Mecayapan.- Mauricio Contreras Coto, un pescador de cabello gris y blanco, de cara surcada como nube, mira sus redes negras, inservibles. Las habían enterrado, pero el mar las volvió a sacar. Observa el horizonte neblinoso, donde no se distingue Coatzacoalcos, a la derecha, ni Alvarado, a la izquierda. Mira la playa Olapa casi desierta, de no ser por un grupo de hombres vestidos como astronautas que barren la arena.
"Aquí no ha llegado más ninguna ayuda. Quizás nadie sabe que existimos", dice Mauricio, mientras a lo lejos los hombres de mameluco hacen el trabajo que él cree que debería ser suyo.
Las redes de la asociación de pescadores Punta El Salado fueron destruidas por el chapopote del derrame. Mauricio y los 60 pescadores de la cooperativa retiraron los pedazos grandes de la playa. Desde el 2 de marzo, cuando comenzó a llegar el hidrocarburo, quemaron y enterraron los más gruesos sin paga.
Desde entonces están sin trabajo. El derrame mató y ahuyentó a los peces, y sembró miedo entre los compradores. Ahora, si logran sacar algo, lo cambian por arroz, agua o frijol.
Fue hasta el viernes 27 cuando llegaron trabajadores subcontratados por Pemex, con un pago de 3 mil 200 pesos semanales, para realizar un trabajo que, dicen, ya estaba hecho."Contrataron a quienes no sufrieron daños, ¿y nosotros? ¿Y nosotros, que somos los más afectados?", reclama Eunice Sánchez, secretaria de la asociación.
"Ahorita, la verdad, esto ya está limpio. Ya ni deberían venir a gastar dinero del gobierno", dice el presidente de la organización, limpiándose las manos aún manchadas de negro, "enchapadas", tras intentar recuperar lo que sirve de sus redes. Los perros se mojan el pecho y beben agua salada. Pasan veloces los pelícanos y las gaviotas. Retumba el mar abierto. Hay varias formas de llegar a playa Olapa, último punto antes del Istmo de Tehuantepec, en el Golfo de México. Ocho horas en auto o seis en embarcación desde Veracruz; cuatro desde Coatzacoalcos; dos desde Catemaco; o una hora y media en moto desde Sontecomapan, dando tumbos porque hoy el mar está picado y no hay lanchas. Formas hay varias, y todas son difíciles.La vegetación es tupida, casi sin espacios. Higos y papayas crecen silvestres, casi también las vacas. Los ríos brotan de grietas en la carretera. El camino, de piedras, lodo o cemento, sube y baja entre valles. Al final, un grupo de pescadores se reúne bajo árboles curvados por el viento, haciendo cuentas y preguntándose si lo que se ignora también existe.
No es sólo retórica: el derrame fue detectado desde el 2 de marzo, pero autoridades estatales y federales descartaron inicialmente la responsabilidad de Pemex y la atribuyeron a un buque. Semanas después, el Gobierno sostuvo que se trataba de una embarcación no identificada y de filtraciones naturales. Para los pescadores, esa falta de claridad agrava el abandono: no hay responsables definidos ni mecanismos para exigir reparación. "Eso mismo dijo el de Pemex: que no se puede demandar a nadie porque no hay responsables", se queja Eunice."Pero yo pienso, aunque ellos no sepan, existe un responsable", ataja el pescador más viejo.Desde Tabasco hasta Tamaulipas se han recogido más de 700 toneladas de chapopote, que amenaza con llegar a Texas. La pesca está detenida, ya sea por la destrucción de redes o por el temor de que el producto esté contaminado, aunque los pobladores aseguran que no es así.
"La gente no quiere comer pescado porque supuestamente está contaminado. Pero es mentira. El pescado que se contaminó ya se murió", dice un taxista. En plena cuaresma, el pescado se malbarata o se queda en la hielera.
"Llevamos nuestro producto y nos lo cambian por lo que sea, frijol o arroz, o nos lo pagan a como quieren. Dicen que está enchapado, pero ya no. El pescado está bueno. El pámpano andaba en 100 y ahora en 60 o 70; la sierra igual. Aquí la tengo en 40 y ni así la quieren", dice Mauricio.
La playa parece limpia. Quizás por eso, los trabajadores con mameluco blanco dicen que no es su culpa cobrar por el trabajo. "El agente municipal traía una lista", justifica uno.
De regreso, el verde cubre todo hasta que reaparece el mar en la Barra de Sontecomapan. Amado Quiroz, presidente de la Cooperativa Liberación de la Barra Triple S -80 pescadores sin actividad-, acusa que tampoco han recibido ayuda. "No tenemos sustento, no tenemos ingreso para nuestra familia", dice. Atardece. Un norte suspende la actividad en el mar. Amado pregunta cómo denunciar a un médico que dejó peor a un familiar. Se le explica. Luego añade: "Oyes, hermano, ¿y para exigir al gobierno federal que se nos permita una malla mediana para capturar producto?".
