Cd. de México.- Una sonrisa se dibuja en el rostro de un turista que habla por teléfono en la Costa Azul francesa, motivada por un pequeño niño parado a su lado, el cual imita a un mono en una de las primeras escenas de la película Red Rocks, de Bruno Dumont.

Imágenes de un tono similar, donde los infantes viven de la manera más libre, abundan en el nuevo filme del cineasta, multipremiado en Cannes por cintas como La Vida de Jesús y La Humanidad.

Pero aunque sean en apariencia sencillas, el director francés de 68 años cree que tienen una profundidad mayúscula.

"Filmar la infancia es filmar el comienzo de todo, el comienzo del mundo. ¡Es una mirada extraordinaria al origen de lo que somos! ¡Es como filmar el Big Bang!", contestó en una entrevista por escrito.

El realizador, que ha contado de forma libre y experimental historias tan grandes como la de Juana de Arco, tuvo que ir un paso más allá esta vez y dejarse guiar no sólo por sus ideas, sino por la naturalidad que veía en sus protagonistas.

Presentada en el Festival Internacional de Cine de Morelia, la cinta no es un documental, pero al tener un elenco sin edad de leer un guion, el director optó por trabajar de otra forma sin idealizar la infancia.

"¡Fui yo quien se adaptó a ellos, para captar de la manera más auténtica posible lo que son! ¡Lo contrario no tenía ningún sentido! Ellos son la infancia y, desde luego, no me corresponde a mí inventarla. Los filmé, en la medida de lo posible, tal como son, en su manera de ser, de sentir.

"La ficción era simplemente un juego que favorecía esa expresión de sí mismos: ¡Era su escenario! Kaylon es un niño particularmente locuaz y expresivo, con todas las cualidades necesarias para ser un héroe. Al filmarlo tal como es y dentro de la ficción en la que actúa, tenía a la vez la verdad y su representación".

La cinta retrata a tres niños, liderados por Géo (Kaylon Lancel), quienes saltan al mar desde las rocas y recorren el pueblo en sus mini cuatrimotos.

Su dinámica cambia cuando se encuentran con otros tres pequeños que también gustan de los clavados y Géo comienza a desarrollar sentimientos por una de ellas, Ève (Kelsie Verdeilles).

A partir de ahí el director muestra cómo se relacionan entre sí, entre abrazos para mostrar su afecto y agresiones por celos.

"(Los niños) son naturales y sin artificios... Se dejan llevar por las inclinaciones naturales de su humanidad, no como una página en blanco, sino desde sus primeros impulsos: La alegría, el miedo, el deseo y la rivalidad", indicó.

Su idea se complementa con la luminosidad del paisaje, capturada por el director de fotografía mexicano Carlos Alfonso Corral, quien aportó el formato de encuadre y filmó con cámara en mano.

Dumont afirmó que no se imagina colaboración mejor, ya que logró retratar tanto a los niños como al paisaje justo como son, pero no es su única adición mexicana, pues la cinta fue producida por Alejandro Sugich, de Sula Films.

"He tenido suficientes contratiempos con la producción francesa como para apreciar la aportación de los coproductores internacionales. Alejandro desempeñó un papel fundamental al incorporarse muy pronto al proyecto y aportar un aliento y un impulso decisivos a la producción de la película.

"Estoy muy feliz con esta colaboración; abre un futuro prometedor para estas producciones internacionales que, para el verdadero cine, son una forma y una vía de realización. ¡Red Rocks es una película mexicana!", concluyó.