Chihuahua.- La producción de sotol en el municipio de Aldama, a unos cuantos minutos de la capital, continúa consolidándose como una de las actividades más representativas del patrimonio cultural y económico de la región, gracias al trabajo de familias y productores que han mantenido viva una tradición que transmiten de generación en generación y que hoy busca equilibrar el crecimiento comercial con la conservación de los recursos naturales.

De acuerdo con el antropólogo Jesús Martínez, una de las principales características de la industria sotolera en Chihuahua es que gran parte de la materia prima utilizada sigue proveniendo de plantas silvestres, situación que ha obligado a productores y autoridades a implementar medidas para evitar la sobreexplotación de esta especie característica del desierto.

Sin embargo, reconoció que el aprovechamiento intensivo representa uno de los mayores desafíos para el sector, por lo que organismos como la Comisión Nacional Forestal (Conafor) y los propios productores han impulsado regulaciones y prácticas enfocadas en garantizar la sustentabilidad del recurso.

Martínez señaló que durante la última década los consejos reguladores y las asociaciones de productores han fortalecido los mecanismos de supervisión para evitar que el crecimiento de la demanda repita problemas observados en otras bebidas tradicionales del país, como el tequila, algunos mezcales e incluso el bacanora en Sonora, donde la presión sobre las plantas silvestres ha generado preocupaciones ambientales.

“Buscan que la sustentabilidad no sea solamente una palabra en la etiqueta, sino una práctica real”, indicó.

En Aldama existen alrededor de 15 sotoleros registrados que participan activamente en la elaboración y en la preservación de los conocimientos tradicionales asociados a esta bebida.

Para muchas familias, el sotol representa más que una actividad económica: es parte de la identidad regional y de la historia de las comunidades rurales.

Uno de los ejemplos es Casa Ruelas, considerada una de las casas productoras con mayor tradición en la zona.

Sus integrantes han trabajado el sotol desde tiempos de sus abuelos y bisabuelos, acumulando conocimientos que hoy permiten mantener métodos artesanales sin perder de vista la necesidad de conservar la planta.

Martínez destacó que los propios productores son los primeros interesados en proteger el recurso natural. “Son ellos quienes dicen que no se debe acabar porque es parte de su vida y de su futuro”, comentó.

El proceso de elaboración del sotol conserva técnicas ancestrales que lo distinguen de otras bebidas destiladas mexicanas. A diferencia del maguey utilizado para el tequila, cuya jima se realiza directamente sobre el terreno, la planta de sotol requiere un procedimiento diferente.

Una vez extraída, la colocan invertida y eliminan manualmente las hojas con herramientas tradicionales hasta obtener el corazón o piña.

Posteriormente, las piñas son colocadas en hornos de tierra donde permanecen entre cuatro y cinco días. En esta etapa, la experiencia de los maestros sotoleros resulta fundamental, ya que deben controlar los tiempos de cocción según las condiciones climáticas y las características de cada lote.

Los hornos tradicionales utilizan piedras volcánicas y leña de especies propias de la región, como el mezquite, elementos que aportan aromas y sabores distintivos al producto final.

Esta combinación de conocimientos empíricos y recursos del entorno es la que ha permitido que el sotol conserve un perfil único reconocido cada vez más, dentro y fuera del país.

Pero el patrimonio productivo de Aldama no está limitado al sotol.

Paralelamente, familias como los Gameros han construido una importante tradición en la apicultura y en la elaboración de productos derivados de la miel, actividad que también forma parte de la identidad económica local.

A lo largo de los años, han desarrollado una amplia variedad de alimentos artesanales que incluyen miel natural, mermeladas y los tradicionales jamoncillos, elaborados mediante recetas que han pasado de una generación a otra.

Su trabajo representa un ejemplo de cómo las actividades rurales pueden transformarse en proyectos que agregan valor a las materias primas de la región.

Tanto la elaboración de sotol como la apicultura comparten un elemento esencial: el vínculo con el territorio y el aprovechamiento responsable de los recursos naturales.

Mientras los sotoleros buscan garantizar la permanencia de las plantas del desierto, los apicultores dependen de ecosistemas sanos para mantener la actividad de las abejas y la calidad de sus productos.

Estas tradiciones reflejan la riqueza cultural y productiva de Aldama, donde el conocimiento heredado, el trabajo familiar y la adaptación a nuevos mercados permiten que actividades centenarias continúen vigentes.

En un contexto donde los consumidores valoran cada vez más los productos artesanales y de origen local, tanto el sotol como la miel se perfilan como símbolos de una identidad regional que apuesta por la conservación de sus raíces sin renunciar al desarrollo económico.