Abelardo de la Espriella, quien fue abogado penalista y carece de experiencia política previa, el domingo parecía encaminarse a lograr una victoria por un estrecho margen en las elecciones presidenciales de Colombia, lo que supondría un triunfo para sus fervientes seguidores, la derecha internacional y el presidente Donald Trump, quien le había dado su apoyo.
De la Espriella —que pasó de abogado de Miami impecablemente vestido a populista con camiseta de fútbol y sombrero de toquilla— ganó el 49,7 por ciento de los votos con más del 99 por ciento de los votos escrutados, según los resultados preliminares. Iván Cepeda, político de izquierda y veterano defensor de los derechos humanos, recibió el 48,7 por ciento.
La victoria de De la Espriella devolvería a Colombia a un gobierno conservador tras cuatro años de mandato de Gustavo Petro, el primer político de izquierda del país. Además, supone un paso más en el giro regional hacia la derecha que vive Latinoamérica durante el segundo mandato de Trump.
A medida que se iban conociendo los resultados, Bogotá, la capital, estalló con el estruendo de gritos, bocinas de coches y vuvuzelas. La gente salió en masa a las calles, ya fuera para celebrar o para manifestarse en contra. El presidente Petro dijo en redes que “no se puede proclamar ninguno presidente” hasta que se hubieran escrutado los votos, que es el proceso habitual, pero los gritos de “Fuera Petro” resonaban por todas partes.
En Barranquilla, en la costa Caribe de Colombia, estallaron los fuegos artificiales y los seguidores de De la Espriella agitaban bengalas mientras esperaban a que apareciera. En declaraciones a un medio de comunicación, De la Espriella dijo: “Derrotamos al régimen”.
Cepeda dijo a sus seguidores en Bogotá que esperaría al recuento completo de los votos, pero que aceptaba los resultados preliminares. Refiriéndose a los millones de personas que votaron por el gobierno de izquierda que propuso, Cepeda dijo: “Y aquí estamos ante el pueblo colombiano para decirles que somos una fuerza indiscutible en Colombia”.
El domingo por la noche, el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, dijo en las redes sociales que había llamado a De la Espriella para felicitarlo. “El gobierno de Trump espera trabajar codo con codo con su futuro equipo de gobierno”, escribió.
De la Espriella, de 47 años, llevó a cabo una campaña de gran impacto, con llamas generadas por computadora, videos de tigres —su mascota— creados con IA y cánticos ensordecedores contra Petro que terminaron por convertirlo en una especie de celebridad.
Además, prometió “destripar” a la izquierda en Colombia y ha pedido al gobierno del presidente Trump que tome medidas contra sus adversarios políticos, lo que ha llevado a sus críticos a describirlo como un autócrata en ciernes.
Los resultados, que dio a conocer la agencia gubernamental encargada de supervisar las elecciones, revelaron la mayor participación electoral desde que Colombia implantó el sistema de dos vueltas hace más de tres décadas, así como el margen más ajustado entre dos candidatos.
De la Espriella hizo campaña con una plataforma ahora popular entre los líderes de derecha de la región: prometió restablecer la seguridad ante la preocupación por la delincuencia, rescatar al país de lo que describió como la ruina económica provocada por la izquierda y acabar con la corrupción.
En su campaña, de un nacionalismo estridente, se apropió de la bandera, de la camiseta de la selección colombiana de fútbol y del lema patriótico “¡Firme por la patria!”.
No obstante, tomó prestadas ideas —y una hábil estrategia en redes sociales— del líder de mano dura de El Salvador, Nayib Bukele, y del presidente de Argentina, Javier Milei, dos figuras enormemente populares en Latinoamérica.
Al igual que esos líderes, De la Espriella adoptó un tono agresivo. Prometió construir megacárceles y recuperar el país de las políticas progresistas y la “ideología de género”, poniendo a Dios y a la familia en primer lugar.
Su promesa de dar caza a los delincuentes y aplastar a los “narcoterroristas” de Colombia —un término tomado de Trump— caló hondo entre sus seguidores, mientras que alarmó a quienes se oponían a él, alimentando el temor a un mayor derramamiento de sangre y al autoritarismo.
“Suena como régimen militar”, dijo Andro Giovanny Camelo, un taxista de 44 años de Bogotá.
Gran parte del apoyo a De la Espriella provino de las ciudades, no de las zonas rurales remotas donde los grupos armados se disputan las rutas del tráfico de cocaína y las minas ilegales de oro. Pero el candidato aprovechó el temor a un regreso de la violencia extrema de décadas pasadas, cuando grupos guerrilleros colocaban bombas y secuestraban personas incluso en las transitadas calles de Bogotá.
También se centró en la extorsión generalizada de los grupos criminales, que ha paralizado a las pequeñas empresas.
Karlos Morales, un camarero de 28 años que votó el domingo en Barranquilla, dijo que una mayor seguridad traería más empleo e inversión extranjera, que se han visto mermados bajo el mandato del presidente Petro.
Morales dijo que la izquierda había pedido una oportunidad, pero que él no había visto resultados muy buenos.
Para reforzar su mensaje sobre la seguridad, De la Espriella hizo campaña con un chaleco antibalas, pronunció discursos en mítines detrás de un cristal blindado y denunció la violencia de la campaña, incluidos los asesinatos de otro candidato presidencial conservador y de dos de sus propios colaboradores de campaña.
De ocupar la presidencia, De la Espriella enfrentará enormes desafíos que podrían poner a prueba su popularidad, desde someter a grupos armados que cuentan con drones y otros armamentos sofisticados hasta hacer frente a un importante déficit presupuestario tras el elevado gasto del gobierno de Petro. También tendrá que abordar la nacionalización del sistema de salud, que, según muchos colombianos, les ha dificultado el acceso a la atención médica y a los medicamentos.
Ha transmitido confianza al destacar a su vicepresidente.
Aunque De la Espriella se presentó como un independiente antisistema y de mano dura, eligió como compañero de fórmula a un respetado exministro de Comercio, José Manuel Restrepo, una decisión que, según muchos votantes, les tranquilizó a la hora de votar por un recién llegado.
“Eso le da credibilidad”, dijo Brayan Emanuel Ariza, un estudiante de empresariales de 32 años de Bogotá. “No hubiera tenido los votos que tiene”.
Dijo que De la Espriella, criado en una región ganadera cercana a la costa Caribe, representaba la energía y el humor desenfadado del Caribe colombiano, mientras que Restrepo, oriundo de la capital andina, era “más serio”.
De la Espriella ha defendido que traerá prosperidad a Colombia al colaborar de manera más fluida con Estados Unidos, tras la tensa relación entre Petro y Trump.
Aunque hizo del patriotismo uno de los ejes de su campaña, De la Espriella evitó mencionar en sus actos sus vínculos cercanos con Estados Unidos, donde vivió más de una década en Florida y se naturalizó como ciudadano estadounidense en 2023. No hubo banderas estadounidenses ni gorras de MAGA.
Pero viajó a Florida para conseguir apoyos para su candidatura entre los legisladores republicanos y la diáspora colombiana. Y para cumplir sus ambiciosos objetivos en materia de seguridad, dijo que incorporará a Colombia a una nueva coalición militar estadounidense para combatir a los carteles del narcotráfico.
Tras recibir este mes un respaldo entusiasta de Trump y el apoyo explícito del senador por Ohio Bernie Moreno, entre otros, De la Espriella comenzó a enfatizar que contaba con el respaldo de Estados Unidos.
También endureció sus amenazas contra sus adversarios y prometió que el gobierno de Estados Unidos actuaría contra cualquiera que intentara obstaculizar las elecciones, por ejemplo, comprando votos para favorecer a su rival.
Los colombianos empezaron a tomarse en serio esa retórica la semana pasada, cuando las autoridades estadounidenses detuvieron a un activista colombiano en Arizona que se había pronunciado en contra de De la Espriella. Ese mismo día, el secretario de Estado, Marco Rubio, emitió un memorando en el que sostenía que el activista, Beto Coral, podía ser deportado porque su activismo interfería con los objetivos de la política exterior de Estados Unidos, según comprobó The New York Times.
A medida que se acercaban las elecciones del domingo, las amenazas de De la Espriella se volvieron cada vez más encendidas.
Dijo en una entrevista que estaba “saboreando” la idea de que hubiera protestas si Petro llamaba a sus seguidores a salir a la calle para impugnar los resultados electorales, y prometió enterrar a cualquiera que cuestionara su victoria en cárceles “a 15 metros bajo tierra, sin sol ni agua”.
La carrera de De la Espriella se ha caracterizado por su audacia.
En Miami, se hizo famoso por representar a clientes de alto perfil en Colombia, entre ellos muchos acusados de tráfico de drogas y corrupción o envueltos en escándalos relacionados con los paramilitares de derecha. Dijo que “solo acepto procesos que me despiertan interés y vértigo”.
Entre sus clientes figuró Alex Saab, acusado posteriormente por las autoridades estadounidenses de ayudar a Nicolás Maduro, expresidente de Venezuela, a lavar cientos de millones de dólares originalmente destinados a ayudar a los pobres. De la Espriella ha restado importancia a su relación con Saab, quien actualmente está bajo custodia en Estados Unidos.
Antes de entrar en política, De la Espriella también era conocido por ser un bon vivant extravagante. Cantaba ópera, llevaba trajes a medida y grabó por cuenta propia un álbum con versiones de éxitos de artistas como Andrea Bocelli y Frank Sinatra. En el video de su versión en español de “My Way”, aparece comiendo sushi a bordo de un jet privado.
Puso en marcha varios negocios, desde un piano-bar hasta una línea de artículos de lujo llamada De La Espriella Style, y se asoció con una empresa de ron. En la fase previa a su campaña, vendió relojes caros de edición limitada a los donantes.
Muchos en Colombia reconocieron en el candidato una figura familiar.
Manuel José Cepeda, un destacado politólogo y expresidente de la Corte Constitucional de Colombia, quien no tiene ningún parentesco con el candidato de izquierda, dijo que nunca había visto a dos líderes más afines que Trump y De la Espriella.
De la Espriella generó un fuerte impulso al eludir a los intermediarios tradicionales del poder e ir directamente a la gente, empezando por sus celulares.
Sus mensajes en línea alternaban entre ataques a gritos contra la izquierda, videos de entrenamiento en los que aparecía sudando y videos generados por IA que mostraban a sus rivales conspirando contra él o enfrentándosele en un partido de fútbol.
También hablaba de su rutina diaria, que empieza con la oración —un pilar clave de su campaña, centrada en la derecha religiosa—, y presumía de su mujer y de sus cuatro hijos.
Si bien De la Espriella se ganó a muchos colombianos prácticamente de la noche a la mañana, también se encontrará con un país extremadamente polarizado.
Pero el domingo, buena parte de Colombia parecía haberse puesto camisetas amarillas y disfraces de tigre para apoyarlo. Reinaba una sensación de optimismo apasionado, junto con simple curiosidad.
La izquierda, dijo Juan Manuel Viarte, un estudiante de ingeniería de 32 años de Bogotá, no había funcionado y quería probar algo nuevo.
