Chihuahua, Chih.- Entre pétalos, telas y papel, Juana Martínez Márquez ha construido una historia de trabajo y perseverancia. Desde hace más de 45 años, sus manos dan forma a flores y coronas que, cada temporada de Día de Muertos, llegan a los panteones para acompañar el recuerdo de quienes se han adelantado.
Originaria de Llanos de Reforma, en el municipio de Cusihuiriachi, Chihuahua, Juana encontró en la elaboración artesanal un oficio que se convirtió en parte fundamental de su vida. Aprendió esta labor en el mercado municipal de Cuauhtémoc, donde trabajó durante más de cuatro décadas, desde las instalaciones del antiguo mercado hasta el actual.
Su camino no estuvo exento de dificultades. A los 36 años quedó viuda y tuvo que asumir la responsabilidad de sacar adelante a sus cuatro hijos. La elaboración y venta de flores y coronas se convirtió en su principal sustento. En aquellos años, junto a su esposo, recorría comunidades cercanas a Cuauhtémoc y la región serrana para llevar sus creaciones a distintas familias.
Con el paso del tiempo, los materiales y las técnicas han evolucionado, pero Juana ha procurado mantener la esencia de su trabajo: elaborar cada flor a mano, pétalo por pétalo. En lugar de recurrir a piezas prefabricadas, continúa dando forma a sus creaciones con telas, papel, hule y otros materiales que le permiten conservar el carácter artesanal de cada pieza.
En sus inicios utilizaba parafina y papel crepé; posteriormente incorporó nuevos insumos para dar mayor durabilidad a sus flores. Hace un par de años tuvo también la oportunidad de participar en un intercambio de conocimientos con maestros artesanos de Oaxaca, experiencia que enriqueció su técnica y fortaleció su aprecio por el trabajo hecho a mano.
Aunque actualmente le resulta más complicado salir de casa, su actividad no se ha detenido. Su hogar es ahora el espacio donde continúa trabajando y recibe a clientas que la han acompañado durante años. Ahí, entre flores de distintos colores, también se desarrolla una tradición familiar: sus cuatro hijos y sus nietos participan en el proceso de elaboración.
El gusto por la creación incluso inspiró a uno de sus hijos a estudiar Artes Plásticas. Actualmente, ambos colaboran en la elaboración de ofrendas monumentales y altares, proyectos en los que se unen los conocimientos artesanales de Juana con la formación artística de su hijo.
Para ella, el valor de este oficio va mucho más allá de la actividad económica. Saber que las flores que elabora terminan adornando las tumbas de numerosas familias representa una satisfacción especial. Cada pieza forma parte de un homenaje y de una manera de expresar cariño hacia quienes ya no están.
También ha habido temporadas difíciles, como el año pasado, cuando conservó más de la mitad de su producción sin vender. Sin embargo, mantiene la confianza en su trabajo y en la importancia de continuar elaborando estas piezas de manera tradicional. Su historia fue presentada a la convocatoria Mujer Rural 2026, como testimonio de la trayectoria de una mujer que ha encontrado en el trabajo artesanal una forma de sostener a su familia y preservar los conocimientos que forman parte de la identidad cultural de Chihuahua.
A sus 74 años, Juana sigue rodeada de flores y de una labor que ha acompañado distintas etapas de su vida. Sus creaciones llevan consigo horas de dedicación, pero también una tradición que pasa de generación en generación: la de honrar la memoria de los seres queridos a través del color y el trabajo hecho con las manos.
