Cd. de México.- El gusano barrenador recorrió casi 2 mil kilómetros antes de volver a encender las alarmas sanitarias de Norteamérica.
Detectado por primera vez en México en noviembre de 2024, en un bovino localizado en Chiapas, el parásito avanzó durante los siguientes meses por el sur y sureste del País, obligó al cierre temporal de la frontera ganadera con Estados Unidos, activó campañas de emergencia, movilizó recursos federales y reabrió una amenaza que durante décadas había sido considerada bajo control.
Sin embargo, la plaga no se detuvo. Diecinueve meses después de su reaparición, México acumula más de 28 mil casos de gusano barrenador y el problema ya cruzó la frontera.Autoridades sanitarias estadounidenses confirmaron infecciones en Texas y Nuevo México, una situación que derivó en nuevas restricciones al movimiento de animales vivos y reactivó una batalla sanitaria que parecía resuelta desde finales del siglo pasado.
El gusano barrenador no es realmente un gusano. Se trata de la larva de la mosca cochliomyia hominivorax, un insecto que deposita sus huevos en heridas abiertas de animales y humanos. Cuando las larvas eclosionan, penetran los tejidos y se alimentan de carne viva, provocando lesiones profundas, infecciones severas y, en algunos casos, la muerte del animal afectado.
Su peligrosidad convirtió a esta plaga en una de las mayores amenazas para la ganadería del continente durante buena parte del siglo 20. Por décadas, México y Estados Unidos libraron una campaña conjunta para erradicarla.
La estrategia se basó en la llamada Técnica del Insecto Estéril, un método que consiste en criar millones de moscas macho, esterilizarlas mediante radiación y liberarlas en zonas infestadas para interrumpir el ciclo reproductivo de la especie.
La campaña fue considerada una de las historias de éxito más importantes en materia sanitaria en América del Norte. Primero desapareció de Estados Unidos. Después fue erradicada de México.
Finalmente, la barrera de contención se desplazó hacia Centroamérica y se instaló en Panamá, donde durante años funcionó como un muro biológico que impidió el regreso del insecto hacia el norte.
Esa aparente tranquilidad terminó en noviembre de 2024. El primer caso confirmado en Chiapas activó alertas en ambos lados de la frontera.Autoridades mexicanas desplegaron cercos sanitarios, campañas de vigilancia epidemiológica, inspecciones pecuarias y restricciones a la movilización de ganado.
Estados Unidos se sumó a las labores de monitoreo y comenzó a seguir con atención la evolución del brote.
El objetivo era claro: impedir que la plaga avanzara hacia el centro y norte de México. Pero los reportes comenzaron a multiplicarse.
Durante 2025, los casos aparecieron en Tabasco, Campeche, Quintana Roo, Veracruz, Oaxaca y Yucatán. La dispersión siguió los corredores ganaderos del sureste mexicano. Las autoridades mantuvieron los operativos de inspección, reforzaron los controles de movilización y promovieron la notificación temprana de animales infestados. Aun así, la propagación continuó. Los registros oficiales muestran que el gusano barrenador dejó de ser un problema focalizado para convertirse en una emergencia sanitaria de alcance nacional. Los contagios comenzaron a presentarse en múltiples especies.
Además de bovinos, los reportes incluyeron caballos, ovinos, caprinos, perros, gatos y fauna silvestre.
La plaga encontró múltiples hospederos y amplió su radio de acción. Los bovinos siguen siendo el grupo más afectado. Más de 17 mil animales de esa especie han resultado infestados desde el inicio de la emergencia. Sin embargo, miles de casos adicionales han sido detectados en otras especies domésticas y de producción. La dimensión del problema obligó al Gobierno mexicano a fortalecer mecanismos de respuesta que habían permanecido prácticamente inactivos durante años. Uno de los más importantes fue el regreso a la producción de moscas estériles.La propia autoridad sanitaria reconoce que la emergencia condujo al País a retomar la fabricación de estos insectos para reforzar las medidas de control y erradicación. El esfuerzo forma parte de una estrategia binacional en la que participan tanto autoridades mexicanas como estadounidenses. De hecho, una respuesta oficial del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica) reconoce que las actividades relacionadas con la liberación de moscas estériles para combatir el gusano barrenador son coordinadas y ejecutadas por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, a través del Servicio de Inspección de Sanidad Animal y Vegetal (USDA-APHIS). La dependencia mexicana incluso señaló estar imposibilitada para proporcionar información detallada sobre los volúmenes liberados porque esa operación es ejecutada por la autoridad estadounidense. La cooperación entre ambos países se convirtió en uno de los pilares de la estrategia sanitaria. Pero el avance de la plaga siguió generando preocupación. La situación alcanzó un punto crítico cuando Estados Unidos decidió cerrar temporalmente la frontera a las importaciones de ganado mexicano. La medida buscó evitar que animales potencialmente infestados ingresaran a territorio estadounidense y representó un duro golpe para productores nacionales. La ganadería mexicana depende en buena medida de las exportaciones hacia el mercado estadounidense. Cada suspensión implica pérdidas económicas, retrasos logísticos y afectaciones para miles de productores. Mientras tanto, las autoridades mexicanas continuaban ampliando la vigilancia. Se habilitaron corrales de inspección, tratamientos sanitarios obligatorios, puntos de revisión y esquemas de regionalización para restringir la movilización de animales provenientes de zonas afectadas. La estrategia buscaba contener el avance antes de que alcanzara regiones ganaderas de mayor peso económico. Pero el reloj seguía avanzando. A mediados de 2026 el mapa epidemiológico muestra una expansión sostenida. Estados que inicialmente parecían alejados del problema comenzaron a reforzar protocolos preventivos. La preocupación ya no era únicamente la presencia de casos activos. El temor principal era que el gusano barrenador lograra consolidar una nueva ruta de dispersión hacia el centro y norte del País. La alarma se confirmó a principios de junio. Autoridades sanitarias estadounidenses reportaron los primeros casos detectados en Texas. Poco después se notificaron nuevos hallazgos en Nuevo México. La noticia tuvo un fuerte impacto simbólico. Durante años, la prioridad de los programas binacionales había sido impedir precisamente ese escenario.La presencia del parásito en territorio estadounidense significó que la barrera sanitaria construida durante décadas había sido vulnerada. La aparición de casos en Texas y Nuevo México también reabrió el debate sobre la capacidad de respuesta regional. Especialistas recuerdan que la erradicación original tomó décadas de trabajo, miles de millones de dólares y una coordinación sin precedentes entre gobiernos. Por ello, la reaparición del insecto ha sido interpretada como una advertencia sobre los riesgos que enfrentan los sistemas sanitarios ante enfermedades y plagas transfronterizas. La expansión del gusano barrenador también ha puesto bajo presión a las estructuras de vigilancia veterinaria. En algunos estados, los recursos humanos son limitados. En Puebla, por ejemplo, Senasica reportó contar con apenas cinco médicos veterinarios oficiales encargados, entre otras funciones, de actividades relacionadas con la prevención, control y erradicación de enfermedades y plagas como el gusano barrenador. La dependencia informó además haber realizado 95 capacitaciones durante 2026 para productores y médicos veterinarios, con una asistencia acumulada superior a tres mil participantes. El esfuerzo refleja la magnitud de una emergencia que ya no se limita a una región específica. A diferencia de otras enfermedades pecuarias, el gusano barrenador no distingue entre fronteras políticas. Su capacidad de dispersión depende de factores biológicos, ambientales y de movilización animal que pueden extender rápidamente los brotes si no son detectados a tiempo. Por ello, los sistemas de vigilancia epidemiológica se han convertido en una herramienta central para intentar contener la expansión. Las autoridades sostienen que la detección temprana, el tratamiento inmediato de heridas y la notificación oportuna de casos siguen siendo las principales defensas frente al avance del insecto. No obstante, las cifras muestran la magnitud del desafío: Más de 28 mil casos acumulados en México, con más de 17 mil bovinos afectados y la presencia confirmada en múltiples especies, restricciones comerciales y, ahora, infecciones detectadas en Estados Unidos. Diecinueve meses después de la detección del primer caso en Chiapas, la historia del gusano barrenador dejó de ser un problema localizado en el sur de México. Se convirtió en una emergencia sanitaria continental. El sábado de la semana pasada, en Metapa, al sur de Chiapas, en la frontera con Guatemala, México y EU inauguraron una Planta de Producción de Moscas Estériles del Gusano Barrenador del Ganado, financiada por Estados Unidos en más de la mitad de su costo de 63 millones de dólares. Con ella se van a producir cada semana 100 millones de moscas macho esterilizados por radiación. Los machos serán liberados desde el Río Norte hasta Panamá, que también participa en el plan. Como las hembras solo se aparean una vez en sus cortas vidas, morirán sin haber puesto sus 600 huevecillos en las heridas de los animales. La planta comenzará a producir 10 millones semanales hasta lograr los 100 millones en noviembre.
