2000 Year Old Man. Entre sus creaciones para la pantalla chica más importantes destaca la emblemática serie Superagente 86, parodia de las películas de espías, que se emitió entre 1965 y 1969. En el cine, dirigió 11 largometrajes (desde Los Productores, de 1967, hasta Drácula, Muerto pero Feliz, de 1995), dejando su huella en la pantalla grande. "Mel tiene un sello propio, así como Woody Allen tiene el suyo, el de Mel existe, es un tono. Es creador de un estilo irreverente, con un humor ácido, con tono fársico y es muy particular que no copia y no se parece al de nadie más. "Toma elementos históricos e historias clásicas, que pueden ser historias reales, pero que incitan a la reflexión. Incluso no falta al respeto a nadie tal como sucede en Los Productores", destaca Wiechers. ¿Su obra maestra?Los Productores, considerada por el American Film Institute una de las mejores comedias de todos los tiempos, expone la inteligencia de Brooks y su forma de armar situaciones de comedia sin caer en clichés.
Sigue a Max Bialystock, un productor de Broadway en bancarrota, y Leo Bloom, su tímido contador, quienes planean montar un muy incorrecto políticamente musical sobre Adolf Hitler. Lo harán de la peor manera posible, con el mensaje más ofensivo, para que éste fracase de inmediato y ellos puedan quedarse con dinero de los inversionistas... algo que no ocurre. Wiechers recuerda que, cuando la versión teatral se presentó en Alemania, en 2009, una voz de Brooks advertía que el musical se burlaba de los nazis, aunque sin intención de faltar al respeto a las víctimas del Holocausto. Para Brooks, la parodia es una herramienta que invita a la reflexión de cualquier tipo de tema, principalmente los más complicados. "Es un humor que pretende, a través de la reflexión, dejarnos saber qué ha hecho la humanidad para que la risa sea un resorte que catapulte hacia otras acciones que permitan el progreso y la evolución", destaca Wiechers."Sus 100 años de vida son un testimonio de que el buen humor es la mejor medicina para alcanzar la plenitud en todo su esplendor".
Alejandro Gou, productor
