Chihuahua.- En Chihuahua existen más de 200 personas en situación de calle, de acuerdo con estimaciones del DIF municipal, algunas del las cuales viven historias de abandono, enfermedades, adicciones, problemas de salud mental, pobreza extrema y una realidad que pocas veces ocupa espacio.
Son hombres y mujeres que diariamente recorren las calles, parques, puentes y espacios abandonados en busca de refugio o alimento y, aunque forman parte de la sociedad, han pasado a ser invisibles para las instituciones o gran parte de la población.
Tal es el caso de una persona que fue captada en video por El Diario cuando ingresaba al registro del sistema de drenaje pluvial en la avenida Universidad, frente al Hospital Regional Número 01 Unidad Morelos del IMSS.
Trabajadores de una cafetería ubicada en la zona señalaron que el hombre es visto prácticamente todos los días entrando y saliendo de la alcantarilla, la cual utiliza para resguardarse de las altas o bajas temperaturas y las lluvias.
La Comisión Estatal de los Derechos Humanos de Chihuahua (CEDH) ha señalado que el acceso a una vivienda digna forma parte de los Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales (DESCA), que buscan garantizar las condiciones necesarias para que toda persona pueda desarrollar una vida digna.
Desde esa perspectiva, las personas en situación de calle conservan plenamente todos sus derechos fundamentales, independientemente de su condición económica o social. Esto implica que las autoridades tienen la obligación de protegerlas, evitar actos de discriminación y generar políticas públicas que atiendan problemáticas como la falta de vivienda, el acceso a la salud y la asistencia social.
Sin embargo, para quienes sobreviven en las calles, la distancia entre el reconocimiento de un derecho y su cumplimiento suele ser enorme.
La falta de un hogar también expone a esta población a riesgos permanentes para su salud. El presidente del Colegio de Médicos de Chihuahua, Jesús Lozano, explicó que quienes viven sin hogar enfrentan diariamente contaminación del aire, del suelo y del agua.
Señaló que muchas de estas personas consumen agua obtenida de fuentes inseguras porque no tienen acceso a líquido potable, situación que incre
“Lo que puede pasarles, psicológicamente hablando, cuando sufren ese rechazo diario, es que se aíslan socialmente, baja su autoestima y sienten vergüenza”
PAULINA RIQUELME PSICÓLOGA
menta el riesgo de infecciones gastrointestinales severas.
Además, la exposición continua a contaminantes ambientales puede contribuir al desarrollo de enfermedades respiratorias, problemas neurológicos y otras afectaciones derivadas de las condiciones en las que sobreviven.
“Hay muchísimos microorganismos que pueden darles infecciones gastrointestinales y que los pueden llegar a matar incluso”, advierte.
Pero las heridas de la vida en la calle no siempre son visibles. La psicóloga Paulina Riquelme explica que éstas suelen enfrentar un fenómeno conocido como aporofobia, un término utilizado para describir el rechazo o desprecio hacia quienes carecen de recursos económicos.
“Lo que puede pasarles, psicológicamente hablando, cuando sufren ese rechazo diario, es que se aíslan socialmente, baja su autoestima y sienten vergüenza”, señala.
La especialista refiere que diversos estudios han documentado una percepción social que responsabiliza a las personas en situación de calle de su propia condición, bajo la idea de que no se esfuerzan lo suficiente para salir adelante.
“Eso hace que el rechazo sea aún más fuerte y que nosotros como sociedad no hagamos algo más por integrarlos”, explica.
Riquelme señala que esta realidad puede analizarse desde la teoría de la jerarquía de necesidades de Abraham Maslow. Mientras la mayoría de las personas puede aspirar a metas relacionadas con el desarrollo personal, quienes viven en las calles continúan luchando por satisfacer necesidades básicas como alimentarse, dormir o mantenerse a salvo.
“Primero está comer, dormir, tomar agua e ir al baño. Después viene la seguridad, que es tener un techo y la certeza de que tu vida no está en riesgo. Ellos ni siquiera llegan a ese nivel”, comenta.
La falta de seguridad permanente genera consecuencias emocionales profundas. Muchos desarrollan hipervigilancia, un estado de alerta constante provocado por el miedo a sufrir agresiones, robos o cualquier otro peligro mientras duermen o permanecen en espacios públicos.
“Viven expuestos al peligro y sienten que están en alerta todo el tiempo”, afirma.
La psicóloga agrega que algunas personas pueden desarrollar trastornos disociativos, depresión, aislamiento social y una profunda sensación de desesperanza.
“Esa desesperanza de que nunca van a salir adelante hace mucho más difícil que puedan terminar con esa situación de calle”, explica.
El resultado suele convertirse en un círculo difícil de romper. La falta de vivienda deteriora la salud física y mental, mientras que esos problemas reducen las oportunidades de encontrar empleo, acceder a tratamientos o reconstruir vínculos familiares y sociales.
Más allá de las estadísticas, lo que explican la psicóloga Paulina Riquelme y el doctor Jesús Lozano dejan ver que las personas en situación de calle representan uno de los sectores más vulnerables de la sociedad. Son ciudadanos cuyos derechos continúan vigentes, aunque muchas veces permanezcan olvidados. Su realidad plantea un desafío que va más allá de la asistencia temporal o de la caridad ocasional.
