Ciudad Juárez.-El rechazo de los trabajadores del IMSS al incremento salarial de 6.8 por ciento abrió una crisis que alcanza a la dirigencia sindical y a la administración federal. La exigencia de un aumento de 10 por ciento directo al salario coloca nuevamente sobre la mesa las condiciones laborales de quienes sostienen buena parte de la atención médica del país.

La inconformidad incluye la demanda de destituir al dirigente Rafael Olivos, mientras continúan los reclamos por falta de personal, insumos y equipo hospitalario. El Gobierno deberá presentar otra propuesta, aunque cualquier acuerdo podría generar exigencias similares en el ISSSTE y otras instituciones de salud.

El conflicto exhibe un problema acumulado durante décadas, porque el IMSS necesita trabajadores mejor remunerados, hospitales equipados y una estructura administrativa capaz de responder al crecimiento de la población derechohabiente. Resolver únicamente el aumento salarial dejaría pendientes las deficiencias que afectan diariamente a pacientes y personal.

También corresponde revisar el funcionamiento del sindicato. Una representación que pierde la confianza de sus agremiados difícilmente puede negociar acuerdos duraderos. La democratización interna, la transparencia y la rendición de cuentas tendrían que formar parte de cualquier salida.

El futuro del IMSS dependerá de una negociación respaldada por recursos sostenibles, contratación de personal y mejores condiciones hospitalarias. El presupuesto debe traducirse en resultados verificables. Sin una reforma de fondo en la gestión institucional y sindical, las protestas seguirán apareciendo y la atención médica continuará pagando las consecuencias.