Chihuahua.- El arzobispo de Chihuahua, Constancio Miranda Weckmann, ofició ayer la homilía dominical en la Catedral capitalina, donde exhortó a los fieles católicos a vivir con humildad y sencillez de corazón, al advertir que la soberbia aleja a las personas de Dios y termina por conducirlas al fracaso espiritual.
“La gracia de Dios se oculta ante los soberbios, pero se revela a los puros y humildes de corazón. Quien se deja vencer por la soberbia termina alejándose del camino del Señor, porque el orgullo conduce al fracaso y no a Dios”, reflexionó durante su sermón, además de mencionar que la gracia de Dios permanece oculta para quienes son dominados por el orgullo, mientras que está manifiestada plenamente en quienes conservan un corazón puro y humilde.
Explicó que el Evangelio invita a reconocer las propias limitaciones y a confiar plenamente en el Señor, pues sólo quien actúa con sencillez puede abrirse a la voluntad de Dios y recibir sus bendiciones.
Manifestó que la humildad no representa debilidad, sino la fortaleza de reconocer que todo proviene de Dios y que ninguna persona es superior a otra. Añadió que la sociedad actual enfrenta el desafío de vencer el egoísmo, la vanidad y el deseo de sobresalir a cualquier costo.
El obispo invitó a los creyentes a examinar su vida cotidiana y preguntarse si sus acciones están guiadas por el servicio al prójimo o por el afán de reconocimiento personal, recordando que Jesucristo enseñó con su ejemplo que el verdadero discípulo es aquel que sirve con amor y sin buscar honores.
Pidió a los fieles pedir a Dios el don de la humildad para fortalecer su vida espiritual y construir relaciones basadas en el respeto, la fraternidad y la caridad, pues, afirmó, sólo un corazón humilde puede experimentar plenamente la presencia y la gracia del Señor.
Esto, lo basó en el Evangelio según San Mateo, el cual, dice textualmente lo siguiente: “En aquel tiempo, exclamó Jesús: Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera”.
