Trump, deseoso de salvar al expresidente derechista brasileño Jair Bolsonaro de la cárcel el año pasado, impuso fuertes aranceles al país y sanciones a un juez del Supremo Tribunal Federal de Brasil que investigó a Bolsonaro. Fracasó, y Bolsonaro fue condenado a 27 años de prisión por planear un golpe de Estado tras perder las últimas elecciones.
Ahora, el principal enviado del gobierno de Trump a Brasil está reavivando los temores de que Washington no haya terminado el asunto. El enviado, Darren Beattie, quería reunirse con el hijo mayor y sucesor político de Bolsonaro y visitar al expresidente que está en prisión. La medida provocó una feroz reacción en Brasil, que acusó al gobierno de Trump de intentar interferir en sus asuntos internos a pocos meses de las próximas elecciones presidenciales, en las que hay mucho en juego.
Beattie, quien fue despedido del primer gobierno de Trump por asistir a una reunión de supremacistas blancos y ha criticado los esfuerzos de Brasil por frenar la desinformación en internet, se convirtió recientemente en el nuevo asesor principal del Departamento de Estado para la política hacia Brasil. Se suponía que realizaría su primera visita oficial a Brasil la próxima semana.
Pero después de que las autoridades brasileñas se enteraron de que Beattie planeaba reunirse con aliados de la derecha sin programar ningún encuentro diplomático con el gobierno político de izquierda del país, desbarataron los planes del funcionario estadounidense.
El jueves por la noche, el Supremo Tribunal Federal dictaminó que Beattie no podía visitar al exdirigente encarcelado. Y el viernes, el Ministerio de Asuntos Exteriores del país revocó el visado de Beattie, alegando que se había obtenido de manera fraudulenta. Un portavoz del ministerio acusó a Beattie de “tergiversar intencionadamente un hecho material o cometer fraude”. La prohibición de visado es permanente, pero Beattie podría solicitar una exención.
Un portavoz del Departamento de Estado dijo que Beattie “viajará pronto a Brasil y promoverá la agenda de política exterior de Estados Unidos Primero”, pero no respondió a preguntas sobre la agenda del viaje ni sobre la preocupación de Brasil por la injerencia estadounidense.
A meses de una votación que probablemente volverá a enfrentar al presidente Luiz Inácio Lula da Silva, un líder político de izquierda, con el movimiento de Bolsonaro, muchos en Brasil vieron la agenda de Beattie como un claro intento de respaldar a un aspirante de derecha en la mayor democracia de América Latina.
El nombramiento de Beattie, una figura leal al movimiento MAGA que ha tratado de apuntalar un movimiento transnacional de derecha, también puso al descubierto los esfuerzos del gobierno de Trump por empujar hacia la derecha a uno de los pocos países de izquierda que quedan en Latinoamérica, al tiempo que el presidente estadounidense trata de estrechar su control sobre el hemisferio occidental.
Es demasiado pronto para saber qué impacto, si es que lo hay, pueden tener el nombramiento de Beattie y su apoyo derechista en las elecciones presidenciales de Brasil, altamente impredecibles. Hasta hace poco, Lula lideraba las primeras encuestas por un amplio margen, pero esa ventaja se ha reducido y ahora está prácticamente empatado con Flávio Bolsonaro.
Sin embargo, la mera posibilidad de un respaldo estadounidense a Flávio Bolsonaro, senador brasileño, pareció ayudar a galvanizar un movimiento de derecha que se había apagado después de que el mayor de los Bolsonaro fuera condenado por supervisar un plan fallido para dar un golpe de Estado cuando perdió las elecciones de 2022 frente a Lula.
Eduardo Bolsonaro, otro de los hijos del expresidente, rechazó las sugerencias de una intervención de Estados Unidos, afirmando que la supervisión estadounidense solo garantizaría que las voces conservadoras no fueran censuradas injustamente durante las elecciones.
“Dejemos de hablar de intervención estadounidense”, dijo Eduardo Bolsonaro, quien ha estado viviendo en Estados Unidos mientras presiona a la Casa Blanca para que ayude al movimiento de su padre.
Al igual que los partidarios de Bolsonaro, Beattie ha criticado duramente al Supremo Tribunal Federal de Brasil por ordenar a las plataformas de las redes sociales que retiren contenidos considerados odiosos o amenazadores para la democracia, calificando tales medidas de atentado contra la libertad de expresión.
En el pasado, las propias opiniones de Beattie le han acarreado problemas. Durante el primer gobierno de Trump, fue despedido de un trabajo como redactor de discursos tras intervenir en una conferencia a la que asistieron nacionalistas blancos. Ha hecho publicaciones en las redes sociales sobre los motivos de queja de los blancos, incluida una en la que decía “los hombres blancos competentes deben estar al mando si uno quiere que las cosas funcionen”.
Ahora, el primer intento de visita de Beattie a Brasil amenaza con provocar una nueva ruptura diplomática entre las dos naciones más grandes del Hemisferio Occidental, que solo recientemente han empezado a mejorar sus relaciones.
Washington solicitó un visado para Beattie la semana pasada, alegando que asistiría a una conferencia sobre minerales críticos patrocinada por Estados Unidos y que se reuniría con las autoridades brasileñas, según un funcionario brasileño de alto rango que habló bajo anonimato para discutir una situación confidencial.
Después, el 10 de marzo, un abogado de Bolsonaro pidió a un tribunal que permitiera que Beattie se reuniera con el exmandatario encarcelado fuera del horario oficial de visitas, alegando la apretada agenda diplomática del funcionario estadounidense.
Alexandre de Moraes, el magistrado del Supremo Tribunal Federal que supervisó el caso de Bolsonaro, autorizó inicialmente la visita, pero solo durante el horario normal. Cuando el abogado de Bolsonaro insistió en un horario especial, el juez pidió detalles sobre los compromisos diplomáticos de Beattie. En ese momento, dijo el funcionario brasileño, no había ninguno.
La embajada estadounidense en Brasil envió finalmente al Ministerio de Asuntos Exteriores una solicitud informal de última hora para reunirse, según un documento judicial revisado por The New York Times.
Cambiando de opinión, Moraes prohibió la visita a la prisión. En una sentencia dictada el jueves por la noche, sugirió que los funcionarios estadounidenses tergiversaron el motivo del viaje diplomático de Beattie en su solicitud de visado.
El Ministerio de Asuntos Exteriores del país también expresó su preocupación por el intento de Beattie de visitar a Bolsonaro antes de unas elecciones, afirmando que “puede constituir una injerencia indebida” en los asuntos internos de Brasil. Luego decidió revocarle el visado por completo.
Lula dijo que el visado de Beattie solo se restablecería cuando se permitiera el regreso a Estados Unidos de su propio ministro de Salud. El visado de ese funcionario fue revocado el año pasado, como parte de la disputa diplomática entre las dos naciones, desencadenada por los intentos de Trump de presionar a Brasil para que abandonara la causa penal contra Bolsonaro.
La nueva crisis amenaza una frágil tregua diplomática entre Estados Unidos y Brasil,forjada recientemente tras meses de tensiones. Trump y Lula tenían previsto reunirse en Washington este mes para hablar de comercio, minerales críticos y crimen organizado, aunque la visita se pospuso debido al conflicto en Irán y no se ha fijado una nueva fecha.
