Chihuahua.- Por la conmemoración de San Juan Bautista hoy, habitantes de Chihuahua fueron llamados a conmemorar la fecha desde una perspectiva de conciencia ambiental y de valoración del patrimonio histórico, dejando de lado una de las prácticas más arraigadas: desperdiciar agua en una ciudad marcada por la sequía.
Aunque la tradición popular dicta que durante el Día de San Juan acostumbran arrojar agua entre familiares, amigos y vecinos, diversas voces han insistido en replantear esta costumbre ante la realidad que enfrenta la capital del estado, donde la escasez del recurso hídrico se ha convertido en un problema recurrente.
La fecha también representa una oportunidad para recordar la historia de la antigua misión de San Juan Bautista, ubicada en el tradicional barrio de Nombre de Dios, uno de los sitios más emblemáticos y antiguos de la ciudad de Chihuahua.
De acuerdo con el proyecto de restauración documentado por Misiones Coloniales de Chihuahua, este lugar tiene sus orígenes en 1592, cuando sirvió como punto de descanso durante la expedición encabezada por Juan de Oñate rumbo a Nuevo México. El recorrido quedó registrado por el militar y poeta Gaspar Pérez de Villagrá en la obra "Historia de la Nueva México", publicada en 1610.
Con el paso de los años, esta ruta adquirió gran relevancia durante el Virreinato y formó parte del Camino Real de Tierra Adentro, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, al convertirse en un corredor utilizado por misioneros y comerciantes entre el centro y el norte del territorio novohispano.
Los misioneros franciscanos establecieron en este punto una capilla conocida originalmente como San Cristóbal, la cual dependió primero de la misión de Santa Isabel y posteriormente de la de San Francisco de Conchos, hasta convertirse en un importante centro religioso de la región. Sin embargo, la misión fue abandonada a mediados del siglo XVII y el edificio original desapareció hacia finales del siglo XIX, cuando construyeron el templo que actualmente permanece en pie.
Durante la última década, el recinto ha sido objeto de un amplio proceso de restauración. Entre 2016 y 2019 desarrollaron tres etapas de intervención que incluyeron la rehabilitación de cubiertas, la sustitución de pisos, la limpieza de cantera, así como la instalación de sistemas de sonido y videovigilancia, con una inversión acumulada superior a los 4.2 millones de pesos.
Así, la celebración de San Juan Bautista adquiere un doble significado para los chihuahuenses: preservar una tradición religiosa e histórica que forma parte de la identidad de la ciudad, pero también asumir la responsabilidad colectiva de cuidar el agua en una región desértica que cada año enfrenta mayores retos por la escasez del recurso.
Porque en Chihuahua, más que una costumbre, el agua se ha convertido en un bien indispensable cuya conservación debe prevalecer sobre las celebraciones.
