Cd. de México.- Morro, el segundo largometraje del director mexicano Rodrigo García Saiz, tuvo en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián su estreno mundial dentro de la sección Nuevos Directores.

Después de su ópera prima, Lluvia, el realizador se sintió listo para abordar los estragos de la violencia del crimen organizado desde una mirada diferente.

La historia sigue a Mateo (Gustavo Sánchez Parra), un veterinario que intenta sobrevivir al dolor y la culpa después de la muerte de su hijo.

Su rutina cambia cuando debe atender a Morro, el perro herido de un capo local, quien es responsable del entorno de violencia que ha marcado su vida.

"Vivimos en un país con una diferencia social muy grande y yo siempre he sido una persona que lucha desde su trinchera para acortar distancias sociales. Quería hacer una película que no hablara de la violencia como tal; me interesaba hacer una historia sobre la gente que sobrevive a ella después de la violencia.

"Retratar a esta gente que tiene dignidad, ternura, vínculos, tiene la posibilidad de seguir adelante y cómo van encontrando la luz dentro de ese dolor", dijo García Saiz en entrevista.

A pesar de conocer el origen del animal, Mateo decide salvarlo y, durante su recuperación, ambos desarrollan un vínculo inesperado que lleva al veterinario a encontrar un sentido para vivir.

Para Sánchez Parra, quien ha protagonizado películas como Amores Perros, resulta interesante la figura de los animales dentro del universo de ambas obras.

"A mí lo que me pareció interesante del personaje era la relación con los animales. A través de ellos vamos viendo esta conexión que tiene con la vida todavía, después de estar quebrado por la violencia social.

"Siento que había una especie de conversación con aquel personaje, de conexión y de esta necesidad de sentir ese cariño de alguien que no tiene la capacidad de juzgar", señaló.

Filmada en Singuilucan, Hidalgo, la cinta apuesta por los espacios rurales y una violencia latente, aunque no explícita.

"Es una película un poco más personal, tiene mucho de mí. La encaré completamente desde otro punto de vista. Lo que quería, de cierta manera, era transmitir la idea de sobrevivir dentro de estos lugares hostiles.

"Todo a través del punto de vista de una persona que viene muy dolida, muy frágil, y un perro que no juzga, que lo único que busca es amor, y esto misterioso que se genera entre ellos dos", explicó el director.

El protagonista de filmes como Año Bisiesto y La Delgada Línea Amarilla espera que la historia haga reflexionar al espectador sobre su condición humana.

"Siento que los seres humanos hemos perdido humanidad. Tenemos más cariño por los perros que por los humanos muchísimas veces. Pero los perros no juzgan, los perros están, se entregan, son amorosos porque los tratas bien.

"Eso es algo que tenemos que aprender a hacer con la gente, con nuestros semejantes, tratar de encontrar ese vínculo que hemos perdido para poder contactar con nuestra propia humanidad", concluyó.