El encuentro entre los dos mandatarios está previsto para mañana en la mañana, en la Casa Blanca.
Adversarios ideológicos, Lula, de 80 años, y el Presidente estadounidense, de 79, han mantenido una relación difícil. La de mañana será su segunda reunión oficial, tras otra en Malasia en 2025.Aquel encuentro fue cordial y llevó a que Washington relajara aranceles punitivos impuestos a Brasil por el juicio al ex Presidente Jair Bolsonaro, aliado de Trump y condenado a 27 años de prisión por un intento golpista.
Desde entonces, Estados Unidos derrocó a Nicolás Maduro en Venezuela y lanzó una guerra contra Irán junto a Israel. Lula, que acusa a Trump de actuar como un "emperador", ha criticado abiertamente estas acciones estadounidenses. "Estoy en contra de que cualquier país del mundo se entrometa y ejerza interferencias políticas", dijo el líder de izquierda en abril. Lula llega a la reunión políticamente debilitado, tras una serie de derrotas en el Congreso, y empatado en las encuestas para las presidenciales de octubre con el hijo mayor de Bolsonaro, el senador Flávio Bolsonaro. Oliver Stuenkel, profesor de Relaciones Internacionales de la Fundación Getúlio Vargas, que Lula buscará "fortalecer la relación personal con Trump" para minimizar el riesgo de interferencias estadounidenses en las elecciones, como declaraciones de apoyo a Flávio Bolsonaro. El diputado Rubens Pereira Júnior, del Partido de los Trabajadores de Lula, cree que las tensiones con Estados Unidos quedaron atrás. "Somos optimistas porque fue Trump quien invitó, entonces se terminó aquel momento de beligerancia entre Estados Unidos y Brasil". La seguridad es hoy la principal preocupación de los votantes brasileños y la lucha contra el crimen organizado ocupará un lugar destacado en la agenda entre Lula y Trump. El ministro de Hacienda, Dario Durigan, que integra la delegación brasileña, dijo hoy que Brasilia quiere ampliar la cooperación bilateral en el combate a los cárteles del narcotráfico. Estados Unidos y Brasil firmaron en abril un acuerdo para luchar contra el tráfico de armas y drogas. Ahora comparten datos, como revisiones con rayos X a contenedores que viajan de Estados Unidos a Brasil. Trump ha hecho del combate contra lo que llama "narcoterrorismo" una prioridad de su segundo mandato, y designó a grandes cárteles como organizaciones terroristas extranjeras. Ese argumento fue usado en el derrocamiento de Maduro en Venezuela. Según Stuenkel, a Brasil le interesa mostrar que está haciendo su parte, para "reducir el riesgo" de que Washington designe como terroristas a los dos mayores grupos criminales brasileños, el Comando Vermelho y el Primeiro Comando da Capital. "Estados Unidos ve cada vez más a estos grupos como organizaciones criminales transnacionales sofisticadas", señaló Rebecca Bill Chávez, presidenta del think-tank Diálogo Interamericano, con sede en Washington. "En Brasil existe una preocupación real por las implicaciones jurídicas, políticas y de soberanía que tendría aplicar un marco de terrorismo a sus grupos criminales", agregó.
