Seis meses después de que Canadá ampliara la elegibilidad para la ciudadanía a personas con vínculos ancestrales con el país, genealogistas, archivistas y oficinas gubernamentales de registros civiles se han movilizado para responder a la avalancha de nuevas solicitudes de información histórica.
Una decisión judicial de diciembre pasado determinó que era inconstitucional restringir los derechos de ciudadanía más allá de la primera generación. Las personas que puedan demostrar que tienen un antepasado directo nacido en Canadá —un abuelo, un bisabuelo o alguien aún más lejano— pueden solicitar la ciudadanía.
Los solicitantes ahora comparten sus conocimientos de manera colectiva e intercambian experiencias para ayudar a otros a navegar el proceso. Los estadounidenses representan el 48 por ciento de quienes solicitan la ciudadanía canadiense.
Para algunas personas, la ciudadanía abre la posibilidad de volver a conectar con sus raíces familiares, de ofrecer un refugio seguro frente a la inestabilidad política en Estados Unidos o de acceder a los programas sociales de Canadá, como la atención médica y la educación universitaria subvencionada.
Apenas unos meses después de que el presidente Donald Trump iniciara su segundo mandato, Doug y Laurie Junkins estaban listos para marcharse de Estados Unidos de manera definitiva. Estaban preocupados por su hija, que es transgénero, en medio de políticas radicales y recortes de fondos dirigidos contra ese grupo por parte del gobierno.
Canadá fue una opción natural para la mudanza, un trayecto fácil hacia el norte desde su hogar en Seattle. Tras una reunión de una hora con un abogado de inmigración canadiense, la pareja, de poco más de 50 años, se desanimó respecto a sus posibilidades.
“Justo al final de la conversación, Doug dijo: ‘Ay, qué lástima que mi abuelo canadiense no nos pueda ayudar’, y fue como si todo se detuviera de golpe”, dijo Junkins, entrenadora personal que también tiene ascendencia canadiense. El abogado se animó de inmediato y les dio a los Junkins una buena noticia: esos vínculos con Canadá les abrían una vía de acceso.
Fue un gran alivio para Junkins, que habla desde la nueva casa de la familia en Victoria, Columbia Británica. “No creo que hayamos sido nunca más felices de lo que somos ahora”, dijo.
Esto es lo que hay que saber para entender las nuevas reglas de la ciudadanía canadiense.
Primero, descubre tu historia familiar
Las páginas web de genealogía fueron los primeros recursos a los que recurrió Matt May, asesor profesional para trabajadores del sector tecnológico, para desentrañar la migración de su familia desde Quebec a Massachusetts, donde él nació. Encontró de inmediato el certificado de bautismo de su bisabuela a través de una página web gratuita, FamilySearch, gestionada por la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Dijo que también encontró a una bisabuela que se remontaba a 10 generaciones atrás, Hélène Desportes, quien podría haber sido la primera persona de ascendencia francesa nacida en Canadá.
“Eso me dejó alucinado”, dijo May. “Es como ganar la lotería”, añadió.
Para completar su solicitud, May pidió copias de las partidas de bautismo a través de la Biblioteca y Archivos Nacionales de Quebec, que dice haberse visto desbordada por las solicitudes de estadounidenses. Solo el mes pasado, recibió 1969 solicitudes de documentos de archivo, frente a las apenas 87 en el mismo periodo del año pasado.
Las iglesias fueron de las primeras en custodiar los registros civiles en Canadá, una función que, hasta ahora, había pasado casi desapercibida.
En el sótano de la Diócesis Anglicana de Toronto, dos archiveros a tiempo completo dedican cientos de horas a localizar documentos, a veces apenas legibles, que se remontan hasta el año 1800. Están guardados en una bóveda con clima controlado que contiene registros de parroquias de todo el sur de Ontario.
“Pensaba que esto empezaría a ralentizarse, pero no ha sido así”, dijo Claire Wilton, la archivista de la diócesis. Comentó que ni ella ni otros colegas de archivos religiosos habían recibido ninguna comunicación del gobierno advirtiéndoles cómo podrían verse afectados por el cambio de normativa.
Las búsquedas pueden ser agotadoras, dijo Sarah McDougall, la asistente de archivos, cuyo escritorio está lleno de trozos de papel con datos biográficos que está rastreando. Los registros suelen estar desordenados o son ilegibles, y es posible que falten los nombres de los padres, sobre todo en el caso de parejas que se casaron en el siglo XIX.
Pon tus archivos en orden
Aunque no encontrar un registro puede ser desalentador, a menudo hay explicaciones, como puede ser el caso de alguien que se mudó a Estados Unidos entre dos censos. Algunas personas recurren a un genealogista profesional, que puede redactar informes explicando las circunstancias relevantes, dijo Theresa McVean, presidenta de la Asociación de Genealogistas Profesionales de Canadá.
“Si no se puede encontrar un registro, un genealogista, con el tiempo y el contexto adecuados, podría ayudarle a establecer prueba del nacimiento de su ancestro sin un registro”, dijo McVean. “Es un trabajo muy complejo y difícil de llevar a cabo, pero es posible.”
Inmigración, Refugiados y Ciudadanía de Canadá es el departamento federal encargado de tramitar las solicitudes en virtud de la ley ampliada, conocida como Proyecto de Ley C-3. Jeffrey MacDonald, vocero del departamento, aclaró un error común: tener antepasados canadienses lejanos no hace que un solicitante sea automáticamente elegible para la ciudadanía.
En un correo electrónico, MacDonald dijo que los solicitantes deben demostrar una “cadena de relaciones entre padres e hijos a lo largo de cada generación y aportar pruebas sólidas que respalden su solicitud”.
Y pueden surgir obstáculos inesperados.
MacDonald dijo que a “un número limitado” de personas que habían obtenido un certificado de ciudadanía se les pidió recientemente que lo devolvieran mientras se revisaba su expediente para garantizar que la documentación presentada cumpliera con la ley.
La agencia también tiene una lista de verificación para reunir los documentos, que deben enviarse por correo y tienen un costo de 75 dólares canadienses, unos 54 dólares.
Casi una cuarta parte de las 17.400 solicitudes de ciudadanía por descendencia aprobadas entre diciembre de 2025 y marzo se debieron a la ampliación de la ley.
Prepárate para esperar
Hay unas 63.200 solicitudes de ciudadanía pendientes de revisión antes que la presentada por Abbey Campbell, quien abrió una cuenta en TikTok desde su casa en la región del Valle del Hudson, en Nueva York, para documentar su proceso e informar a otros sobre las normas de inmigración.
“Lo que me sorprendió fue la cantidad de gente que buscaba información, y que yo no era la única que se sentía abrumada”, dijo. “Mucha gente simplemente no sabía por dónde empezar”.
En las redes sociales han surgido iniciativas de recopilación colectiva de información, en las que los solicitantes buscan a familiares, comparten consejos sobre los registros parroquiales e intercambian notas sobre los plazos. Hay una extensa hoja de cálculo de Google, alojada en Reddit, con datos de cientos de solicitantes quienes han compartido información sobre cuánto tiempo han tardado en recibir una respuesta.
Campbell ha seguido haciendo videos semanales y respondiendo a las preguntas de la comunidad de futuros canadienses, un espacio que se ha convertido en un símbolo de esperanza e ilusión, según dijo. El tiempo de espera estimado para su solicitud es de 11 meses.
“Mucha gente tiene pensado mudarse allí en cuanto consigan la ciudadanía”, dijo Campbell. “Es un regalo”.
