Ciudad de México.- En la reciente reunión empresarial de Davos, capital del gran empresariado mundial durante unos días, las mayores expectativas radicaban en la presentación que haría Donald Trump.

El Primer Ministro canadiense

Pero contra todo pronóstico, la figura estelar de la reunión en Davos no fue Trump, sino el Primer Ministro de Canadá Mark Carney.

En efecto, el Mandatario canadiense realizó un descarnado análisis de la situación internacional, y en especial de su arquitectura. Dijo el Premier canadiense "el orden internacional basado en normas tiende a desaparecer. los fuertes actúan según su voluntad y los débiles sufren las consecuencias".

Fue más explícito aún al señalar que "un país que no puede garantizar su suministro alimentario, energético o su defensa tiene pocas opciones. Cuando las normas ya no te protegen, debes protegerte a ti mismo".

Carney posicionó a Canadá como una "potencia media", al igual que muchas otras en el planeta (¿México? ¿Brasil?) y los convocó a asumir la realidad y buscar un orden mundial basado en una geometría variable, donde probablemente sea necesario construir alianzas diversas para enfrentar desafíos distintos.

Llamó la atención la sinceridad y trasparencia de sus palabras, en un medio para diplomáticos donde suelen abundar los eufemismos, cuando no las amenazas veladas y las no tanto. Lo cierto es que el mensaje del Mandatario canadiense caló hondo y sus efectos probablemente se hagan sentir más allá de la reunión de Davos.

¿Y Trump? ¿Y Groenlandia?

La presentación del Presidente Trump tuvo de dulce y agraz, en su narrativa habitual, al autoevaluarse en su primer año de gobierno, se colmó de logros, como el haber derrotado a la inflación en EU junto al incremento de las inversiones y la reanimación de su economía. La verdad es que los números están aún en evaluación y no toda la sociedad estadounidense comparte esa visión. Es más, en estos días la cruzada contra los migrantes que despliega ICE, con fuertes sesgos de racismo, empieza a alterar progresivamente el orden interno del país. Recordemos que a fin de año se llevarán a cabo las llamadas "elecciones de medio término" del Congreso, lo que probablemente irá hegemonizando la agenda doméstica de EU. Y por ende, de la Casa Blanca. Según algunos teóricos, en el caso de la política exterior, "todo es política interna". La contingencia nacional determinaría en gran parte el quehacer exterior.

Como suele suceder, Trump que llegó a Davos con amenazas duras, explicó sin problemas que "no iba a usar la fuerza" en el tema Groenlandia. Ratificando sus genes, se comporta como un negociador empresarial que extrema sus jugadas para amedrentar a sus adversarios. Con el tiempo ese recurso se irá agotando. Por ello, el golpe y la posterior interdicción de Venezuela imponen un elemento disuasivo: la incertidumbre.

El tema Groenlandia está cuestionando la existencia misma de la OTAN, porque, al parecer, para la actual Casa Blanca, su seguridad estaría amenazada, entre otros, por sus aliados europeos. Así, la alianza occidental forjada en las dos guerras mundiales se empieza a resquebrajar. ¿Tienen Europa y EU un enemigo común? No son pocos los analistas que observan que Trump no ve a Moscú como una amenaza. Lo concreto es que los países europeos deberán tomar en sus manos su defensa colectiva, como ya lo está haciendo un grupo de países encabezados por Polonia que invierte más del 5% de su PIB en defensa.

¿Norteamérica unida?

EU, Canadá y México hasta la fecha han unido sus estrategias comerciales, ello facilitó un crecimiento del intercambio al interior del bloque. Pero en el último tiempo se observan movimientos. En primer lugar, el afán de la administración Trump por establecer un nuevo acuerdo. Además, la Casa Blanca no se detiene en lo comercial, le ofrece a Canadá ser el estado 51 de la Unión, y a México le demanda que frene no sólo la migración, sino que reprima a los cárteles de la droga, amenazando con desplegar operaciones terrestres. Como era de esperar, lo último ha sido rechazado de plano por las autoridades mexicanas.

México ha logrado sortear con éxito la amenaza de los aranceles, y las exportaciones a EU subieron cerca de un 6% el pasado año. No es el caso de su balanza comercial con China, que es deficitaria en el mismo período. Canadá, por el contrario, busca diversificar su comercio exterior y mira, entre otros, a China, con quien dialoga al respecto.

Recientemente el Premier canadiense visitó Beijing.

Los tres países norteamericanos deben negociar este año la vigencia o modificación del T-MEC, no será un tema fácil. Lo cierto es que la globalización dinámica que experimentamos en especial luego del derrumbe del muro de Berlín, parece haber llegado a un punto de empantanamiento.

Esto es particularmente notorio cuando el principal impulsor del libre comercio, EU, ha cambiado de opinión bajo la administración Trump. En el primer año de su mandato ha logrado desarticular el mercado mundial alegando que la globalización ha terminado por perjudicar a su economía.

Podría decirse que, en este plano, la iniciativa estratégica la mantiene la Casa Blanca, pero está por verse si podrá mantener el ritmo. Lo que sí es claro es que ha minado la confianza de muchos de sus aliados, empezando por los europeos.

Respecto a América Latina, el giro proteccionista e intervencionista a la vez de la diplomacia (si así se le puede llamar) estadounidense abrirá un amplio abanico de reacciones. Combatir al narcotráfico y al delito organizado debiera ser una tarea colectiva, dada la coincidencia de objetivos, pero si va unido a amenazas del uso unilateral de la fuerza no se construye confianza mutua. A su vez, condicionar las relaciones de los latinoamericanos con otras potencias raya en la ingerencia en nuestros asuntos internos y trata de imponernos lealtades excluyentes.

2026 empezó a tambor batiente, y lo más probable es que continúe de esa forma el resto del año. Esto abre un amplio campo de análisis para todos los países del planeta. Ya sabemos que, roto el orden mundial, a las potencias (o sea a los países que tienen armamento nuclear y portaaviones que les permita proyectar fuerza) pueden recurrir a su poder para alcanzar sus objetivos. Los países que no somos potencia necesitaremos construir una arquitectura flexible que garantice nuestra independencia y sobrevivencia.

Este dilema, que es global, repercute en nuestro continente y en especial para los dos países que poseen la mayor estatura estratégica en la región: México y Brasil.