En la casa de Mirta Carrillo hay cámaras de seguridad, una pulsera con botón de pánico y una familia que aprendió a dormir con un oído atento a cualquier ruido.

Viven en las afueras de Ciudad Juárez, en un lugar que Mirta prefiere mantener reservado. Desde que su hija Leslie fue asesinada, dice, vehículos han llegado hasta su domicilio, algunas personas han tomado fotografías y, en ocasiones, los mismos automóviles han pasado de noche y regresado después.

“Ya la mataron, ¿qué buscan?”, se pregunta.

El miedo no se ha ido. Durante las noches, cualquier ruido extraño la pone en alerta. Las medidas de protección dictadas por un juez incluyen la pulsera de pánico y visitas periódicas de agentes para recabar su firma. También instalaron cámaras con detector de movimiento alrededor de la vivienda.

Pero dentro de esa casa ocurre algo distinto. Ahí están Sofía, de cuatro años, y Eithan, de un año y dos meses, los hijos de Leslie. Corren, juegan, comen y duermen como cualquier familia con niños pequeños. Sofía va al kínder. Eithan gatea con rapidez, se sostiene de los muebles y ya intenta ponerse de pie, aunque aún no da sus primeros pasos.

La mujer que falta en esa casa es Leslie Godínez Carrillo. Tenía 20 años y siete meses de embarazo cuando fue asesinada el 17 de julio de 2025. De acuerdo con la investigación de la Fiscalía, después de matarla le fue extraído el bebé mediante un procedimiento rudimentario y el niño fue llevado por otra mujer, quien habría intentado hacerlo pasar como suyo.

La intención, traficar con él y venderlo en el mercado negro.

El caso mantiene a tres mujeres adultas bajo proceso: Martha Alicia M. A., alias “La Diabla”; Jhoselin T. F. y Evelyn Bethzayda A. M. Una adolescente fue procesada por separado debido a su edad. Para Mirta, sin embargo, el expediente judicial es apenas una parte de lo que quedó después del asesinato de su hija, pues ahora ella tiene a su cargo a los dos niños y trata de sostener una casa en la que antes vivían de otra manera.

La investigación también abrió una línea que llegó hasta Estados Unidos. Olivia Aguirre Bonilla, asesora jurídica de Mirta, afirma que en El Paso, Texas, existe una investigación del FBI relacionada con el destino que presuntamente tendría el bebé. La abogada explicó que ha solicitado la coordinación con esa agencia con la de las autoridades mexicanas para esclarecer el caso.

Mirta cuenta que su vida cambió por completo. Antes trabajaba en una maquiladora y podía salir con Leslie, visitar a familiares o ir de compras. Ahora le resulta difícil mantener un empleo porque no tiene con quién dejar a los niños. Su día comienza alrededor de las siete de la mañana: prepara a los pequeños, lleva a Sofía al kínder, regresa por Eithan, limpia la casa y después vuelve por la niña. Al final del día prepara la comida y se encarga de que ambos estén listos para dormir.

En la casa viven cinco personas y solamente entra un sueldo. El dinero se va principalmente en comida, pañales y leche. También están los gastos médicos de Eithan. El niño utilizó durante seis meses un casco correctivo por una deformidad en la cabeza consecuencia del procedimiento de extracción de su madre y por la mala postura en la que estuvo hospitalizado.

El tratamiento implicó la adquisición de un casco correctivo de 70 mil pesos que fue donado por una asociación civil, además de los viajes a Monterrey para los ajustes con personal especializado.

El pequeño ya terminó esa etapa y ahora gatea. El casco permanece guardado en la casa, aunque a veces su hermana, Sofía, intenta ponérselo de nuevo.

Eithan también ocupa un lugar especial entre los recuerdos que Mirta conserva de Leslie. Mientras veía fotografías de su madre, el niño extendió su pequeña mano hacia una de ellas. Mirta cuenta que ese momento la conmovió porque, aunque todavía no puede hablar de ella, sintió que la imagen le resultaba familiar. En los cajones permanecen la ropa y las pertenencias de Leslie; su cama sigue en la casa y algunas veces Sofía duerme ahí.

Sofía, de cuatro años, ya pregunta por su madre. Mirta cuenta que la niña mira sus fotografías y dice que la extraña. También le ha preguntado por qué “Diosito se llevó a su mamá”. La abuela le responde que Leslie es un ángel y que siempre estará en sus corazones. Cuando la niña llora, Mirta también lo hace.

Mirta conserva también la imagen de Leslie antes del crimen. La describe como una niña traviesa y llorona, pero alegre, inteligente y buena estudiante. Recuerda que tenía carácter fuerte y que cocinaba bien. Ahora quiere que Sofía y Eithan conozcan esa versión de su madre: no solamente la mujer que fue asesinada cuando estaba embarazada, sino la mujer que los quería y que formaba parte de su vida cotidiana.

Los interesados en apoyar a Mirta y a sus nietos pueden hacerlo a través de donaciones en efectivo o en especie de alimentos, ropa y material para impermeabilizar. Se pueden hacer a través del número de cuenta: 014116569466782833 a nombre de Mirta Carrillo, o bien, marcar al teléfono: (656) 136-7445.