Chihuahua, Chih.- Entre tambores, cantos y un profundo simbolismo religioso, la comunidad rarámuri del asentamiento El Oasis celebró el Sábado de Gloria con la ya tradicional danza y quema del “Judas”, un monigote de trapos que representa la lucha entre el bien y el mal.
Desde la tarde del viernes, hombres, mujeres y niños comenzaron los preparativos para este ritual ancestral que mezcla elementos de la fe católica con las creencias indígenas. Durante toda la noche, los rarámuri danzaron al ritmo del tambor, acompañados por el tesgüino, bebida tradicional que forma parte de sus ceremonias.
Al amanecer del sábado, la danza continuaba en el patio de la escuela rarámuri, convertido en un espacio lleno de tradición y significado. Vecinos de la colonia Martín López se dieron cita para presenciar esta celebración que año con año reúne a decenas de asistentes.
Fue alrededor de la 1:00 de la tarde cuando oficiaron la misa, tras la cual los danzantes formaron círculos frente al sacerdote, mientras los tambores marcaban el ritmo de una ceremonia que honra la pasión y resurrección de Jesucristo.
El momento más esperado llegó con la aparición del monigote de trapo representado por un muñeco en forma de chango conocido como “Judas”. La figura fue pasada de mano en mano entre los participantes, principalmente por el grupo que representa el bien y, luego de un pequeño descanso, varios rarámuri lo custodiaron mientras el "Judas" permaneció en el suelo. Sin embargo, integrantes del grupo del mal irrumpieron para arrebatarlo, desatando una intensa confrontación simbólica.
Entre carreras, jaloneos y enfrentamientos cuerpo a cuerpo, los participantes disputaron el control del "Judas", llevándolo incluso hasta el fondo de un barranco. En esta lucha ritual, hombres y mujeres se toman del cinto y forcejean hasta derribar a su oponente, en una representación física del conflicto entre las fuerzas opuestas.
Ataviados con taparrabos, penachos y con el cuerpo pintado de blanco, por lo cual son conocidos como “pintos”, los hombres encarnan a los bandos en pugna.
Las mujeres, por su parte, portan coloridas faldas de olanes, sumándose también a la danza y, en algunos casos, a la contienda.
Finalmente, como marca la tradición, el grupo vencedor logra apoderarse del monigote, el cual es reducido a cenizas. En ocasiones, el "Judas" es incendiado en medio de la disputa, simbolizando el castigo al traidor Judas Iscariote a Jesús antes de su crucifixión, y su incineración representa el castigo al mal y la renovación espiritual de la comunidad. Esta celebración, arraigada en la cultura rarámuri, representa no sólo una expresión de fe, sino también la preservación de una identidad que ha sabido adaptar elementos externos a su cosmovisión, manteniendo viva una de las tradiciones más emblemáticas del Sábado de Gloria.
