El 31 de octubre es noche de brujas. Niños y jóvenes, algunos en familia, salen a las calles a pedir golosinas.

“¿Dulce o truco?”, dicen muchos de ellos ataviados de hombres lobo, vampiros, momias o cualquier otro disfraz.

En esta ocasión, puntos neurálgicos como el Polideportivo Luis H. Álvarez se convirtieron en un hervidero de convivencia donde tuvo lugar una concurrida entrega de dulces, reuniendo a cientos de familias chihuahuenses en un ambiente festivo.

La celebración de Halloween tiene sus raíces en la antigua festividad celta de Samhain, punto en el que marcaban el final de las cosechas y el inicio del invierno.

Con el paso de los siglos y su llegada a Norteamérica, la costumbre fue transformada en la práctica que conocemos hoy.

En ciudades fronterizas y del norte de México, como Chihuahua, esta tradición anglosajona ha echado raíces culturales, fusionándose con el dinamismo local e integrándose de manera natural en la agenda comunitaria año tras año.

En las inmediaciones del Polideportivo Luis H. Álvarez y zonas aledañas, el color y la creatividad de los disfraces tomaron las aceras.

Desde diminutos vampiros caminantes y pequeños ángeles con alas luminosas hasta personajes contemporáneos como alienígenas inflables verdes y figuras de la cultura pop, la jornada estuvo marcada por sonrisas, cubetas rebosantes de golosinas y largas filas organizadas de niños y padres recorriendo el espacio público.

Ante la masiva afluencia de peatones, la autoridad municipal desplegó un operativo preventivo y emitió una serie de recomendaciones para velar por la integridad de la ciudadanía.

Instaron a los padres de familia a no perder de vista a los menores, cruzar por las zonas peatonales marcadas y llevar ropa visible o accesorios con reflectantes para aumentar la visibilidad nocturna.

Asimismo, hicieron un llamado a los conductores a reducir la velocidad en zonas residenciales y de concentración comunitaria.

Unidades de la Policía Municipal y cuerpos de emergencia mantuvieron presencia constante y recorridos de patrullaje con torretas encendidas en las áreas de mayor concurrencia. Este acompañamiento institucional permitió que los recorridos transcurrieran con tranquilidad, brindando certeza a las familias mientras disfrutaban de las festividades al aire libre.

Al caer la noche, las calles fueron recuperando paulatinamente su ritmo habitual, dejando tras de sí un saldo positivo de convivencia. La noche de brujas volvió a demostrar cómo las tradiciones extranjeras logran adaptarse al entramado social chihuahuense, transforman do el espacio público en un escenario de esparcimiento seguro para las familias.