No tienen edad suficiente para comprar una cerveza y apenas la necesaria para manejar, pero estos cuatro chicos adolescentes ya forman parte del inframundo criminal.
Los fines de semana, conducen hacia el desierto de Sonora a las afueras de Phoenix. Los vi alinear rifles AR-15 y de estilo AK contra sus coches, posar para fotos y pasar la tarde disparando a blancos. En las noches van a fiestas, fuman marihuana y escrolean interminablemente por sus redes sociales.
Estos adolescentes son parte de una red cada vez más grande de estudiantes de secundaria estadounidenses y adultos jóvenes que están ayudando a armar a algunos de los cárteles más poderosos y violentos de México, según autoridades estadounidenses y expertos en tráfico que rastrean esa tendencia. Consiguen armas como pistolas y rifles de alto calibre, y las venden casi exclusivamente a operativos de cárteles con sede en Estados Unidos, dijeron los adolescentes.
En repetidas entrevistas, cuatro traficantes de armas de entre 16 y 19 años —todos estudiantes o exalumnos de secundaria en el oeste de Phoenix— me permitieron observar cómo compran armas de fuego y se las venden al mejor postor. A veces, roban las armas y luego las revenden, según dijeron. Afirman que no son leales a un grupo criminal u otro, sino que están motivados por ganar dinero, conseguir estatus y tener un sentido de pertenencia.
Los adolescentes estadounidenses hablaron con la condición de mantener su anonimato debido a la naturaleza ilegal de sus actividades. Sus identidades fueron corroboradas a través de sus documentos de identificación oficiales. Observé en tiempo real cómo se llevaban a cabo transacciones de armas a través de chats grupales encriptados de WhatsApp y canales de Telegram. Otros elementos de sus relatos fueron corroborados por autoridades estadounidenses en funciones y retiradas, y expertos en tráfico.
“Después de mi primera venta dije ‘eso es todo, ¡ya la hice!”, dijo un traficante de 18 años que se hace llamar el Flaco. “No quiero ser pobre, ¿y porque voy a serlo si ya encontré la manera?”
Aunque los números son difíciles de rastrear, las autoridades estadounidenses afirman que los grupos criminales mexicanos están recurriendo cada vez más a adolescentes y adultos jóvenes en estados fronterizos como Arizona. La proximidad con México, una gran presencia de miembros de cárteles en Estados Unidos y la promesa de dinero fácil han ayudado a que esas redes florezcan, según funcionarios de la ley y exfuncionarios.
“Para los jóvenes, tristemente, esta es una oportunidad para ganar dinero rápido, tal como lo sería cometer otros tipos de delitos”, dijo AJ Gibes, agente especial a cargo de la división de campo en Phoenix de la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF, por su sigla en inglés).
Las nuevas tecnologías, incluidas las aplicaciones de mensajería encriptada para teléfonos, solo han acelerado el proceso, agregó.
“Las organizaciones criminales se aprovecharán de aquellos en los que más pueden influir”, dijo Gibes. “Y creo que los jóvenes caen en eso”.
Los datos federales muestran que los jóvenes conforman una parte significativa de los traficantes de armas. De más de 11.000 traficantes cuyas edades fueron identificadas en investigaciones de la ATF de 2017 a 2021, alrededor de un tercio tenían menos de 25 años. Alrededor de un 5 por ciento tenían menos de 17 años. Los datos cubren investigaciones a nivel nacional y no especifican cuántos estuvieron involucrados en el suministro de armas a México.
Jason Red, un exagente de Investigaciones de Seguridad Nacional que investigó redes de tráfico de armas en Arizona con la ATF de 2015 a 2020, dijo que cada caso de tráfico de múltiples personas que había inspeccionado involucraba al menos a un adolescente, a menudo un estudiante de escuela secundaria.
Red señaló que aunque los agentes inicialmente descubrieron a adolescentes contrabandeando armas a México, en el transcurso de investigaciones más profundas averiguaron que los jóvenes también estaban consiguiendo armas en línea, a través de redes sociales, o comprándolas de manera legal a los 18 años.
“Los cárteles usan a cualquier persona”, dijo Red. “Para ellos, estos son compradores desechables. Los adolescentes no lo piensan mucho. No piensan en las consecuencias a largo plazo”.
Impulsada por la amplia disponibilidad de armas de Estados Unidos y las leyes permisivas de armas de fuego de estados fronterizos como Arizona, una incesante oleada de armas ha fluido hacia el sur para impulsar una sangrienta guerra interna dentro del Cártel de Sinaloa y contrarrestar una intensificada represión del gobierno mexicano. La escala de la ruta ilícita es asombrosa: las autoridades mexicanas estiman que hasta 500.000 armas de fuego son contrabandeadas desde Estados Unidos hacia México cada año. Esas armas se emplean en algunos de los crímenes más violentos del país, contribuyendo al derramamiento de sangre que ha devastado comunidades enteras y ha cobrado decenas de miles de vidas.
Meta, la empresa propietaria de Facebook y WhatsApp, dijo que no permite la compra, venta o comercio de armas en ninguna de sus plataformas, aunque los chicos demostraron cuán fácilmente se pueden eludir esas reglas. Arizona permite las ventas privadas de armas sin verificaciones de antecedentes o mantenimiento de registros, lo que hace que sea aún más fácil para los traficantes conseguir armas sin que los descubran.
Los contrabandistas dijeron que para evitar la detección tanto por las autoridades como por empresas como Meta, rutinariamente crean y eliminan chats grupales, evitan compartir información personal durante las conversaciones o transacciones de armas y solo admiten nuevos miembros a través de recomendaciones.
“Si nos damos cuenta de este tipo de actividad en WhatsApp, bloqueamos las cuentas involucradas y respondemos a solicitudes válidas de las fuerzas del orden”, dijo Meta en un comunicado.
‘A quién matan no es mi problema’
Tal como lo cuenta JM, uno de los adolescentes traficantes de armas, hace dos años se reunió entre clases con dos amigos en el baño de la escuela para idear un plan: juntar 700 dólares y comprar un arma.
Para recaudar el dinero, uno vendería bocadillos. Otro trabajaba en un restaurante. El tercer chico tenía 18 años y podía comprar legalmente el arma en un distribuidor autorizado.
Los tres amigos compraron un rifle de estilo Kalashnikov, lo vendieron por 1200 dólares y dividieron las ganancias. Inmediatamente invirtieron en más armas, una y otra vez.
Ahora JM, con 18 años, dijo que coordina a decenas de estudiantes de al menos 20 escuelas secundarias de Phoenix, que adquieren armas a través de una variedad de medios legales e ilegales. Según afirmó, la gran mayoría de esas armas de fuego finalmente llegan al sur y terminan en manos de los cárteles mexicanos.
Conocí a JM el otoño pasado a través de un operador del Cártel de Sinaloa radicado en Arizona que me dijo que JM y sus redes de estudiantes de escuela secundaria se habían convertido en algunos de sus principales proveedores de armas debido a su capacidad para conseguir armas de alto calibre.
Funcionarios y exfuncionarios de la ley afirmaron que los cárteles a menudo usan adolescentes para el contrabando de armas porque por lo general enfrentan sentencias más cortas si son capturados, tienden a tener historiales limpios y pueden ser fácilmente atraídos por la promesa de dinero fácil. Los chicos rara vez se detienen a pensar en lo que sucede una vez que las armas cruzan la frontera.
“Lo que hagan con las armas ya no es mi problema mientras yo tenga mi ganancia. Y a los que matan no los matan por inocentes”, dijo El Flaco, de 18 años, refiriéndose a los cárteles. Se describió a sí mismo como parte del grupo de JM.
Los adolescentes hablan sobre el tráfico de armas como empresarios experimentados, enfocándose en márgenes, proveedores y logística. Enumeran los nombres de pistolas y rifles con el mismo entusiasmo que lo hacen sobre tenis o autos deportivos que esperan poseer algún día.
JM insiste en que su red no está alineada con ningún grupo criminal, aunque reconoció que la mayoría de las armas que suministra terminan en manos del Cártel de Sinaloa, el cual, según las autoridades estadounidenses, controla en gran medida la ruta de tráfico de armas y drogas entre Arizona y Sonora.
Él y sus amigos adquieren las armas a través de una variedad de fuentes.
Los estudiantes que tienen la edad suficiente para comprar armas de fuego adquieren algunas a vendedores con licencia, según dijeron los traficantes adolescentes. También afirmaron que otros robaban armas irrumpiendo en casas y vehículos, y, a veces, robándoselas a sus propios padres. El Flaco dijo que muchos exploran grupos de compraventa de armas en WhatsApp y Telegram, organizan reuniones y a veces compran armas con billetes falsos. Los traficantes explicaron que, cuando obtienen armas de fuego, a menudo borran los números de serie con pulidores eléctricos para uñas, lo que hace que las armas sean más difíciles de rastrear.
Los traficantes adolescentes dijeron que por lo general guardaban las armas en casas de seguridad, unidades de almacenamiento o incluso en sus propios apartamentos hasta que los miembros de algún cártel las recogen. A veces les pagan a otros estudiantes para que trasladen las armas en auto al otro lado de la frontera y las entreguen en lugares designados en México, dijeron.
JM, un joven oriundo de Phoenix que vive solo mientras sus padres residen en el estado mexicano de Sinaloa, dijo que, hasta hace poco, las tiendas de armas estaban entre las fuentes de suministro más importantes. Describió acuerdos por debajo de la mesa en los que los dueños, gerentes y empleados de las tiendas inflaban los precios para embolsarse una parte de las ganancias.
Afirmó que un proveedor de confianza era Laurence Gray, dueño de Grips By Larry, en Hereford, Arizona. Gray fue acusado formalmente en marzo bajo la Ley Antiterrorista por cargos de intentar proveer armas de fuego al Cártel de Sinaloa y al cártel Jalisco Nueva Generación. Se declaró no culpable de todos los cargos.
Gray declinó hacer comentarios a través de su abogado.
A medida que JM asumía tratos más grandes, traficantes más experimentados le enseñaron los trucos del oficio, incluyendo cómo evadir responsabilidades si un arma de fuego que había comprado de manera legal era recuperada más tarde en la escena de un crimen. El truco más sencillo, dijo, era reportar el arma como robada poco después de comprarla.
“Lo único que tienes que hacer es llamar al 911, decir que te la robaron, dar una ubicación, dar el número de serie y eso es todo”, dijo. “Legalmente, esa arma ya no es tuya”.
Mientras más armas movía, más confianza se ganaba, dijo JM. En poco tiempo, contactos vinculados con los cárteles le estaban ofreciendo acceso a armas de gama más alta y a tratos más grandes.
Los cárteles rara vez compran armas de fuego de manera directa. En su lugar, recurren a capas de intermediarios, reclutadores y compradores en Estados Unidos para crear distancia entre sus miembros y las armas.
Las ganancias pueden ser considerables: una pistola Beretta de 9 milímetros comprada legalmente por unos 700 dólares se puede revender hasta por 1500 dólares. Una pistola Colt .38 Super, preferida desde hace mucho por los cárteles mexicanos, se vende al por menor por unos 1200 dólares en Estados Unidos, pero puede obtener hasta 2500 dólares de compradores de los cárteles en México.
En México, dijo JM, su grupo ha adquirido un apodo entre su clientela: Los Chicos Phoenix.
“Estamos aquí para lo que se ocupe, cualquier grupo”, dijo.
Billetes falsos y regalos espléndidos
En una tarde reciente, un adolescente alto y desgarbado conocido entre sus amigos como el Güero sacó un billete de 20 dólares de su billetera y lo deslizó sobre la mesa.
“¿A poco puede darse cuenta si este billete es falso o de a deveras?”, me preguntó con una sonrisa tonta y mostrando su ortodoncia.
El billete parecía totalmente genuino, pero era falso. Más tarde me mostró que al ponerlo a contraluz, la marca de agua decía claramente “PARA FINES CINEMATOGRÁFICOS”.
El joven de 19 años dijo que había usado fajos de efectivo falso de varios tipos para comprar armas de fuego en todo Phoenix, una táctica que según las autoridades policiales es común entre los traficantes de armas de Arizona. Pasa sus días en grupos de Telegram buscando a personas que vendan armas, dijo. Una vez que encuentra un objetivo, negocia un precio, organiza una reunión en un estacionamiento de algún lugar de la ciudad y se presenta llevando dinero falso.
Eventualmente, las armas llegan a manos de JM y el Flaco. O de quien las necesite.
Para El Flaco, de 18 años, el camino hacia el tráfico de armas comenzó poco después de iniciar la escuela secundaria. Tenía 14 años.
Dijo que poseer un arma era extremadamente común entre sus compañeros de clase en la escuela secundaria. Sus compañeros de la secundaria publican constantemente fotografías de ellos mismos posando con pistolas en Instagram y TikTok. Explicó que algunos llevaban las armas de fuego a la escuela, dejándolas bajo llave dentro de sus autos durante las clases y presumiéndolas después de clases, y agregó que, a veces, las metían a la escuela.
El Flaco dijo que compró su primera arma de fuego, una pistola Glock 19X, a los 14 años, usando el dinero que había ahorrado mientras trabajaba como cocinero de un restaurante. Dijo que luego la vendió a través de un grupo de WhatsApp, usó las ganancias para comprar un rifle y luego lo vendió por casi el doble de lo que había pagado.
“Dije, ‘no pos de aquí soy, ya estoy hecho’”, dijo.
Desde entonces ha estado en el negocio. En noviembre pasado, poco después de cumplir 18 años, abandonó la escuela secundaria.
Es particularmente aficionado a usar su efectivo para consentir a sus novias con ropa y regalos costosos. Una de sus compras más preciadas fue un cachorro de bulldog francés que costó aproximadamente 5000 dólares, dijo. En otra ocasión gastó alrededor de 1000 dólares en un enorme ramo de rosas para otra novia, dijo.
El Flaco dijo que a menudo reclutaba a amigos que recién habían cumplido 18 años para que hicieran compras legales en su nombre a vendedores con licencia o en exhibiciones de armas, para evitar ser identificado por las autoridades. También acude a mercados en línea como Armslist, grupos de WhatsApp y contactos personales para conseguir él mismo las armas.
Una tarde, JM y el Flaco se presentaron en mi hotel llevando una mochila negra. En el interior había un rifle estilo AR-15 desarmado y una granada de mano. JM dijo que había comprado la granada porque pensó que era “cool”.
Más tarde ese día, mientras estaba sentada junto al Flaco, él escroléó por un grupo de compraventa de armas en WhatsApp y se detuvo en una foto de dos rifles estilo AR-15 y seis pistolas. En primer plano, un teléfono celular mostraba una marca de tiempo reciente, una medida de seguridad digital estándar usada por vendedores y compradores para descartar a estafadores y policías encubiertos. En cuestión de minutos, el Flaco estaba intercambiando mensajes directos con el vendedor, regateando por un rifle. El vendedor lo ofrecía por 530 dólares, pero el Flaco finalmente lo dejó pasar, apostando a que podría encontrar un mejor precio en otro lado.
El uso de aplicaciones como WhatsApp, Telegram y Signal para comprar y vender armas de fuego ha aumentado repentinamente en los últimos cinco a diez años, según Gibes, el agente especial a cargo de la división de campo de la ATF en Phoenix.
La tecnología ha facilitado que los traficantes se conecten con compradores y proveedores, reemplazando la necesidad de redes boca a boca, dijo Gibes.
“Con solo ingresar a una aplicación de mensajería puedes solicitar a las personas que adquieran armas de fuego directamente o en nombre de otra persona”, dijo. Sin embargo, incluso cuando los traficantes usan chats grupales encriptados o aplicaciones como Signal, dijo Gibes, los investigadores han desarrollado maneras de identificar a los involucrados y desmantelar las redes.
Sin embargo, para los adolescentes el negocio es demasiado lucrativo para detenerse. El Flaco dijo que incluso en un mal mes ganaba de 4000 a 5000 dólares. Hasta ahora, según dijeron los jóvenes, no han sido arrestados.
Poco más de un mes después de que me fui de Phoenix, me reuní con JM en el estado de Sinaloa, donde vive su madre.
Dijo que la demanda de armas había aumentado significativamente en las últimas semanas, pero también el escrutinio de las fuerzas del orden. Creía que la policía lo estaba cercando, así que había decidido esconderse en Sinaloa, “hasta que las cosas se calmen”, dijo.
“Va a seguir habiendo jale cuando regrese”, agregó.
