Ciudad de México.- El norte de México resguarda mucho más que paisajes monumentales. Entre antiguas ciudades de adobe, museos arqueológicos y talleres artesanales, el estado ofrece un viaje que permite descubrir algunas de sus raíces más profundas.
PAQUIMÉ
La ciudad que desafió al desiertoEn medio de las llanuras del noroeste de Chihuahua se encuentran los vestigios de Paquimé, una antigua ciudad que continúa sorprendiendo por su sofisticación. Declarada Patrimonio Mundial por la Unesco, fue un importante centro comercial y ceremonial donde se desarrollaron sistemas hidráulicos, viviendas de varios niveles e incluso espacios destinados a la crianza de guacamayas.
Caminar entre sus construcciones de adobe permite imaginar una sociedad que prosperó en condiciones aparentemente adversas y que mantuvo vínculos con regiones lejanas del actual México y el suroeste de Estados Unidos.
Toma nota: la llamada Casa de las Guacamayas conserva evidencias de los espacios donde estas aves eran criadas hace siglos.
MUSEO DE LAS CULTURAS DEL NORTE
Una ventana al pasado chihuahuenseA pocos pasos de la zona arqueológica de Paquimé, este recinto complementa la visita con una inmersión en la historia de la región. Su colección supera las dos mil piezas y permite conocer desde los primeros pobladores del norte de México hasta el auge y caída de Paquimé e incluso la arqueología de la misión de San Antonio de Padua (en el Pueblo Mágico de Casas Grandes).
La museografía y la arquitectura convierten el recorrido en una experiencia accesible incluso para quienes no son especialistas en arqueología. Entre cerámicas, herramientas y objetos ceremoniales, el visitante descubre la complejidad cultural que floreció en estas tierras mucho antes de la llegada de los europeos.
Toma nota: el museo cuenta con exposiciones permanentes y temporales, además de espacios para actividades culturales.
JUAN MATA ORTIZ
Donde la cerámica se convirtió en arteA unos kilómetros de Casas Grandes, este pequeño poblado ha alcanzado reconocimiento internacional gracias a una tradición artesanal inspirada en las antiguas piezas de Paquimé. Aquí, la cerámica forma parte de la vida cotidiana y prácticamente cada familia participa en alguna etapa del proceso creativo.
Los talleres abren sus puertas para observar cómo nacen piezas decoradas a mano con patrones geométricos y acabados minuciosos que hoy forman parte de colecciones alrededor del mundo. Visitar Mata Ortiz es acercarse a una comunidad que encontró en el arte una forma de preservar y compartir su herencia cultural.
Toma nota: El maestro Juan Quezada Celado, impulsor de esta tradición contemporánea, recibió el Premio Nacional de Artes y Tradiciones Populares en 1999.
