Chihuahua, Chih.- “Cada personaje involucrado toma ciertas decisiones que lo llevan a un desenlace; le podemos llamar karma, consecuencia, responsabilidad, humanidad per se”. Así interpreta Georgina Montoya a Giselle, el clásico del ballet que se presenta hoy, a las 6:00 pm, en el Teatro de la Ciudad, bajo la presentación de la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Chihuahua; así lo compartió en entrevista para El Diario.
Más allá de la historia de amor y traición, la obra expone las contradicciones de la existencia humana. “Este ballet está lleno de polaridades: amor/traición, alegría/tristeza, obediencia/ desobediencia, vida/muerte, día/ noche, luz/oscuridad”, explicó Montoya, quien considera que su vigencia radica precisamente en esos contrastes que atraviesan distintas generaciones.
Con más de tres décadas dedicadas a la danza, Georgina Montoya combina su experiencia artística con la formación de nuevas generaciones. Su trabajo como docente en la Facultad de Artes y su participación en competencias internacionales forman parte de una trayectoria que mantiene su atención en el desarrollo de los bailarines y en las oportunidades para el talento local.
Llevar Giselle al escenario exige mucho más que aprender coreografías. “¡Exige todo!”, dice entre risas. La preparación incluye fisioterapia, acondicionamiento físico, meditación antes de salir a escena y un trabajo técnico intenso para ejecutar los movimientos característicos del segundo acto.
Pero la técnica no basta para transmitir la historia. Montoya explicó que los bailarines deben explorar sus propias emociones y construir a sus personajes mediante la investigación de sus vidas, gustos, aficiones, edades y contexto histórico. “Hay mucho trabajo detrás que el público desconoce”, señaló.
A esa preparación se suman los desafíos de producir una obra de esta dimensión. El financiamiento y la coordinación de los horarios de alumnos de distintas academias y bailarines profesionales invitados representan parte de la labor que ocurre lejos de los reflectores.
Incluso hubo un momento en que Montoya se preguntó si tanto tiempo, energía, dinero y esfuerzo valdrían la pena. La respuesta llegó al observar a sus artistas durante los ensayos. “Luego vi las caritas de mis artistas y dije: ‘ahí está la respuesta, vale 100% la pena’”.
Su motivación también está en el talento que existe en Chihuahua y en las oportunidades que merece. “Hay tanto talento en Chihuahua que necesitamos apoyarlo y nos merecemos una Compañía que nos represente a nivel nacional”, afirmó.
Para Montoya, presentar Giselle es una oportunidad para demostrar lo que pueden lograr los artistas chihuahuenses y contribuir al crecimiento de la danza en el estado. Su deseo es que el público reconozca esa capacidad y respalde los proyectos que permiten a los bailarines desarrollarse y proyectarse más allá del ámbito local.
La vigencia de la obra, concluye, está en que sus conflictos siguen presentes en la vida cotidiana. “Definitivamente porque para bien o mal, las polaridades existenciales siguen y seguirán vigentes a lo largo del tiempo, amor/desamor, obediencia/ desobediencia, luz/oscuridad, vida/muerte. ¡Todo esto nos muestra Giselle en su máxima expresión!”, concluyó.



