Tabasco, México- Con las instalaciones petroleras en el País había sucedido hasta ahora que las poblaciones empezaron a crecer en torno a las nuevas instalaciones, mientras la refinería Olmeca-Dos Bocas fue insertada dentro de una localidad ya existente, alterando su vida, comenta Arturo, trabajador petrolero jubilado y vecino de la Colonia Lázaro Cárdenas.

La colonia colinda con la refinería y resiente desde hace 3 años los efectos de esa vecindad: emisiones con toxicidad aún no determinada, olores y ruido las 24 horas del día.

La refinería aún no trabaja a toda su capacidad, pero en enero pasado ya ocupó el segundo lugar, después de Tula, en volumen procesado de petróleo crudo, con 205 mil barriles diarios.

En semanas recientes atrajo la atención por el reclamo de madres y padres de alumnos del jardín de niños Agustín Melgar y de la primaria Abías Domínguez, ubicadas en la colonia, justo a unos pocos metros de la barda perimetral de la refinería, para que los planteles sean reubicados y los niños dejen de estar expuestos al riesgo, el ruido y las emisiones.

Pero el problema va más allá, remarca Arturo, en la cancha de basket en la que un grupo de madres acaba de exponer en rueda de prensa sus temores y demandas.

"Aquí el el riesgo no tan solo es para la escuela de preescolar y para la primaria, que ya ha habido evacuaciones. Inclusive aquí a la vuelta, en el Conalep, ha habido muchos alumnos con náuseas y vómitos, y ha sido necesaria la evacuación", comenta.

"El que se haya instalado una refinería en total cercanía pone en riesgo a todos los habitantes de la colonia. No tan solo por las emisiones del quemador elevado, sino por todo el escenario de riesgo. No contamos con un plan de emergencia, con un plan de evacuación",señala.

Con una población vinculada, de una otra forma, a la actividad petrolera, aclara, no hay aquí rechazo a la operación de la refinería, pero sí la demanda de facilidades y apoyos para ser reubicados en una zona con menor riesgo.

"Creo que ninguno de nosotros como habitantes de la colonia, como petroleros, como mexicanos estamos en desacuerdo con la operación de la refinería. Estamos en desacuerdo con el riesgo que existe para nosotros", indica.

"Hay algo que se llama análisis de riesgo. Implica dibujar zonas seguras para la población. Empezamos con una zona caliente, una zona tibia, una zona fría y una zona segura. La colonia, por obvias razones, está en una zona caliente".

La promesa, señala, era contar con un quemador ecológico, y no se cumplió.

"Cuando hemos llamado a Protección Civil, porque hay emanaciones, un fuerte olor a gas, nos contesta: '¿Y a qué quieres que huela? ¿A leche? Estás enfrente de una refinería'", relata.

La cuestión, insiste, es que no se tomó en cuenta el riesgo que existe para la población vecina inmediata, que es la colonia, al instalar aquí la refinería.

"¿Qué nos atreveríamos a pedir? Simplemente que nos reubiquen, que se haga una evaluación para cada una de las casas. Tu casa vale 100, tu casa vale 150, te la pago, y listo", indica.

"Realmente nosotros no estamos en contra del progreso del País en materia de energía, no. Solamente queremos proteger a nuestras familia por el riesgo que implica tener una refinería prácticamente a los pies de tu cama".

PAISAJE BORRADO

Laura Díaz, delegada vecinal de la colonia, también conocida como Petrolera, no oculta la nostalgia cuando habla del paisaje frente a su casa antes de la llegada de la refinería.

Originaria de la Ciudad de México y radicada desde hace más de 30 años en Paraíso ha presenciado literalmente en primera fila la transformación del lugar.

Desde la segunda planta de su casa se puede observar el enorme complejo de la refinería, con el fuego y el zumbido hipnóticos del mechero (torre de desfogue) de 200 metros de altura, quemando gas día y noche, a unos pasos.

"El área donde está ahora la refinería era una zona selvática. La gente mayor comenta que había antes haciendas y sólo había un camino a caballo. Posteriormente, Pemex compró los terrenos", explica.

"Donde está ahora la puerta 1 de la refinería había un camino hacia Puerto Ceiba. Estaba muy bonito porque había árboles de ambos lados y el camino era sombreado".

Recuerda que los habitantes de la colonia y otros lugares cercanos acudían a pasear, a disfrutar de la naturaleza y de la tranquilidad del sitio.

"Lo disfrutábamos. Aunque ya era de Pemex no nos prohibían el paso. Lo que es ahora la refinería era una zona de manglares y había también árboles frutales.

Había mucho cangrejo y para nosotros era como una aventura, más para mí, porque pues vengo de la Ciudad de México. Era mucha tranquilidad, se oía nada más el ruido de los pájaros", detalla.

"Sí llegaba a veces el ruido de la terminal marítima de Dos Bocas. Pero para nosotros era algo muy bonito, por la naturaleza principalmente".

Relata que una vez que caminaba por ahí con unas compañeras se encontraron con una persona en una camioneta en el camino con unos planos sobre el cofre. Le preguntaron si se pensaba construir algo ahí, pero solo les contestó con evasivas.

"Poco después ya vimos maquinaria y empezaron a derrumbar las palmeras, los árboles. Y pues la verdad sí sentíamos impotencia, coraje, tristeza. Avanzaron muy rápido y no vimos que ninguna autoridad que se ocupara de resguardar a la fauna que había ahí. Había tortugas, había cangrejos y otros animales", lamenta.

"Ya no podíamos entrar a esa área, ya estaba restringido. Salieron muchísimos camiones de volteo llenos de de tierra. Estaba limpiando el terreno. Había un panteón y no se supo qué pasó con los muertos que estaban ahí. Todo desapareció".

Y el inicio de operaciones de la refinería, señala, alteró la vida cotidiana de las casas y el mercado inmobiliario.

"Aquí en donde yo estoy ubicada, que es la tercera etapa de la colonia, es el ruido lo que más nos perjudica, porque a veces está muy fuerte el mechero. Yo lo comparo con un avión que no acaba de aterrizar. A veces uno está en la calle y no se puede hablar porque es mucho el ruido. En mi casa yo ya aprendí a vivir encerrada. Ni ventana abierta, ni puerta abierta por el ruido. Otra cosa es que cuando está el mechero fuerte las ventanas vibran", indica.

"También he notado últimamente cuando lavo mi cochera, el patio el agua queda con tizne, algo que antes no pasaba".

Explica que la colonia, construida inicialmente por Pemex para alojar a sus trabajadores de la terminal de Dos Bocas, consta de tres secciones, con un total de 745 casas.

"Ahora hay muchas casas con letrero de se vende, se renta o se renta. Son muchas las casas que están abandonadas", apunta.

El fenómeno, considera, obedece tanto a una especie de "resaca" del boom inmobiliario que se produjo con el inicio de las obras de la refinería, como a la afectaciones por su operación.

"Cuando empezó la construcción de la refinería, a la gente le entró la ambición. Llegaron a trabajar como 30 mil personas y muchos se salieron para rentar sus casas hasta en 50 mil, 70 mil pesos.

"Las empresas metían 15, 20, 30 personas, las que cupieran. Les salía más barato que pagar hoteles", señala.

Y los dueños ya no regresaron, agrega, a pesar de que el negocio se acabó al terminarse de construir la refinería.

Otros simplemente migraron cuando empezó a operar, por el ruido, el riesgo y otras razones.

Los que se quedaron, lamenta, no tienen claro su futuro.

"No tenemos nada de parte de Pemex, que sería el indicado para venir y dar la cara. Y algo que la verdad me da mucho coraje y no se me hace justo, es que, ¿cómo es posible que nosotros ya tenemos pagado este patrimonio, y muchos han invertido en ampliación o remodelación de sus casas y ahora tengan que ver de dónde sacan dinero para ir a comprar en otro lado y empezar de cero?", reprocha.

El problema, remarca, no es sólo de la colonia, es de todo el municipio.

La situación económica, sostiene, no es mejor que antes de la refinería, la vida se encareció y los servicios no han mejorado.

MECHONES A LA VISTA

La vista de un "mechón" de gas en el horizonte no es nueva en Paraíso.

La Terminal Marítima de Dos Bocas, puesta en marcha en 1982 y convertida en un nodo logístico estratégico para la exportación de hidrocarburos, cuenta con su propio sistema de quemadores elevados para el venteo de gas.

El fuego y el ruido que generan imponen su presencia en una zona que confluyen una laguna, la desembocadura de un río y la playa frente al Golfo de México; un sitio casi paradisiaco, pero marcado por la intensa actividad petrolera.

En la isla de Andrés García, a la que se llega en lancha cruzando un área de manglares, una comunidad de pescadores convive con la omnipresencia de Pemex.

Doña Guille comenta que el ruido de los mecheros se intensifica por temporadas y se queja de un basurero a cielo abierto en la Terminal Marítima.

"Nos tienen un basurero aquí, de Dos Bocas. Está por los mechones. Es de Pemex. Es un basurero de comida. Y se llena esto de mosca horrible", reprocha.

Lo que más le preocupa, sin embargo, es el incremento de nacimientos prematuras en la zona, que considera relacionadas con la contaminación del aire generada por las instalaciones petroleras.

"Los bebés están naciendo de siete o ocho meses. Ahora con la refinería ya pasa más", señala.

"Me tocó verlo ahorita en el hospital donde nació mi nieto. Bebés de ocho meses, de siete meses. En el Hospital de la Mujer, allá en Villahermosa, llegan un montón de casos de sietemesinos, ochomesinos".

Es la contaminación, afirma.

"¿Para dónde crees que se va todo el aire?".

Un estudio publicado el año pasado por CartoCrítica y el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (Cemda) alertó sobre los impactos a la salud neonatal asociados con la quema y venteo de gas en el sureste de México, incluyendo parto prematuro.

Advirtió que la quema de gas en instalaciones petroleras libera compuestos altamente tóxicos -como benceno, hollín, óxidos de azufre y metano- que afectan tanto el embarazo como la salud de los recién nacidos.

FALTA MONITOREO DEL AIRE

Ante los reclamos de madres y padres de alumnos de un jardín de niños y una primaria de Paraíso, por los riesgos que consideran que implica la cercanía de l a refinería Olmeca-Dos Bocas, el Gobernador de Tabasco, Javier May, respondió que no existe evidencia de contaminación generada por las instalaciones de Pemex.

Juan Manuel Orozco, oficial de proyectos de Conexiones Climáticas, coincide en que no existen datos, lo que, remarca, no significa que no deberían estar disponibles.

"La verdad es que lo que dice el Gobernador es cierto. No hay información pública disponible sobre la contaminación del aire", comenta en entrevista.

"Y eso yo lo convertiría en una necesidad de política pública para que existan datos constantes, confiables y además accesibles para toda la población".

Recuerda que el estado adopto en 2017 un Programa de Gestión para Mejorar la Calidad del Aire, con vigencia para el periodo 2018-2027, que incluía tanto diagnósticos como compromisos para atender los problemas.

Se puso en marcha, agrega, una red de estaciones monitoreo. La mayoría sólo medían partículas suspendidas con un diámetro inferior a 10 micrómetros (PM10). Solo tres instaladas en Villahermosa evaluaban otros contaminantes: dióxido de azufre, dióxido de nitrógeno y dióxido de carbono.

"Pero, por falta de mantenimiento y algunos otros problemas, dejaron de funcionar. No hay datos actualizados, ni siquiera de Villahermosa", lamenta Orozco.

Y ahora, con la presencia de nuevas instalaciones petroleras, particularmente la refinería Olmeca-Dos Bocas en Paraíso, remarca, resulta más necesario que nunca contar en el estado con una red de monitoreo ambiental que cubra, por lo menos, los contaminantes criterio.

"Y si es posible, que se midan otras cosas en lugares que están cerca (de instalaciones petroleras), o en la dirección del viento, que puedan medir compuestos orgánicos volátiles. Son de altísima importancia médica, por los efectos carcinogénicos que tienen".

Y además, sería muy importante que se retomaran acuerdos complementarios del monitoreo de calidad del aire.

"Uno de los acuerdos era, sí, fortalecer este monitoreo, pero, además, reducir los contaminantes una vez que se identificaran las fuentes, hacer programas concretos para reducir las emisiones", detalla.

"Y acompañarlo de una serie de estudios epidemiológicos para que se pudiera hacer el vínculo entre la contaminación del aire y las afectaciones de salud en las personas".

Recuerda que en 2024 Conexiones Climáticas, Earthworks y el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (Cemda) instalaron en Paraíso una red de monitoreo de la calidad del aire.

"Encontramos que en mayo de ese año no hubo un solo día que fuera saludable para las personas", apunta.

Hace un mes, luego de una protesta de madres y padres de alumnos de las dos escuelas públicas de Paraíso que colindan con la refinería, Pemex anunció la puesta en marcha de un esquema de monitoreo de la calidad del aire en los planteles.

"Lo que sabemos por las madres de familia es que se hizo un monitoreo entre el 11 y el 21 de febrero.

"Se hizo un monitoreo de calidad del aire y de ruido. Lo que nos dicen las mamás es que el monitoreo de ruido fue solamente por 6 horas en las instalaciones de la escuela. El monitoreo (de calidad del aire) se hizo en 10 puntos distintos, por 24 horas", señala Orozco.

"Lo que nos dicen las mamás es que a partir del 10-11 de febrero, el ruido, el olor y la intensidad de la flama del mechero de la refinería se redujeron hasta casi no notarse. Además, se atravesó un periodo de mantenimiento programado de algunos equipos de la refinería".

Difícilmente, advierte, el monitoreo va a ser representativo de la calidad del aire durante todo el año.

"Cualquier experto en calidad del aire y en salud pública te diría que por lo menos tienes que hacer un muestreo de 24 horas durante todo un año. Porque las condiciones de temperatura, de humedad, de vientos, afectan las lecturas.

Entonces, para que tú tengas una idea real de lo que está pasando, necesitas tener toda esa información", indica.