Chihuahua.- Antes de la conmemoración del Día del Abuelo, miles en México se preparan para reconocer a quienes representan experiencia, cariño y una parte fundamental de la historia familiar. Aunque para muchos esta fecha es sinónimo de reuniones, abrazos y momentos compartidos con los nietos, también existen historias en las que la distancia física o las circunstancias de la vida impiden que esa convivencia sea tan cercana, recordando la importancia de mantener contacto con aquellos a quienes llamamos abuelos.

En México, el Día del Abuelo es celebrado cada 28 de agosto, una fecha dedicada a reconocer el papel que desempeñan los adultos mayores dentro de las familias y la sociedad. Más allá de los regalos o las felicitaciones, la celebración busca destacar el valor de la convivencia entre generaciones, donde los abuelos transmiten enseñanzas, tradiciones y experiencias, mientras que los nietos les brindan compañía, afecto y nuevas alegrías.

Especialistas coinciden en que mantener una relación cercana entre abuelos y nietos fortalece los vínculos familiares. Para los menores representa una oportunidad de aprender de quienes han vivido distintas etapas de la vida, mientras que para los adultos mayores significa mantenerse activos emocionalmente, sentirse acompañados y encontrar un nuevo propósito al compartir tiempo con sus familias.

Jugar, contar historias, acudir al parque, ayudar con las tareas o simplemente conversar son actividades que fortalecen ese lazo. Para muchos abuelos, los nietos representan una segunda oportunidad para disfrutar la infancia desde otra perspectiva, ahora sin las responsabilidades que implicó la crianza de sus propios hijos.

Sin embargo, no todas las historias son iguales.

José Antonio Ortiz Carrasco lleva poco tiempo siendo abuelo. Explicó que decidió formar una familia a una edad mayor y que su hijo también hizo lo mismo, por lo que actualmente tiene un solo nieto de siete años.

Recordó que recibir la noticia de que sería abuelo fue motivo de felicidad, pues considera que un nieto representa la continuidad de la familia y una prolongación de la propia sangre.

"Comienza uno a verlo como hijo", expresó al describir el cariño que siente hacia su nieto.

No obstante, reconoció que la convivencia no es tan frecuente como quisiera. Debido a la distancia, pocas veces puede verlo y normalmente ocurre cuando una de sus hijas lleva al pequeño para visitarlo.

Su historia refleja una realidad que viven muchas familias, donde el afecto permanece intacto, pero la distancia limita los momentos compartidos.

Un contraste similar vive Alejandro Pérez Carrasco, aunque por una razón distinta.

Explicó que la mayor parte de sus nietos viven en Estados Unidos y que el contacto con ellos prácticamente se ha perdido. Comentó que únicamente uno de ellos mantiene comunicación con él mediante llamadas telefónicas.

Incluso describió esa experiencia como una "pesadilla", al considerar que el estilo de vida en aquel país dificulta mantener la cercanía entre generaciones.

Desde su perspectiva, en México todavía existe una cultura donde el abuelo conserva un lugar especial dentro de la familia, siendo visto como una persona sabia y digna de respeto.

"Veo a los abuelos de México que sí tienen una estructura más humana", comentó.

En contraste, opinó que en Estados Unidos muchas veces los adultos mayores dejan de ser valorados cuando concluye su vida laboral.

Como mensaje para otras familias que viven separadas, hizo un llamado a recuperar la importancia de la experiencia de los adultos mayores.

"Ojalá que algún día nos humanicemos más para valorar lo que es la experiencia y no nada más el billete", expresó.

Las historias de José Antonio y Alejandro muestran que ser abuelo continúa siendo motivo de orgullo, ilusión y cariño, incluso cuando la convivencia cotidiana no siempre es posible.

Mientras algunas familias tienen la oportunidad de compartir tardes de juegos, celebraciones y conversaciones con los abuelos, otras enfrentan la separación provocada por la distancia, el trabajo o la migración.

Aun así, ambos coinciden en que el vínculo entre abuelos y nietos merece fortalecerse, pues el tiempo compartido, por breve que sea, deja recuerdos que trascienden generaciones y mantiene viva una de las relaciones más valiosas dentro de la familia.