La Semana Santa es una etapa propicia para reflexionar sobre la vida y la forma en que afrontamos las situaciones y dificultades. Estos días tienen una connotación que va más allá de los pensamientos y creencias religiosas y se convierten en momentos de introspección que, ojalá, nos sirvan para dar una dimensión más humana a nuestras acciones y decisiones.
El Jueves Santo, en particular, es una celebración que para los cristianos significa la institución de la Eucaristía y del servicio, cuando Jesús lavó los pies de los apóstoles como un signo de humildad y actitud de servicio a todos. Precisamente, el pasado 2 de abril, el líder de la bancada de MORENA en la Cámara de Diputados fue blanco de críticas por haber publicado en la red social “X” que asistió a esa celebración.
La reflexión religiosa es válida en el ámbito personal; de hecho, la fe forma parte de la vida de millones de mexicanos. Las creencias religiosas, incluso para las personas que participamos de la vida política, son parte fundamental de nuestras vidas. El punto importante no es cuestionar la fe, sino el papel que esta debe tener en el ejercicio de la vida pública.
En la realidad, la línea entre el ciudadano y el servidor público es muy delgada; de hecho, debe ser el vínculo que nos lleve a que nuestras decisiones sean acordes a las necesidades de la sociedad. Esto tiene un profundo significado para las figuras públicas en general, sobre todo porque un político no deja de ser ciudadano, pero tampoco deja de ser un servidor de la sociedad; sus expresiones pueden interpretarse como posturas de una institución. La responsabilidad que tenemos implica analizar cuidadosamente todo lo que se comunica.
Aquí vale la pena puntualizar lo que es el Estado laico, porque en muchas ocasiones se comunica y se interpreta como un Estado antirreligioso; pero no lo es. El artículo 40 de la Constitución define a México como una “República representativa, democrática, laica y federal”. El sentido de este artículo tiene que ver con la independencia del Estado de cualquier religión; no hay una fe oficial que esté por encima de las demás creencias.
El artículo 24 garantiza la libertad de convicciones éticas, de conciencia y de religión; es decir, aclara que nadie puede utilizar actos públicos de culto con fines políticos o de propaganda. México es un Estado neutral donde se respetan todas las creencias; no se privilegia ni se discrimina ninguna fe, porque nos regimos por una Constitución, no por dogmas.
En el sentido más puro, el laicismo garantizado en la Constitución lo que busca es proteger a creyentes y no creyentes; además, permite la convivencia social al permitir la diversidad de pensamiento, evitando la imposición de valores religiosos desde el poder, porque se entiende que el privilegio de unos creyentes trae consigo la opresión de otros. El Estado laico es una condición básica de todas las democracias modernas.
Todos los servidores públicos tenemos derecho a creer; también podemos expresar nuestra fe desde el ámbito personal, de eso no debe haber la mínima duda, pero nuestras decisiones deben estar basadas en las leyes, el interés general y los principios constitucionales. El laicismo nos lleva a que la fe no sea el centro de un criterio de política pública.
También es cierto que no todo lo que es válido en lo personal llega a ser pertinente en lo público. La comunicación pública requiere un contexto cuidado, sensibilidad social y estar libre de interpretaciones innecesarias, sobre todo cuando tratamos temas donde la forma importa tanto como el fondo.
En lo personal, estoy convencido de que creer en algo, tener una estructura de creencias, es positivo y necesario para el desarrollo personal. Expresar una creencia es un derecho, pero el Estado debe mantenerse imparcial y encontrar el equilibrio para respetar todas las creencias. La fe construye personas; el Estado debe construir una sana convivencia, donde la sociedad tenga la libertad que permite creer, porque en México, creer es un derecho; pero gobernar exige garantizar que todos, crean o no, tengan el mismo lugar frente al Estado.
