Cuando Anthony Bellotti, estratega republicano y devoto dueño de gatos, se propuso defender los derechos de los animales, desplegó un plan diseñado para reclutar a los conservadores para la causa.

Su organización sin fines de lucro, White Coat Waste Project, fundada en 2011, presentó los estudios sobre animales como un despilfarro gubernamental. También se concentró en el doctor Anthony S. Fauci, una táctica que resultó eficaz durante la pandemia de coronavirus, cuando Fauci se convirtió en un blanco clave. El grupo puso el foco en experimentos con beagles y sacó a la luz subvenciones para estudios hormonales en ratones, calificándolos de “extraños experimentos con animales transgénero”.

Para disgusto de los científicos biomédicos que afirman que la investigación con animales es esencial para la salud humana, el gobierno de Donald Trump está prestando atención. Tras décadas de ser descartada por muchos conservadores como una causa de la izquierda política, la defensa de los derechos de los animales está siendo adoptada por figuras destacadas del movimiento Make America Great Again, MAGA, del presidente Trump, aunque de una forma que encaja en su ethos antiestatal y favorable al consumo de carne.

Bajo el mandato de Trump, una serie de agencias federales, como la Agencia de Protección Medioambiental, el Departamento de Defensa y la Administración de Alimentos y Medicamentos, han tomado medidas para frenar la investigación con animales. Lo mismo ha hecho el Instituto Nacional de Salud, el mayor financiador de investigación biomédica del mundo.

El trabajo de White Coat Waste es solo una parte de la historia. Los activistas de los derechos de los animales afirman que años de activismo están dando sus frutos, y que el movimiento más amplio contra el maltrato y la experimentación con animales también está recibiendo un impulso de la nuera del presidente, Lara Trump. En diciembre, tres secretarios del gabinete aparecieron en el programa de Trump en Fox News para anunciar un “grupo de trabajo” interinstitucional para acabar con los criaderos abusivos de cachorros. El gobierno también anunció recientemente planes para “poner fin a las peleas de perros de una vez por todas”.

La presión para limitar los experimentos con animales proviene en parte de la creciente oposición pública a este tipo de investigaciones y de avances tecnológicos que podrían eliminar la necesidad de usar animales. El gobierno de Trump también está cooperando discretamente con grupos de defensa de los animales establecidos desde hace tiempo, como Personas por el Trato Ético de los Animales, o PETA, que lleva décadas cultivando aliados tanto en la izquierda como en la derecha.

“Yo no asumiría que el bienestar y la protección de los animales se asocian más con el bando liberal”, dijo Matthew Scully, redactor de discursos del expresidente George W. Bush, cuyo libro de 2002 Dominion plantea una defensa moral del bienestar de los animales. “Es una especie de preocupación compartida, aunque diría que es ignorada por igual. Su importancia está subestimada en ambos partidos”.

Implicaciones de gran alcance

Los cambios podrían tener efectos importantes en la forma en que se aprueban los medicamentos y se realiza la investigación biomédica en Estados Unidos. La FDA, por ejemplo, anunció recientemente que ya no exigirá que ciertos anticuerpos monoclonales se prueben en primates no humanos, una medida que, según la agencia, se traducirá en precios más bajos de los medicamentos.

Los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por su sigla en inglés) también están tomando medidas para reducir el uso de primates no humanos, en su mayoría macacos rhesus, lo que inquieta a científicos que señalan que este tipo de investigación ha sido responsable de avances en la comprensión de accidentes cerebrovasculares y lesiones de la médula espinal; estimulación cerebral profunda para pacientes con párkinson; vacunas contra el zika y el ébola; una cura para la hepatitis C; implantes cocleares para personas sordas; fertilización in vitro; y tratamientos para la depresión.

El Secretario de Salud de Estados Unidos, Robert F. Kennedy Jr., ha hecho suya la idea. La primavera pasada se reunió con dirigentes de PETA, quienes le instaron a convertir en santuarios animales una red de siete centros de investigación con primates financiados por los NIH.

El mes pasado, los NIH se pusieron en contacto con la Universidad de Salud y Ciencia de Oregón, que dirige el mayor centro de investigación con primates de la red federal, para explorar la posibilidad de convertirlo en un santuario. La junta directiva de la universidad convocó una reunión extraordinaria y votó a favor de iniciar conversaciones con los NIH sobre la posibilidad de hacerlo, aunque aún no se ha tomado ninguna decisión.

“Nos tomó completamente por sorpresa, fue un shock total”, dijo Nancy L. Haigwood, investigadora de larga trayectoria en VIH que dirigió el centro hasta 2022. Haigwood colabora actualmente con investigadores de la Universidad Johns Hopkins en un estudio financiado por los NIH en el que se utilizan macacos rhesus para desarrollar una terapia con anticuerpos que podría curar el VIH en bebés. PETA lo celebra. “Esto es algo en lo que hemos trabajado durante muchos muchos años”, dijo Kathy Guillermo, vicepresidenta sénior de investigaciones de laboratorio del grupo.

Sobre White Coat Waste, añadió: “Después de hablar con ellos, uno pensaría que a nadie se le había ocurrido hacer esto”.

Convertir a Fauci en un blanco

Bellotti y Justin Goodman, lobista de White Coat Waste, no dudan en describir su estrategia. En 2020, cuando la COVID-19 se propagaba por todo el mundo, se propusieron averiguar si el instituto de Fauci financiaba investigaciones en China, donde se originó el virus. Su trabajo contribuyó a alimentar la teoría de la “fuga de laboratorio” sobre el origen de la pandemia, y puso a Fauci en el centro de la polémica.

En 2021, White Coat Waste Project afirmó que el instituto de Fauci financiaba experimentos en Túnez en los que se atacaba a beagles con moscas de la arena para estudiar la leishmaniasis, una enfermedad parasitaria que portaban las moscas. El instituto dijo al principio que no era cierto.

Pero las fotos de los beagles, con la cabeza atrapada en jaulas de malla se volvieron virales, provocando un alboroto en el Capitolio. Más tarde, White Coat Waste presentó documentos que demostraban que los experimentos con beagles habían sido financiados por los contribuyentes estadounidenses, aunque los estudios fueron aprobados a un nivel muy inferior al de Fauci. El mediático Bellotti lo llamó “Beagle-gate”.

“De repente, este tipo que para mí era un villano”, dijo Goodman, se convirtió en “un villano para millones y millones y millones de personas de todo el país”.

Fauci, quien se retiró del servicio público a finales de 2022, declinó hacer comentarios.

Durante un discurso ante una sesión conjunta del Congreso el año pasado, el presidente se quejó de que los NIH habían gastado “8 millones de dólares en hacer ratones transgénero”, repitiendo afirmaciones de Elon Musk en sus esfuerzos de recorte de gastos de DOGE. Musk, a su vez, estaba repitiendo afirmaciones de White Coat Waste.

La frase era una forma simplificada de referirse a un estudio financiado por el NIH que utilizaba ratones como modelos para humanos con el fin de explorar si los hombres transgénero que habían recibido testosterona aún podían tener hijos. White Coat Waste difundió ese estudio, cuyo título incluía la frase “modelo de ratón transgénero”, y similares. Eso llevó a la representante Nancy Mace, republicana por Carolina del Sur, a convocar una audiencia e invitar a Goodman a testificar.

White Coat Waste también cuenta con una poderosa aliada entre los comentaristas de derecha: Laura Loomer, la activista y conductora de pódcast de extrema derecha que cuenta con la atención de Trump. Para presentar el caso de White Coat Waste en el Capitolio, ella y Goodman llevaron beagles —criados para investigación, según dijeron— a reunirse con los legisladores.

Un llamado a los amantes de las mascotas

En lugar de enfrentarse a las granjas industriales o abogar por una dieta vegana —“Nunca seré vegana ni vegetariana”, dijo Loomer—, White Coat Waste ha logrado avances al destacar el trabajo de un pequeño grupo de investigadores gubernamentales que experimentan con animales más mimosos: gatos, perros y primates.

“Lo que me enseñaron es que hay que encontrar una nueva forma de hablar de un tema antiguo”, dijo Bellotti, refiriéndose a su formación en política. “Somos monotemáticos. Llegamos a la mesa con la idea de que el gobierno es el problema, no la solución”.

La primavera pasada, dijo Bellotti, trabajó con Loomer para hacer llegar información sobre las pruebas con perros y gatos al Secretario de Defensa, Pete Hegseth. Su grupo llevaba años haciendo campaña para poner fin a esas investigaciones, dijo, incluidos experimentos con gatos realizados por la Marina para estudiar la disfunción eréctil, el estreñimiento y la incontinencia.

En mayo, el secretario de la Marina, John Phelan, anunció que iba a “poner fin a estos experimentos inhumanos y ahorrar dinero de los contribuyentes”.

El principal objetivo de White Coat Waste son ahora los Institutos Nacionales de Salud. El director de la agencia, el doctor Jay Bhattacharya, ha recibido elogios de los líderes de PETA y de otro grupo defensor de los derechos de los animales, el Comité de Médicos por una Medicina Responsable, por cerrar el último laboratorio de beagles del campus de los NIH y por redirigir fondos de estudios con animales hacia alternativas a la investigación animal.

Pero cuando Bhattacharya habló en una conferencia para conservadores en septiembre, un corresponsal del pódcast de Loomer lo persiguió con una cámara gritándole: “¡Estás continuando con los laboratorios de tortura de Fauci!”. Loomer publicó el video en las redes sociales.

Modelos informáticos y ‘organoides’

Los científicos están avanzando en el desarrollo de alternativas a las pruebas con animales. Utilizan modelos informáticos y han aprendido a engatusar a las células madre humanas para que formen pequeños grupos tridimensionales, conocidos como organoides, que presentan algunas de las mismas características básicas de un órgano humano concreto, como un cerebro, un pulmón o un riñón, y son útiles para realizar pruebas.

Haigwood, de la Universidad de Salud y Ciencia de Oregón, se muestra escéptica. “Estos nuevos enfoques no están preparados para su uso generalizado”, dijo. “Nos encantaría que estuvieran disponibles. Pero nunca podremos crear un cerebro en un chip, o un sistema inmunológico en un chip”.

En los NIH, Bhattacharya creó recientemente una nueva oficina para fomentar el desarrollo de alternativas a las pruebas con animales, y encargó su supervisión a Nicole Kleinstreuer, toxicóloga del organismo que aboga desde hace tiempo por tales alternativas.

Durante un seminario web la primavera pasada, Kleinstreuer dijo que los NIH ya no solicitarían propuestas de investigación que dependieran exclusivamente de animales y que estaban elaborando planes para la “adopción sostenible” de animales procedentes de laboratorios clausurados.

Aun así, no es suficiente para Bellotti, quien llama a los Institutos Nacionales de Salud “la oveja negra” de la administración Trump y sostiene que el organismo avanza con demasiada lentitud. Su grupo ha atacado repetidamente a Kleinstreuer, quien, según informes, fue objeto de amenazas de muerte el año pasado.

En una publicación en redes sociales el mes pasado, White Coat Waste señaló un estudio diseñado para probar un sustituto de sangre que podría salvar la vida de víctimas de derrames cerebrales. El investigador que presentó la propuesta escribió que los perros se han utilizado durante mucho tiempo en la investigación de accidentes cerebrovasculares.

Bajo la supervisión de Kleinstreuer, se quejó White Coat Waste, los Institutos Nacionales de Salud “aprobaron 596.000 dólares en nueva financiación para un impactante experimento destinado a inducir deliberadamente el ‘derrames cerebrales más severos’ en perros y luego matarlos”. Dijo que no se detendrá “hasta que ella rinda cuentas por desafiar las promesas que Trump y RFK Jr. hicieron en campaña”.

Un portavoz del Departamento de Salud y Servicios Humanos se negó a que Kleinstreuer estuviera disponible para hacer comentarios. Los ataques contra ella hicieron que un antiguo donante de White Coat Waste, Jim Greenbaum, exejecutivo de telecomunicaciones a quien Bellotti ha llamado su “padre fondeador”, denunciara el año pasado al grupo por lo que describió como “una campaña de difamación implacable” contra Kleinstreuer.

‘Es mi gata del alma’

Belloti, un hombre efusivo, de abundante cabello oscuro y cierto parecido con el cantante de la década de 1950 Jerry Vale, sabe desde los 17 años que quería luchar por los derechos de los animales. La decisión, dijo, se forjó durante su experiencia como pasante en un laboratorio hospitalario de pruebas con animales.

Cuando estudió consultoría política, un profesor le dijo que, si quería trabajar para candidatos, tendría que “elegir un lado”. Se hizo republicano, dijo, pensando que los demócratas por los derechos de los animales eran “muy comunes”.

Fundó White Coat Waste después de ayudar a elegir a republicanos, entre ellos Arnold Schwarzenegger, exgobernador de California, y contrató a Goodman, que antes trabajaba en PETA. El grupo recibió 5,9 millones de dólares en 2024 y gastó 5,3 millones, según sus declaraciones fiscales. Bellotti no quiso revelar sus donantes.

Dirige White Coat Waste desde su condominio frente al mar en la costa de Nueva Jersey, donde vive con su pareja y dos gatos adoptados.

Rescató a uno de ellos, una gata de pelo corto blanco, gris y rosado llamada Delilah, de 13 años, de un laboratorio del Departamento de Agricultura que su grupo ayudó a cerrar en 2019. El número 87 —un número de identificación de laboratorio, según Bellotti— está tatuado en tinta azul dentro de las orejas de Delilah, un recordatorio de su “servicio” al gobierno.

“Es mi gata del alma”, dijo Bellotti, acariciando suavemente su pelaje mientras se acurrucaba a su lado en el sofá. “Mi vida”, añadió, “está dedicada a defender al gato doméstico de pelo corto”.