A pesar de la insinuación de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, este jueves, ningún misterio hay debajo del edificio de Guatemala 24, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, donde funciona el Museo del Chocolate.

En un discurso ante la Asamblea local para defender el mestizaje de la Conquista y su polémica gira a México, la política española lanzó la sospecha: "Pregúntenle a la Presidenta mexicana y a los mexicanos ¿qué hay en la calle Guatemala 24, en Ciudad de México? ¿qué hay bajo tierra? Pregúntenle cuál es el pasado de México antes de que nos uniéramos en mestizaje".

Lo que hay debajo lo informó el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) desde el 20 de marzo de 2015. "Descubren el tzompantli más importante de la cultura Mexica", se tituló el comunicado. "Fue hallado al descubrir 35 cráneos unidos con argamasa, los cuales forman un círculo sobre la plataforma rectangular de 34 metros de largo por 12 de ancho, aproximadamente, en la zona del Templo Mayor", agregaba sobre el descubrimiento a unos pasos del Templo Mayor, en obras de remodelación del edificio para abrir el Museo del Chocolate.

Del náhuatl tzontli (cabeza o cráneo) y pantli (hilera o fila), el Tzompantli, dedicado al dios Huitzilopochtli, el dios de la guerra, con cráneos de individuos decapitados en ceremonias sagradas y en rituales como el juego de pelota, representaba, según el informe, una declaración monumental de poderío y grandeza del imperio azteca frente a sus adversarios.

El descubierto, al restaurar el edificio detrás de la Catedral Metropolitana para abrir una chocolatería, previene de entre 1486 y 1502, antes de la llegada de los españoles y es el más grande jamás descubierto. Por eso se le llama Huei (o Huey) Tzompantli, porque este término náhuatl se traduce como "Gran".

Más que de muerte, era de vida, afirmó en un comunicado la Secretaría de Cultura en octubre pasado, cuando ya eran 650 los cráneos completos descubiertos y más de 11 mil fragmentos. La gran mayoría de hombres, pero también de mujeres y, la gran novedad que podría cambiar la forma en que se entiende el sacrificio humano en el mundo mexica, un 10 por cientos son de niños. Cultura informó que los restos se analizaban en la Universidad de Georgia (EUA) y en Instituto Max Planck de Alemania.

"El tzompantli era una expresión de reciprocidad. Los hombres alimentaban a los dioses con sangre y vida, y los dioses respondían sosteniendo el universo. Era, al mismo tiempo, un acto de poder y una siembra simbólica: cada cráneo era una semilla que aseguraba la continuidad de la vida", dijo en el comunicado Lorena Vázquez Vallín, una de las arqueólogas encargadas de la investigación. Este jueves, el INAH no respondió a una solicitud sobre el avance de los estudios y la posibilidad de que abra al público.

Que debajo haya cráneos, en un altar que bien puede cruzar la calle hasta la Catedral Metropolitana, lo sabe hasta el policía del edificio. "No está abierto todavía", dijo sentado a la sombra. Incluso lo sabe el vendedor de boletos del Museo del Cacao y el Chocolate Choco Story, que de todos modos abrió en agosto del año pasado sobre los restos de polvo y cráneo. A un costado de las cajas, una lámina informa que los especialistas del INAH siguen estudiándolo para garantizar la preservación de sus elementos. "Agradecemos tu comprensión". Incluso hay un código QR para descargar el pdf del folleto "Huei Tzompantli", de 24 páginas con planos, datos y cráneos de polvo y dientes todavía incrustados. Cualquiera que se detenga a leer los paneles colgados en las rejas de la catedral afuera, también puede enterarse del misterio del que habló Díaz Ayuso.

En la entrada al Templo Mayor, un guía del INAH consideró que es poco probable que el Tzompantli abra al público. "Esos objetos son perecederos afuera. Los huesos, la carne, las hojas, el papel, los animales que pusiera como prenda, pues, todo eso es perecedero. Hubo excavaciones en las cuales encontraron madera y al momento de sacarlo la madera se deshacía. El oxígeno deteriora todo, hasta a nosotros. Entonces, imagínate, eso que ya lleva más de 500 años, y es más, hasta más, porque son de antes de la Conquista", explicó.

"¿Qué hay bajo tierra? Pregúntenle cuál es el pasado de México antes de que nos uniéramos en mestizaje, que es lo que ha defendido mi gobierno, porque es la verdad y la historia de todos. Pregúntele a Sheinbaum qué hay debajo y por qué no lo abre al público, porque a lo mejor habrá que empezar a pedir disculpas por tanta mentira y por tanto agravio para vivir de la pobreza, que es lo que hace siempre el comunismo", dijo Ayuso en Madrid.

Tampoco es que alguien se asuste por los huesos debajo de la tierra. Turistas, nacionales y extranjeros, entran al edificio a comer en los restaurantes, a tomar café o comer helados de chocolate. Un encargado dijo que no ha llegado nadie últimamente a preguntar qué hay debajo. Todo mundo sabe que el Centro Histórico de la Ciudad de México está lleno de vestigios. Entre 2006 y 2008, cuando se construía un estacionamiento en el Centro Cultural de España, ahí a un lado, se hallaron los restos de la escuela de artes para los hijos de los nobles mexicas, el Calmécac, incluso una quijada esgrafiada o con marcas que ahora se exhibe en un Museo de Sitio.

Especialistas como el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, Premio Nacional de Ciencias y Artes de México y Premio Princesa de Asturias de España, han documentado el valor religioso y ritual de los tzompantlis y los sacrificios humanos en la cultura azteca. En 1956, Julio Cortázar publicó "La noche boca arriba", un cuento sobre la guerra florida. "No se oía nada, pero el miedo seguía allí como el olor, ese incienso dulzón de la guerra florida. Había que seguir, llegar al corazón de la selva evitando las ciénagas".

El año pasado, sin embargo, en su libro Grandeza, el ex Presidente Andrés Manuel López Obrador negó que hubieran existido. "Los sacrificios humanos y el canibalismo no existieron en el México prehispánico y su invención correspondió más al fanatismo y a la perversa estrategia de justificar con ello la esclavitud y la crueldad en aras de la avaricia, y el despojo de bienes y riquezas a los pueblos originarios", dijo, aunque con poco resultado entre los especialistas y también entre los ciudadanos.

"Es una lástima que no se abra", dijo el guía del INAH, molesto aún por la negativa de Ayuso de entender el simbolismo cultural. Quizás se deba a que el conquistador nunca entiende lo que ve, dijo. O que lo entiende para justificar sus actos. A pesar de todo, reconoció que muy pocos de hoy y de antes han visto el Tzompantli descubierto. "Seríamos privilegiados, porque podemos ingresar y ver y todo, ¿no? En ese entonces, cuando estaban los mexicas, no podías ingresar al recinto ceremonial, sólo ingresaban los que iban a ser sacrificios o rituales. Si tú entrabas en una fecha que no era permitida, podrías ser hasta sacrificado", dijo.