Hoy hace 17 años, Esmeralda Castillo Rincón salió de su casa para ir a la secundaria y tres años después las autoridades encontraron 10 centímetros de su pie izquierdo en medio del desierto de Juárez; pero Esmeralda no es nada más un hueso, reclama su familia.
Hoy, sus padres, Martha Rincón y José Luis Castillo, cumplen 17 años de lucha para que las autoridades no dejen de buscarla, en los cuales han realizado múltiples manifestaciones en busca de verdad y justicia, han celebrado su cumpleaños y le han cantado las mañanitas sin poder abrazarla, y han realizado diversas acciones para visibilizar y prevenir el delito de desaparición.
Con un mandil rosa, en el cual llevan plasmado el rostro de su hija junto a la leyenda “No me olviden, falto yo”, ambos padres han recorrido las calles de México y el desierto de Juárez, sin lograr encontrarla.
Esmerada es la más pequeña de tres hermanos, era una niña alegre, quería ser veterinaria y tenía apenas 14 años cuando desapareció, recuerda su familia.
El 19 de mayo de 2009, un martes como hoy, salió de su casa -en la colonia Postal- para ir a la Secundaria Técnica 79; tomó un camión para ir a la Zona Centro, en donde tomaría un segundo camión para llegar hasta la escuela en la colonia Oasis Revolución, cerca de la casa de su hermana, pero aparentemente nunca se subió a ese segundo camión, por lo cual sus padres ubican el cruce de las calles Rafael Velarde y Vicente Guerrero como el punto de su desaparición.
En 2012, la Fiscalía General del Estado (FGE) encontró 10 centímetros de su pie izquierdo en el Arroyo El Navajo, en el desierto del Valle de Juárez, pero los abogados Karla Michel Salas y David Peña, del Grupo de Acción por los Derechos Humanos, lograron que continuara siendo investigado como desaparición y no como feminicidio; sin embargo, después de 17 años no ha existido ningún avance sobre el caso.
“Te recomendamos y junto a tu familia te seguiremos buscando y exigiendo justicia”, compartió hoy el Grupo de Acción por los Derechos Humanos, quienes junto a la familia han realizado distintos rastreos ciudadanos en busca de más restos óseos, pero aunque en 2015 encontraron más restos humanos, ninguno era de Esmeralda.
Al grito de “¡La lucha sigue, Esmeralda vive!”, su padre, conocido como el padre de la diamantina rosa, sigue exigiendo la búsqueda de su hija, mientras comparte su historia con estudiantes de otras escuelas, como medida de prevención.
“Esmeralda no era nada más un hueso, ¿en dónde está todo lo demás?”, reclamó su mamá a las autoridades en junio del año pasado, después de recorrer durante dos días el desierto de Juárez, a unos 97 kilómetros de la frontera.
Por su parte, la Fiscalía Especializada en Investigación de Violaciones a Derechos Humanos y Desaparición Forzada, a través de la Comisión Local de Búsqueda, continúa ofreciendo una recompensa de 200 mil pesos a quien ayude a su localización, y difundiendo la progresión de edad de su rostro.
