Santa Rosalía, Chih.- La parroquia Santa Rosalía, en Chihuahua, fue nuevamente el sacro recinto elegido para ser testigo mudo de la ceremonia de Ordenación Diaconal, en el marco de la sagrada Eucaristía presidida por el Sr. Arzobispo Constancio Miranda Weckmann, concelebrada por medio centenar de sacerdotes y asistida por numerosos diáconos que así dieron la bienvenida al sacramento del Orden en su primer grado a sus hermanos Eduardo Andrés y Héctor Javier.

Esa tarde de martes 22 de septiembre el Señor regaló a la ciudad una lluvia fina, a las familias Gómez Márquez y Limas Piña un hijo consagrado y a la Arquidiócesis de Chihuahua dos diáconos transitorios, que con la oración de todos llegarán, si es la voluntad divina, a ser ordenados sacerdotes para siempre en un futuro.

La celebración, en todo ordenada y muy emotiva, dio inicio en punto de las 6 p con el canto de entrada entonado por el Orfeón del Santuario de Guadalupe, mientras avanzaban en procesión con el Cristo en alto y el Evangeliario, seguidos de un considerable número de ministros ordenados que fueron tomando su lugar, incluidos los dos candidatos.

Con el Sr. Arzobispo, junto a la sede, el vicario general Mons. Justino Ramírez y el Rector del Seminario, P. Roberto Rubio, quien presentó como dignos del sacramento a Eduardo y Héctor, a quienes don Constancio interrogó luego de la homilía, sobre su deseo y su expresa voluntad de ser ordenados diáconos y permanecer en obediencia a él, cabeza de esta Iglesia particular, y a sus sucesores, a los que ellos respondieron: "Sí quiero, con la gracia de Dios".

No pudo dejar pasar Mons. Miranda la ocasión para animar a los jóvenes a servir con alegría tanto a Dios como a sus hermanos, pues "al acceder libremente al orden del diaconado, también ustedes deben dar testimonio del bien, llenos del Espíritu Santo y gusto por las cosas de Dios". También les instó a profundizar en los vínculos de comunión con sus hermanos diáconos y sacerdotes, al igual que con los fieles laicos, y les afirmó que ellos "les ayudarán a proyectarse en la misión evangelizadora hacia el futuro". Casi para concluir, les exhortó a vivir intensamente la experiencia comunitaria, pues ello "constituirá la estructura maestra para llegar a ser un auténtico servidor".

Posteriormente, según lo marca el Rito de Ordenación, fueron llamados uno a uno y tras el interrogatorio se postraron rostro en tierra, en tanto que la asamblea, de rodillas, invocó con las Letanía de los Santos, su intercesión, para que Dios derramase su bendición y lleve a término la buena obra que en ellos ha comenzado.

Al concluir este momento, el Sr. Arzobispo impuso sus manos sobre ellos y pronunció la especial Oración, con la cual quedaron consagrados para el servicio de los santos Misterios y desempeñen con fidelidad el ministerio diaconal.

Signo externo de esta consagración son las vestiduras litúrgicas propias del diácono, la estola cruzada y la dalmática, con que fueron revestidos por sus padrinos de ordenación: de Eduardo, el P. Leopoldo Prieto, y de Héctor los padres César Carrillo y Antonio Rivera. Ya revestidos, don Constancio, al entregarles el Evangelio de Cristo, les alentó a esmerarse en creer lo que lees, enseñar lo que crees y vivir lo que enseñas; luego, les dio el abrazo de la paz, cerrando así la ceremonia de ordenación para dar paso a la Liturgia Eucarística en la que ambos diáconos participaron activamente.

Al final de la santa Misa, tras la bendición y la foto del recuerdo, los aplausos y felicitaciones no se hicieron esperar, así como las muestras de cariño de fieles provenientes de las diversas parroquias donde tanto Héctor como Eduardo realizaron su pastoral siendo seminaristas; y ahora, ya con destino asignado en Camargo, el primero en la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, el segundo en San Isidro Labrador, seguirán haciendo comunidad llevando la Palabra de Dios y manifestando en sus personas y servicio ministerial Su amor y Su misericordia.

¡Felicidades!