Chihuahua, Chih.- El 30 por ciento del agua que es extraída para consumo termina desperdiciada en fugas tanto de la red hidráulica como de las redes domésticas, indicó ayer el director general de la Junta Municipal de Agua y Saneamiento (JMAS), Alan Falomir Sáenz, en el marco del Día Internacional del Agua que celebran mañana.

Lo anterior, pese a que la capital tiene los pozos más profundos del país para extraer el líquido y muestra grandes avances en la administración, por lo que el reto del cuidado es mayúsculo, indicó, particularmente cuando Chihuahua es una de las 10 ciudades con el consumo más alto por persona.

La urbe sostiene su sistema de abastecimiento bajo condiciones de alta presión estructural. Su ubicación en una zona semidesértica limita la disponibilidad natural del recurso y obliga a depender casi en su totalidad de fuentes subterráneas, cuya extracción implica una operación técnica compleja y costosa.

En este contexto, la JMAS explicó que ha logrado mantener el suministro de manera continua, aunque con desafíos crecientes derivados del aumento en la demanda y el rezago en infraestructura.

El sistema hidráulico de la capital está compuesto actualmente por 164 pozos en operación, muchos de ellos con profundidades que superan los 600 metros y alcanzan hasta los 900 metros, lo que los coloca entre los más profundos del país.

Esta condición implica mayores costos energéticos, mayor desgaste en los equipos y una logística más compleja para la extracción y conducción del agua hacia la ciudad.

En términos de producción, Chihuahua extrae en promedio entre 4 mil 300 y 4 mil 350 litros por segundo. Sin embargo, durante los periodos de calor extremo, cuando las temperaturas superan los 42 grados centígrados, la demanda puede incrementarse hasta los 5 mil litros por segundo.

Este comportamiento obliga a la JMAS a realizar ajustes constantes en la distribución para garantizar el servicio en todas las zonas de la ciudad.

A pesar de este esfuerzo operativo, una parte importante del agua no llega a su destino final. De acuerdo con el organismo, la eficiencia física del sistema es de 56 por ciento, lo que implica que el 44 por ciento del agua extraída se pierde por distintos factores antes de llegar a los usuarios. Dentro de este porcentaje, al menos el 30 por ciento corresponde a fugas en la red general de distribución.

El problema es más grave al considerar las pérdidas dentro de los domicilios. Tan sólo en viviendas, las fugas representan alrededor de 500 millones de litros de agua al mes, lo que equivale a 125 millones de litros por semana.

En conjunto, la pérdida total del sistema alcanza entre mil y mil 300 litros por segundo, volumen que refleja la magnitud del desperdicio en una ciudad donde la extracción del recurso implica altos costos.

El consumo por habitante es otro de los factores que presionan el sistema. En Chihuahua, cada persona utiliza en promedio 370 litros diarios, una cifra que ubica a la capital dentro del grupo de las 10 ciudades con mayor consumo de agua en el país.

Este nivel rebasa los estándares recomendados y evidencia la persistencia de hábitos de uso ineficiente en la vida cotidiana.

Entre estos hábitos están el uso de mangueras para lavar banquetas y vehículos, el riego de áreas verdes en horarios de alta evaporación —entre las 11 de la mañana y las 5 de la tarde— y la falta de atención oportuna a fugas en instalaciones domésticas.

De acuerdo con la JMAS, pequeñas pérdidas en los hogares pueden escalar a volúmenes significativos cuando los multiplican por miles de usuarios.

A la par del consumo elevado, la infraestructura hidráulica presenta un desgaste considerable. El 40 por ciento de la red de agua potable ya cumplió su vida útil, en una ciudad que cuenta con más de 3 mil 500 kilómetros de tubería. Este deterioro incrementa la incidencia de fugas y limita la eficiencia del sistema.

La rehabilitación integral de la red representa uno de los mayores retos financieros. De acuerdo con estimaciones de la JMAS, requieren entre 15 mil y 20 mil millones de pesos para renovar la infraestructura completa, mientras que sólo en redes de distribución necesitarían al menos 5 mil 500 millones de pesos.

Ante este escenario, el organismo ha optado por priorizar intervenciones en zonas con mayores fallas, donde realiza sustituciones completas de tramos en lugar de reparaciones temporales.

En materia de abastecimiento, Chihuahua depende de tres acuíferos principales: Tabalaopa-aldama, Sauz-encinillas y Sacramento. Sin embargo, al menos ocho pozos han quedado fuera de operación de forma definitiva debido a su agotamiento o deterioro, lo que obliga a la búsqueda constante de nuevas fuentes de suministro.

Como parte de esta estrategia, la JMAS incorporará tres nuevos pozos para el próximo verano, los cuales no estaban disponibles el año pasado. Estas nuevas fuentes buscan compensar el incremento en la demanda y fortalecer la capacidad de respuesta del sistema durante los periodos críticos.

De manera paralela, el organismo impulsa proyectos para diversificar el origen del agua, entre ellos destacan el aprovechamiento de agua proveniente de una mina en Aquiles Serdán, así como la exploración de nuevos acuíferos en zonas como Aldama-san Diego.

También desarrolla esquemas de intercambio con el sector agrícola y el uso de agua residual tratada en la industria y el riego de áreas verdes.

En este sentido, la expansión de la red morada es en una de las principales estrategias para reducir el uso de agua potable en actividades no prioritarias. Este sistema permite utilizar el líquido tratado en parques, camellones y procesos industriales, lo que contribuye a disminuir la presión sobre el suministro doméstico.

Respecto a la recarga de los mantos acuíferos, estudios técnicos indican que el agua que actualmente extraen tiene una antigüedad promedio de 20 años. Este dato sugiere que existe una recarga natural mayor a la estimada previamente, aunque el organismo advierte que dicha condición no garantiza la sostenibilidad del recurso si no mantienen las acciones de conservación.

Otro factor que incide en la operación del sistema es el incremento en fallas del suministro eléctrico. De acuerdo con la JMAS, las interrupciones en el servicio de energía han mostrado una tendencia al alza en los últimos cinco años, lo que afecta directamente el funcionamiento de los pozos y reduce la capacidad de extracción en momentos clave.

Ante este panorama, la estrategia del organismo recae en dos ejes principales: fortalecer la infraestructura hidráulica y promover una cultura de uso responsable del agua. En este último rubro, programas como “Aguardianes” han permitido recuperar al menos 400 millones de litros mediante reportes ciudadanos y acciones correctivas.

No obstante, la participación sigue siendo limitada frente al tamaño del problema, destacó la JMAS. Actualmente, alrededor de 20 mil usuarios utilizan esta herramienta de manera activa, lo que abre un margen importante para ampliar su alcance y fortalecer la vigilancia ciudadana.

El diagnóstico presentado en el marco del Día Internacional del Agua expone una ciudad que ha logrado sostener su abastecimiento en condiciones adversas, pero que enfrenta un reto estructural de gran escala.

La reducción de fugas, la modernización de la infraestructura y la modificación de hábitos de consumo se perfilan como elementos clave para garantizar la disponibilidad del agua en el futuro inmediato.