CDMX.- El 20 de enero, la canción "The Smallest Man Who Ever Lived" del último disco de Taylor Swift, The Tortured Poets Department, tuvo un aumento de reproducciones en Spotify con más de 635 mil 873, su mejor día en casi cinco meses.

El fandom de la cantautora originaria de Pennsylvania ha especulado desde 2023 que la canción hace referencia a Matty Healy, el vocalista de la banda 1975 con quien Swift tuvo un breve -y por la letra de la canción, desafortunado- romance. Pero la teoría es que al menos el pasado 20 de enero "The Smallest Man Who Ever Lived" (El hombre más pequeño que jamás haya existido) hacía referencia a Donald Trump, quien ese día se convirtió nuevamente en Presidente de Estados Unidos.

"He estado recopilando datos del Spotify de Taylor durante algunos años, utilizando los recuentos de reproducciones de Spotify, por lo que puedo trazar tendencias en su música a lo largo del tiempo", dijo a la revista Newsweek la persona que coordina la cuenta @SpotifySwiftie en X, que dio a conocer del aumento de reproducciones.

"Siempre me sorprende ver cómo la gente utiliza su música en respuesta a lo que está pasando en el mundo, y con la elección, claramente podías ver cómo se sentían los swifties según las canciones que escuchaban. Como siempre, la música de Taylor es el soundtrack de nuestras vidas, sin importar por lo que estemos pasando".

Coincidencia o no, la frase de "The Smallest Man Who Ever Lived" es una referencia negativa de cualquier hombre, y puede entenderse como lo contrario a decir "Es Grande".

Durante la campaña, el ex candidato demócrata a la Vicepresidencia, Tim Walz, la usó para efectivamente referirse a Trump.

"Aquí está mi truco de vida para todos allá afuera: si se rodean de mujeres inteligentes y las escuchan, les irá bien. Ello incluye a Taylor Swift, por cierto", dijo Walz durante un evento en Wisconsin.

"Es realmente fantástico que todas las mujeres nos ayuden a vencer al hombre más pequeño del mundo (the smallest man in the world): Donald Trump".

Intelectuales, activistas por los derechos de las mujeres y de la comunidad LGBTQA+, defensores de los migrantes y grupos de jóvenes anticipaban con el regreso de Trump a la Casa Blanca un retroceso de las libertades civiles y de los derechos de las minorías.

La propia Swift lo dijo al momento de explicar su respaldo: "Voy a votar por @kamalaharris porque ella lucha por los derechos y causas que creo que necesitan una guerrera para defenderlas. Estuve tan alentada e impresionada por su selección de compañero de fórmula @timwalz, que ha estado defendiendo los derechos LGBTQ+, la fecundación in vitro y el derecho de una mujer a su propio cuerpo durante década".

No eran temores infundados. En menos de un mes en el poder, Trump ha utilizado los poderes presidenciales para poner fin a las políticas de diversidad, inclusión y género, para perseguir a los migrantes indocumentados aunque no tengan antecedentes criminales, y para negar la existencia de las personas transgénero. Su embestida contra la prensa que le incomoda ha llegado al punto que impidió el acceso a la Oficina Oval a un reportero de la agencia de noticias estadounidense The Associated Press debido a que el medio se ha negado a utilizar el nombre de Golfo de América en lugar de Golfo de México como él lo ha ordenado.

Un nuevo estilo de Gobierno

Estas acciones han sembrado la duda de si Trump ya no es sólo un líder populista que atrae a millones de electores por sus discursos que dividen y polarizan, y en los que se victimiza y señala como enemigos a quienes no piensan como él, sino que se ha convertido en un líder autocrático.

"El caso de Trump es muy preocupante", reconoce la Dra. Fernanda Somuano, directora e investigadora del Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México, quien explica que si bien el republicano regresó a la Casa Blanca de manera democrática, una vez en el poder empezó a tomar decisiones que ponen en entredicho algunos derechos.

Destaca, por ejemplo, la orden ejecutiva para poner fin a la ciudadanía por nacimiento, que ya fue llevada a los tribunales por varios estados por considerarla inconstitucional.

"Yo creo que sí está habiendo una erosión (de la democracia). (Trump) está empezando a tomar decisiones que son claramente en contra de las minorías, y las declaraciones que ha hecho, por ejemplo, en contra de la comunidad LGBT. Todo eso son claramente ataques contra derechos ya adquiridos que es probable que en algunos casos vayan para atrás", apunta.

Miriam Juan-Torres, Jefa del Foro de Investigación, Democracia y Pertenencia, Othering & Belonging Institute de UC Berkeley, utiliza el término populismo autoritario para referirse al estilo político de Trump.

"Se inspira tanto del manual populista como del manual autoritario", dice.

"La lente populista de las élites contra el pueblo y 'Yo soy la voz del pueblo', y la apelación al apoyo popular masivo. Por otro lado, vemos la parte de 'nosotros contra los otros', el scapegoating de minorías, el interés por expandir el poder, también el presentarse como el strongman politics, la necesidad de la fuerza dura".

Trump, ahonda la experta, se nutre de la sensación o la percepción de pánicos morales, de amenazas.

"Siempre hay como ese modo de hacer política que apela a la fuerza, al odio contra el otro, al miedo", agrega.

El término scapegoating utilizado por Juan-Torres se refiere a la práctica de señalar a una persona o grupo para culparlo injustamente de algo y, en consecuencia, provocar que reciba un trato negativo. Por ejemplo, cuando Trump dijo sin pruebas que los migrantes haitianos en Ohio se comían a las mascotas.

En tanto, strongman politics se entiende como la política del "hombre fuerte", término frecuentemente asociado a dictaduras, pero ahora también a democracias.

En octubre de 2023, William Howell y Terry Moe, académicos de la Universidad de Chicago y de la Universidad de Stanford, escribieron sobre The Rise of the Strongman Presidency (El ascenso de la Presidencia del hombre fuerte), aquella en la que "el extraordinario Poder Ejecutivo unilateral amenaza la democracia".

¿De EU para el mundo o del mundo para EU?

Como Trump, son varios los líderes en el mundo que aplican políticas nativistas y populistas en temas como migración y proteccionismo.

Algunos académicos e investigadores advirtieron de ello, incluso, desde el primer mandato del republicano, como Tony Walker, profesor adjunto de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad La Trobe, en Australia, quien en 2018, en un artículo titulado The rise of strongman politics (El ascenso de la política del hombre fuerte), se refirió a Trump como parte de una tendencia autoritaria que "se fortalece más o menos en todo el mundo".

"(Lo que está haciendo Trump) no debería ser una sorpresa. A mí lo que me sorprende es que a alguien le sorprenda", comenta Juan-Torres, de UC Berkeley.

"Hay cierta tendencia en Estados Unidos a mirarse un poco al ombligo y no mirar más al contexto global. El fenómeno que estamos viendo es algo que se está produciendo en una multiplicidad de países. El país en el que está más avanzado es Hungría. Podíamos predecir cómo irían las cosas en Estados Unidos habiendo mirado a Hungría".

Trump y Viktor Orbán, Primer Ministro húngaro desde 2010, se centran en dos pilares, explica la especialista, el nativismo y el antipluralismo.

"El nativismo, es decir priorizar a las personas que se consideran nativas con una interpretación muy estrecha y conveniente de lo que quiere decir eso, y luego el antipluralismo, aunque el plural al que se rechaza puede cambiar", ahonda.

Acciones de Orbán como una represión despiadada contra la migración ilegal, la depuración de la ideología de género y de la ideología "woke" de las escuelas, erosión de la libertad de prensa, de la libertad académica y de la independencia judicial, asalto a las instituciones democráticas y una alianza con grupos nacionalistas cristianos son aplaudidas por seguidores de Trump y del movimiento MAGA (Make America Great Again, Hagamos a Estados Unidos Grande Otra Vez).

En tanto, en Europa, líderes de la extrema derecha, entre ellos Orbán, participaron a inicios de mes en un evento organizado por el partido español Vox bajo el lema "Hacer Grande a Europa Otra Vez". Ahí aplaudieron la agenda del Presidente estadounidense.

"Sí hay una estructura de cooperación internacional de estos actores políticos no sólo a nivel de los partidos sino de los movimientos que les dan apoyo", destaca Juan-Torres.

"Tenemos muchos datos tanto a nivel de los flujos de financiamiento entre países como de conferencias, trainings y demás donde actores de un país van al otro y comparten tácticas estratégicas. No es algo creado por EU, o no es EU el primero en hacer esto".

Contrapesos e instituciones sólidas: el antídoto

Orbán, en Hungría; Trump, en Estados Unidos, y Javier Milei, en Argentina, son líderes populistas de derecha que claramente comparten una ideología conservadora de nacionalismo exacerbado, antiwoke, antiLGBTQA+ y antiaborto, reconoce la Dra. Somuano, del Colmex.

Sin embargo, acota, el alcance de su agenda depende mucho de cómo estén configurados los Congresos en sus respectivos países, y de la existencia de contrapesos.

"Donde hay instituciones muy sólidas, es más difícil que muchos derechos adquiridos se puedan echar para atrás. Pero en otros es probable que así pase. Y por eso es tan importante que existan instituciones independientes que formen o sean contrapesos de estas mayorías", indica.

"En el caso norteamericano, (los republicanos) no tienen supermayoría para cambiar la Constitución nada más porque sí. Ahora, el asunto de la Suprema Corte pues sí es también un poco preocupante porque efectivamente el equilibrio ya está como moviéndose probablemente hacia el lado conservador, y ese es un riesgo que van a tener que ver cómo enfrentar".

Hasta el 11 de febrero, Trump había firmado 62 órdenes ejecutivas y 27 memorandos y proclamaciones, a un ritmo que supera el de sus predecesores más recientes. Algunas de estas medidas, como la de poner fin a la ciudadanía por nacimiento, han sido consideradas inconstitucionales y ya fueron llevadas ante tribunales.

De acuerdo con Juan-Torres, el Mandatario republicano, al igual que Orbán, deriva su poder no de la Constitución y de las leyes como cualquier Presidente en una democracia liberal, sino de un "sentido común".

En 2014, Orbán se refirió a su modelo de Gobierno como una democracia iliberal, término utilizado por primera vez en 1997 por el politólogo y periodista estadounidense Fareed Zakaria, y el cual hace referencia a Gobiernos que nacen de una elección democrática, pero que tienen poco respeto al Estado de Derecho y a las libertades civiles.

"Derivan la legitimidad y su poder, no de las leyes que están dispuestos a saltarse, sino de un sentido común, de ser ellos mismos. No hay un respeto para lo que sería el Estado de Derecho", señala la especialista de la UC Berkeley.

"La historia de la humanidad se basa en haber pasado por modelos políticos de tipos muy distintos, y ahora estamos en una transición donde se está presentando la posibilidad de un modelo nuevo que sería una democracia iliberal donde hay menos protecciones para las minorías, hay menos protecciones a nivel de derechos civiles y políticos y donde no hay un sistema de Estado de Derecho como hasta ahora".

Hasta el momento, a un mes de que Trump asumió el poder y mientras en Estados Unidos se habla ya de una crisis constitucional, para Juan-Torres es imposible saber si seguirá existiendo la separación de poderes en ese país, pero confía en que las instituciones continúen suficientemente fuertes.

"Yo creo que el proponer medidas tan extremas en las últimas semanas también es porque saben que estas medidas se van a llevar a los tribunales y quieren ver hasta dónde pueden apretar los tribunales y si los tribunales pueden validar sus medidas extremistas, si pueden llegar a la Corte Suprema, y si en este caso la Corte Suprema puede validarlas, cambiando no sólo los contrapesos sino la interpretación jurídica que se hace de la Constitución y de los límites entre la separación de poderes", apunta.