Los dos soldados rusos, avanzando a través de una extensión de nieve que les llegaba hasta las rodillas, aparecieron cuando salió el sol. Separado de su compañero por unos dos coches de distancia, el primero intentaba acelerar el paso. Pero el soldado que iba detrás se caía una y otra vez al intentar pisar las huellas frescas, perdía el fusil y se quedaba atascado.
Los oficiales ucranianos vigilaban de cerca cada paso y cada tropiezo en tiempo real, con un dron que transmitía video a un conjunto de pantallas en su cálido puesto de mando. Vistos a las 7:09 a. m., los dos soldados rusos fueron dados por muertos 15 minutos después, tras un ataque ucraniano.
El episodio sirvió como una sombría ilustración de la evolución de la guerra de invierno en Ucrania.
Al principio del conflicto, que comenzó en febrero de 2022, los tanques y otras unidades blindadas pesadas dominaban el campo de batalla. Aunque estos enormes equipos podían moverse cuando una helada profunda endurecía el suelo, los combates se ralentizaban en general en invierno, ya que la nieve y el barro dificultaban la movilidad.
Ahora, mientras drones omnipresentes vigilan y atacan desde el cielo, el blindaje pesado tiene dificultades para moverse en cualquier estación. Las tácticas han cambiado: Rusia envía pequeños grupos de soldados en motocicletas o a pie para intentar infiltrarse en las líneas ucranianas, con la esperanza de que sean menos detectables para los drones.
Militares ucranianos luchando contra las fuerzas rusas en Járkov, Ucrania, en 2022, el año en que Moscú lanzó su invasión a gran escala. En ese momento del conflicto, los tanques y otras unidades blindadas pesadas dominaban el campo de batalla
Para estos pequeños grupos, la misión es prácticamente la misma en cualquier época del año. Por tanto, los combates mantienen en su mayor parte el mismo ritmo, lento, de una estación a otra.
“En realidad nada cambia, ni en verano ni en invierno”, dijo el comandante de un pelotón de infantería ucraniano quien, según el protocolo militar, se identificaba por su nombre de guerra, Salo. “La única diferencia es el frío”.
Ahora que los combates están dominados por drones, las variaciones meteorológicas durante el invierno son “exponencialmente más importantes que en años anteriores”, dijo Franz-Stefan Gady, analista militar afincado en Viena.
Algunos aspectos del clima invernal facilitan el avance de los soldados en la era de los drones. Otros lo complican.
Los árboles están desnudos y sus hojas ya no sirven de camuflaje. Esto hace que los soldados estén más expuestos a los drones y que cualquier movimiento resulte peligroso. Las huellas en la nieve son fáciles de detectar desde arriba. Las bajas temperaturas hacen que las cámaras térmicas de los drones sean más eficaces.
Una tarde reciente, un oficial operador drones contaba con una nevada en la región de Dnipró, en el este de Ucrania. Mientras el cielo estaba azul fuera de su puesto de mando, una ligera nevada caía más cerca de la línea del frente.
“Podemos ver claramente las huellas en la nieve, a dónde conducen, e identificar las posiciones donde se esconde el enemigo”, dijo el oficial, a quien se conoce por el indicativo Shirley.
Sin embargo, cualquier empeoramiento adicional del clima plantearía un problema, advirtió el oficial.
“En cuanto se intensifique la nevada, perderemos visibilidad”, dijo. “Para nosotros, ese es el momento más peligroso”.
Las fuerzas rusas utilizan el clima nublado, la niebla y la nieve intensa como cobertura durante los intentos de infiltración, según analistas y soldados.
“Un porcentaje mayor conseguirá pasar la línea del frente cuando haga mal tiempo”, dijo Rob Lee, experto militar del Instituto de Investigación de Política Exterior, con sede en Filadelfia.
El frío extremo, como el que Ucrania ha estado experimentando en las últimas semanas, también puede afectar en ambos sentidos.
Las temperaturas gélidas acarrean las dificultades de siempre para los soldados en el frente, degradando su capacidad para moverse y luchar. “Estos hombres pasan días enteros a la intemperie”, dijo Lee.
Pero también es duro para los drones. Las bajas temperaturas pueden degradar la duración de la batería. Si nieva, algunos drones pueden quedar inoperativos. Eso supone un riesgo para los avances enemigos.
“El clima y la tecnología no son amigos”, reconoció un sargento de drones que utiliza el indicativo Sol, diciendo que la nieve estaba afectando “mucho” a sus equipos.
Sentado en un futón de un pequeño apartamento, con drones y autos en miniatura decorando las paredes, explicó cómo las hélices de algunos drones eran propensas a congelarse.
Para arreglárselas, dijo, algunos equipos intentan calentar sus drones cerca de estufas de gas. Otros han probado costosos aerosoles descongelantes. Pero de todas las cosas, dijo, frotar las hélices con simple grasa de carne ha resultado ser lo más eficaz, ya que proporciona una capa de protección.
Los equipos de Sol vuelan drones con visión en primera persona, que se pilotan a través de una señal de video en directo. Esos drones, junto con modelos más pequeños de uso recreativo adaptados para el campo de batalla, son los más afectados por las condiciones meteorológicas.
Cuando estos no pueden volar, el ejército ucraniano recurre a menudo a grandes drones bombarderos conocidos como Vampiros. Los equipos que pilotan esos drones tenían mucho menos trabajo en verano, dijo un sargento de pelotón con el indicativo Black, pero “ahora volamos las veinticuatro horas del día”.
A su alrededor caían copos de nieve de tamaño caricaturesco mientras cargaba un camión con suministros para sus pilotos de drones en el frente. Se detuvo varias veces para mirar el reloj. Las carreteras heladas obligaban al camión a avanzar despacio, lo que lo convertía en un objetivo tentador para los drones rusos.
En la carretera, a unos 24 kilómetros hacia la línea del frente, Daryna, una médica, estaba sentada en su pequeño hospital de campaña. Las camas tenían calentadores eléctricos y había dos camillas preparadas con mantas térmicas plateadas. Pero aquel día no había pacientes.
Dijo que parte de la culpa la tenía el clima. La nieve dificultaba el traslado de los heridos fuera de la línea del frente sin ser atacados por drones. Las muertes aumentan, dijo, cuando se retrasa la atención médica.
“Hace un año, recibíamos chicos heridos hacía dos o tres horas”, dijo Daryna, quien pidió que no se revelara su apellido por su seguridad. “Ahora, recibimos chicos que fueron heridos hace una semana”.
Los búnkeres también han cambiado. Debido a la amenaza de los drones deben excavarse a mayor profundidad, lo que resulta más difícil cuando el suelo está helado.
Los soldados deben permanecer en los búnkeres y evitar el movimiento, lo que “aumenta significativamente las posibilidades de supervivencia”, dijo Salo, el comandante del pelotón de infantería.
Reconoció que los drones hacen “un trabajo enorme”. Pero dijo que la infantería seguía siendo fundamental, y no solo porque el mal clima pudiera inmovilizar los drones o reducir la visibilidad.
“El factor humano sigue teniendo que estar presente”, dijo, porque “la infantería mantiene la posición”.
Los analistas dijeron que no estaba claro si Rusia o Ucrania se beneficiarían más del tiempo invernal. Mucho depende de la intensidad del frío y la nieve.
“La dependencia meteorológica de la guerra con drones ha creado una paradoja: ambos bandos dependen de los sistemas no tripulados para el conocimiento de la situación y los ataques de precisión, pero ambos se enfrentan a ventanas operativas limitadas”, dijo Gady, el analista militar.
Aun así, señaló que el invierno tiende a favorecer a los defensores, una opinión compartida por varios soldados ucranianos entrevistados en la región de Dnipró.
Según ellos, los soldados rusos pretenden avanzar, mientras que las fuerzas de Kiev simplemente deben permanecer en su lugar y mantener la posición, limitando su exposición.
“El invierno”, dijo Black, el sargento de pelotón, dando palmadas para entrar en calor, “simplemente hay que soportarlo y esperar a que pase”.
