Elton John refrendó su grandeza artística en el foro mexicano más importante.

En el primero de dos recitales en el Estadio Banorte, con su Farewell to Mexico, el ídolo del pop rock explotó ayer su repertorio a costa de la añoranza por aquellas glorias de los 70 y 80 que hoy son clásicos.

Tras "Funeral for a Friend/Love Lies Bleeding", y para repasar su repertorio de 60 años de carrera activa, llegó a "The One" y "Tiny Dancer", las primeras que arrancaron coros.

"Buenas noches, México. Me da mucho gusto estar entre ustedes.

Lamentablemente, hace unos años tuve que cancelar unos shows aquí, por el Covid, y por problemas de salud, pero es un honor estar aquí y vamos a divertirnos. Gracias por estar aquí", expresó al inicio, ante un estadio que no se llenó.

De traje blanco con franjas rojas en los costados del pantalón, el británico se levantó a saludar y agradecer después de cada canción y se mantuvo pegado a su piano, incluso de pie. Elton, quien celebrará 80 primaveras en marzo próximo, se mostró ecuánime y sereno ante la audiencia, aunque era ayudado por dos personas a la hora de caminar.

Del programa, que tenía fijo en el piso y que repartió a su equipo de músicos e ingenieros, se saltó "Sacrifice", ya que justo cuando tocaba turno a esta pieza, le hizo las señas a su director musical, el guitarrista escocés Davey Johnstone, para omitirla.

Éste se acercó a corroborarlo y le susurró al oído. Lo mismo hizo en el encore, ya que eliminó de último minuto "Skyline Pigeon".

Minutos después, el ganador del Óscar y el Grammy, una estrella que ha vendido más de 300 millones de discos, presentó a su amigo y director, de larga cabellera cana, al presumir que haría un gran solo de guitarra en "Have Mercy on the Criminal". Johnstone se lució.

"Rocket Man" fue la versión extendida para show, con una salida de piano de casi cuatro minutos y que le dio a sus fans un buen rato de felicidad auditiva y melancolía.

Legendario músico e incansable activista, Elton, de las figuras más representativas de la comunidad LGBT+, llegó al escenario del coloso de Santa Úrsula para cantar y tocar el piano, más allá de conversar, bromear y abrir algún anecdotario. Tocó exactamente de las 20:15 a las 22:15 horas.

Las butacas, sillas, palcos y zonas especiales del recinto mundialista se llenaron de adultos de varias generaciones, pero no faltaron jóvenes contagiados por el vigor y la nostalgia de sus padres o abuelos.

Estolas, boas y chaquetas de lentejuelas, así como lentes brillosos y camisas y playeras con la bandera arcoíris destacaron entre el público.

Avanzado el espectáculo, y antes de "Someone Saved My Life Tonight", paró por un par de minutos.

"No es justo para la gente que pagó mucho dinero para estar al frente. Lo siento, pero les pediría que regresaran a sus lugares", expresó el músico, quien interpretó la versión más corta de "Sad Songs (Say So Much)".

Cuando llegó a "Don't Let the Sun Go Down on Me" cayó una lluvia tolerable y la gente le hizo segunda, y al tocar "Crocodile Rock" la euforia se disparó, porque en las pantallas aparecieron bailarines y bailarinas con trajes regionales mexicanos, con la playera del Tricolor, y las luces fueron sólo verdes, blancas y rojas.

En "Cold Heart" salió Dua Lipa en pantalla; fue la única bailada por todos. Durante "Your Song", el coro fue multitudinario y el público se resistió a aceptarlo como despedida: se quedó unos cinco minutos más y se resignó.".