El principal activo del Banco de México es su credibilidad. Es precisamente esa credibilidad la que le permite implementar con eficacia su herramienta más importante de política monetaria: influir en las tasas de interés.

Me explico.

El mandato primordial de Banxico es preservar el valor de la moneda, es decir, controlar la inflación y hoy por hoy, el mecanismo más eficaz para lograrlo es el manejo de las tasas de interés. El dinero, como cualquier bien, tiene un precio: si ese precio sube, se vuelve menos accesible para la población; si baja, su acceso se incrementa. Cuando aumentan las tasas de interés, el crédito se encarece y en el mediano plazo, disminuye la cantidad de dinero en circulación, lo que reduce el consumo de bienes y servicios y con ello, las presiones inflacionarias. Cuando las tasas bajan, el efecto esperado es exactamente el contrario.

Ahora bien, Banxico no fija directamente las tasas de interés del mercado, sino que influye en ellas mediante una tasa de interés objetivo. Cuando el banco central ajusta ese objetivo, el mercado reacciona en consecuencia. Esto ocurre porque existe la convicción de que la Junta de Gobierno cuenta con información privilegiada, capacidades técnicas sólidas y un análisis profundo de la coyuntura económica y es por ello que, a partir de sus decisiones, los distintos agentes económicos ajustan su comportamiento.

Volvamos al mandato central.

Las decisiones de Banxico deben sustentarse en criterios técnicos, no políticos ni ideológicos, y no en la búsqueda de determinados niveles de crecimiento económico, lo que en muchas ocasiones lo coloca en una posición distinta —incluso opuesta— a la del Ejecutivo federal, cuyo objetivo natural es impulsar el crecimiento mediante herramientas de política fiscal y económica. Mientras el gobierno busca expandir la actividad económica, el banco central prioriza la estabilidad de precios, aun cuando ello implique un menor dinamismo en el corto plazo.

Este sistema de contrapesos es precisamente, la razón de ser de la autonomía del banco central. Sin ella, existe el riesgo de que la institución vuelva a convertirse en una extensión del gobierno: una “caja chica” susceptible de utilizarse con fines políticos, como financiar gasto mediante emisión de billetes descontrolada, con las consecuencias que México ya vivió en las crisis de los años ochenta y buena parte de los noventa.

En este contexto, resulta relevante la decisión adoptada en la última Junta de Gobierno, el pasado 26 de marzo, cuando Banxico, por mayoría dividida (tres votos contra dos), redujo la tasa de interés objetivo en 25 puntos base. La medida sorprendió al mercado pues la inflación de la primera quincena de marzo se había ubicado en 4.63% anual, muy por encima del objetivo, y el entorno internacional —marcado por conflictos geopolíticos— anticipa posibles presiones inflacionarias adicionales.

Más aún, en las minutas se señala explícitamente que uno de los elementos considerados fue la debilidad de la actividad económica durante el primer trimestre del año. Este punto resulta particularmente delicado, pues sugiere que factores distintos al comportamiento de la inflación —pasada, presente y esperada— influyeron en la decisión, lo que podría interpretarse como una desviación respecto a su mandato prioritario.

No se trata de caer en posturas alarmistas ni en interpretaciones catastrofistas, sin embargo, sí es pertinente advertir que decisiones de esta naturaleza pueden erosionar, aunque sea de manera gradual, la credibilidad del banco central, o al menos sembrar dudas sobre la fortaleza de su autonomía.

Conviene recordar que la credibilidad de Banxico no es un activo menor: ha sido construida a lo largo de décadas, bajo el liderazgo de figuras de reconocimiento internacional como Agustín Carstens o Guillermo Ortiz, no obstante, así como tomó años consolidarla, también puede deteriorarse lentamente, casi de forma imperceptible, en un escenario extremo, ello podría traducirse en la pérdida de control inflacionario que el país ha logrado mantener, con esfuerzo, durante lo que va del siglo.