Cd. de México.- De las 375 tiendas que llegó a operar en todo el País en 2008, SuperISSSTE conserva actualmente sólo 48.
Aunque el Gobierno busca revertir el desplome con nuevas aperturas y una estrategia para recuperar clientes, la cadena todavía está lejos de recuperar la dimensión que tuvo y enfrenta un mercado en el que proliferan las tiendas de proximidad y descuento.
Ricardo Velázquez Leyer, académico del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Iberoamericana, cuestiona que el Estado mantenga una cadena comercial en un sector donde existen múltiples competidores privados. "El mismo mercado fue cubriendo cierta demanda. Las cadenas fueron surgiendo y llegando a muchos lugares del País donde no llegaban y pueden ofrecer precios más atractivos para la gente. "No se puede entender por qué el Estado va a hacer algo que el mercado puede cumplir sin que represente un costo para el mismo Gobierno", afirma. El académico también advierte sobre los costos administrativos que puede enfrentar una cadena pública. "Existe una razón por la que los Gobiernos no tienen tiendas de este tipo. Primero, por el riesgo y la ineficiencia burocrática. Los gobiernos tienen que controlar el gasto, tienen que controlar sus compras. Eso va en contra de los principios que necesita una cadena de tiendas para operar. "Los riesgos de la eficiencia burocrática representan costos y afectarían la viabilidad de una cadena, si es que lo que se pretende es aún seguir ampliando más la red", sostiene. La actual Administración federal pretende cerrar 2026 con 50 sucursales, luego de recibir la cadena con 39 establecimientos. En marzo, el Instituto informó que la expansión de la red se realizaría conforme a la capacidad económica de SuperISSSTE y sin representar un gasto adicional para el Instituto. El relanzamiento ocurre, sin embargo, sobre una red que llegó a reducirse a poco más de una décima parte de su tamaño histórico y que todavía enfrenta uno de sus principales problemas: volver a atraer consumidores. Edmundo Briseño, de 39 años, sale de una tienda 3B con un agua de litro y un vino de caja en la Colonia Tabacalera de la Ciudad de México. Dice que recuerda haber ido de niño a la tienda SuperISSSTE Zaragoza, cerca del Metro Tepalcates, cuando sus padres lo llevaban a hacer las compras. "No me quedan cerca. Están como escondidas. No le hacen mucha publicidad, si les hicieran un poco más de publicidad les ayudaría mucho", afirma. "Cuando era niño me llevaban mis papás, pero ya no. No conozco a alguien que vaya ahí". El caso de Edmundo ilustra uno de los principales problemas que enfrenta SuperISSSTE: después de décadas de expansión, la cadena perdió casi 90 por ciento de las sucursales que llegó a operar y ahora intenta recuperar clientes en un mercado muy competido: 3B, Bodega Aurrera Express, Neto, Bara...
Competir con el mercado
A 73 años de su fundación, SuperISSSTE busca reconstruir una cadena que durante los sexenios anteriores parecía destinada a desaparecer.
La Junta Directiva del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado había acordado la liquidación de las tiendas que permanecían abiertas, luego de que los costos de nómina y servicios para su operación superaran las ventas y se acumularan adeudos con proveedores. En 2024, el Gobierno federal puso en marcha una estrategia de recuperación, que incluyó una incorporación más flexible de proveedores y el objetivo de aumentar nuevamente el número de tiendas. La situación financiera de SuperISSSTE es uno de los puntos que permanecen menos claros. El ISSSTE reporta un fuerte incremento en las ventas. Entre junio de 2025 y junio de 2026 aseguran que crecieron 232.72 por ciento y llegaron a 40.9 millones de pesos mensuales. Sin embargo, el presupuesto federal no permite identificar cuánto dinero se destina exclusivamente a las tiendas, debido a que la partida presupuestaria de "Comercialización de productos básicos en tiendas y farmacias del ISSSTE" agrupa ambas actividades. Para 2026, esa actividad tiene asignados 821.4 millones de pesos, de acuerdo con el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación. El monto, sin embargo, no puede atribuirse íntegramente a SuperISSSTE. El presupuesto de esa actividad se redujo 53.4 por ciento entre 2021 y 2022, al pasar de mil 462.6 millones a 681.2 millones de pesos, y aunque posteriormente comenzó a recuperarse, en 2026 permanece por debajo del máximo de 2021. La falta de desglose impide establecer con esos datos cuánto cuesta específicamente mantener la red de tiendas.Luchando por sobrevivir
Dunia Ludlow, directora de SuperISSSTE, afirma que la cadena ha operado con los mismos recursos con los que contaba cuando comenzó el proceso de reducción de sucursales.
La estrategia para sostener los establecimientos tampoco depende exclusivamente de la venta de productos. Ludlow explica que algunos inmuebles son utilizados para albergar servicios de otras dependencias, lo que permite aprovechar espacios que de otra manera podrían requerir el pago de rentas. "Lo que hacemos es optimizar el espacio para otras instancias del Gobierno. En vez de pagar renta en otro lugar, hacemos que nuestras tiendas presten un servicio a la ciudadanía como SAT, Secretaría de Bienestar, Condeso y Sepomex", señala. En marzo, al anunciar una nueva sucursal en Tlalnepantla, el ISSSTE señaló que las futuras aperturas se realizarían sobre la base de la capacidad económica de SuperISSSTE y sin gasto adicional para el Instituto. Pero las nuevas tiendas sí requieren recursos para su rehabilitación. La sucursal inaugurada en la Colonia Doctores, por ejemplo, requirió una inversión de 4.3 millones de pesos. SuperISSSTE tampoco pretende competir exactamente bajo las mismas reglas que una cadena privada. La directora sostiene que el objetivo de la red no es maximizar utilidades, sino mantener una función social mediante la venta de productos a precios accesibles. "Porque aquí la intención no es una mayor utilidad o un mayor margen de ganancias, sino la vocación social de tener marcas comerciales que vendan sus productos a bajo costo", sostiene. El declive, de acuerdo con Ludlow, comenzó en 2013. La funcionaria atribuye la caída de SuperISSSTE a decisiones tomadas durante los Gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, a los que acusa de haber debilitado deliberadamente a las tiendas. "Es una cadena que le iba bien y estaba bastante consolidada antes de que la quebraran a fuerza. La quebraron para que otros tipos de cadenas pudieran crecer sin ningún tipo de competencia. "Porque aquí la intención no es una mayor utilidad o un mayor margen de ganancias, sino la vocación social de tener marcas comerciales que vendan sus productos a bajo costo", sostiene. La directora de SuperISSSTE afirma que el rescate de la cadena ocurrió hasta la actual Administración, ya que durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador el Gobierno federal se dedicó a pagar las deudas que los supermercados habían adquirido con proveedores.
El rumor de que habían desaparecido
En la sucursal de la Ciudadela, cerca del Metro Balderas, Guadalupe Somela, de 55 años, recorre el área de productos naturistas.
Se detiene frente a un shampoo que, según la etiqueta, está elaborado con una mezcla de hierbas. "Aquí encuentro productos que otras tiendas no manejan, como estos", dice, mientras señala el pasillo de jabones. También menciona shampoos naturistas, productos sin plástico y pasta de dientes sin fluoruro. La tienda tiene pasillos abastecidos, pero a media tarde son pocos los clientes. Algunos estudiantes de secundaria llegan en grupo, compran refrescos y papas y salen rápidamente. Trabajadores de la sucursal dicen que la afluencia aumenta los fines de semana, cuando las personas acuden a realizar sus compras de despensa. Guadalupe considera que los precios son una ventaja, pero coincide en que hace falta difusión. Otro cliente, Gustavo Alarcón, de 52 años, lleva tres décadas comprando en la Ciudadela. "La gente desconoce, piensan que sólo eran para gente del Gobierno, pero no. Deberían tener una difusión más fuerte, más comerciales, ahorita por eso las 3B por eso pegaron", asegura. Julián Nava, de 51 años, también compra desde hace 15 años en la sucursal. "Me queda a cuadras de mi casa y me gusta. Tiene lo que yo quiero. Se había corrido el rumor de que habían desaparecido, pero no", comparte.
