Ciudad de México.- Hubo un tiempo en que cumplir 30 parecía ser la fecha de caducidad para una modelo. La moda, caprichosa y obsesionada con la juventud, quería rostros nuevos cada temporada, pero hoy algo ha cambiado. Las canas, las arrugas y los años de experiencia también caminan por las pasarelas y protagonizan campañas.
Ahí están Christy Turlington, Naomi Campbell, Cindy Crawford, Maye Musk, Linda Evangelista, Iman, Kristen McMenamy, Stephanie Seymour y Kate Moss, demostrando que la belleza no tiene por qué jubilarse.
Christy Turlington, a sus 57 años, sigue siendo una presencia habitual de las grandes firmas. Este año protagonizó la campaña otoño-invierno de Giorgio Armani y volvió a desfilar para Michael Kors, firma cuya primera campaña protagonizó hace décadas.
Cindy Crawford, convertida en leyenda de aquella generación de supermodelos que cambió la industria, acaba de regresar a la pasarela a los 60 años para Gucci.
El episodio tuvo incluso un pequeño accidente con uno de sus zapatos, pero Crawford terminó el desfile con la naturalidad de quien conoce perfectamente el oficio.
Y si de longevidad se trata, Naomi Campbell continúa siendo una figura central de la moda internacional. Lo mismo puede decirse de Linda Evangelista, Iman y Stephanie Seymour, nombres que pertenecen a distintas épocas de la moda, pero que siguen apareciendo en editoriales, campañas y grandes acontecimientos.
También está Maye Musk, quien convirtió sus canas y su personalidad en parte de su sello. Su carrera demuestra que una modelo no tiene que desaparecer cuando deja de representar el ideal adolescente: puede reinventarse y encontrar precisamente en la edad una nueva identidad.
La tendencia incluso ha llegado a las pasarelas de manera contundente. En las colecciones otoño-invierno 2026, Chanel, Miu Miu, Tom Ford y otras casas recurrieron a modelos de 40, 50 y 60 años. Kristen McMenamy, de 61, desfiló para Tom Ford y Miu Miu; Kate Moss, de 52, apareció en Gucci, y Stephanie Cavalli, de 50, abrió el desfile de Chanel.
No se trata solamente de una cuestión de edad, estas mujeres llevan consigo algo que ninguna agencia puede proporcionar de la noche a la mañana: historia. Han visto cambiar las siluetas, los fotógrafos, los diseñadores, las revistas y hasta la manera de entender la belleza.
Quizá por eso resultan tan interesantes hoy, porque ya no desfilan para demostrar que parecen jóvenes, sino para demostrar que la moda también tiene memoria.
Y esa puede ser la verdadera revolución, que después de décadas de perseguir la juventud, la moda finalmente haya descubierto el valor de una mujer que tiene algo mucho más difícil de conseguir: una historia que contar.


