Las y los mexicanos, al igual que cualquier ser humano, aspiramos a tener estabilidad en todos los sentidos, comenzando por lo emocional, es decir, estar bien con nosotros mismos; estabilidad familiar y social, en armonía con nuestro entorno más cercano y en la comunidad; estabilidad laboral o económica, mediante un trabajo digno, remunerado, justo; solo por mencionar lo que sentimos más apremiante.

Quizá lo que nos importa de la economía, es lo que tiene que ver con lo que pudiera afectarnos o beneficiarnos, de manera directa o próxima. Esto es, el precio de los productos de la canasta básica que compramos cada semana, el precio de la gasolina, lo que pagamos de IVA, lo que nos descuentan de ISR; quizá en algunas ocasiones nos ocupamos de saber en cuánto está el dólar, raramente investigamos sobre aranceles o algo sobre la deuda externa del país. Pero eso más bien, son temas de interés para quienes tienen alguna actividad financiera, de otra índole.

En este espacio, de manera sencilla (eso espero), estaré abordando lo que tiene que ver con endeudamiento público. Mucha gente pensará: “eso no me importa”; sin embargo, considero que debemos estar al tanto de lo mal que andamos como país, no solo por la repercusión internacional, sino porque todo ello nos cala y nos duele en el bolsillo, sin pedirlo, sin saberlo y sin quererlo.

En términos monetarios, la deuda pública de México ha alcanzado niveles que rebasan al billón de dólares (1.15 billones USD). Esto es, veinte mil millones de pesos. Lo más alto de todos los tiempos. Desde el México independiente de hace más de 200 años, comenzamos a pedir prestado en el exterior. Lo cual llegó a 10 mil billones hasta antes de 2018. Lo alarmante es que esa deuda externa se ha duplicado en los últimos 8 años. No es exageración. No es mentira. No es criticar por criticar a los desgraciados de Morena que mal gobiernan este país. Sino que piden y piden y siguen pidiendo, no pagan, ni abonan nada, por lo tanto los intereses, sobre intereses y más intereses, nos están destrozando.

Es lo mismo que nos pasa a los simples mortales, cuando sacamos una tarjeta de crédito, si solo pagamos el mínimo que el banco nos pide, para el siguiente corte, ya le debemos lo mismo que el mes anterior, con lo que subió la deuda por los intereses elevados que nos cobran los bancos.

Me regreso al tema central. La deuda de nuestro país, equivale al 54% del Producto Interno Bruto.

Para incentivar la inversión nacional y extranjera, generar empleos y encontrar mecanismos de desarrollo para nuestro país, deberíamos estar siguiendo otro tipo de políticas públicas y no lo que está ocurriendo, de que el gobierno paternalista y populista solo desea tener beneficiarios de becas. Es otro el rumbo que deberíamos estar siguiendo. Andamos mal. Muy mal.

Aunado a todo lo anterior, México está poniendo en riesgo la calificación que otorgan organismos internacionales (agencias calificadoras), que determinan el grado de estabilidad que tenemos; ya sea positivo, estable o negativo. Esto lo identifican con letras. Para comprenderlo, lo ejemplifica enseguida.

En los años noventa nos daban BB+ (positivo); en la primera década de los dos mil, fuimos pasando a BBB que seguía siendo positivo. Luego nos pasaron a BBB+, posicionándonos como “estable”. En los últimos años, nos están dando BAA2, por lo tanto pasamos a negativo.

No se me asusten estimados lectores. Ni yo le entiendo, ni es mi área de “expertise”. No necesito ser muy lista, ni saber sobre finanzas, para poder entender este comparativo. Las letras es lo de menos. El problema grave al que nos enfrentamos, es lo que importa.

La calificación crediticia de un país es uno de los indicadores más importantes para evaluar su estabilidad económica y financiera. Esta calificación representa la capacidad que tiene un gobierno para cumplir con sus obligaciones financieras, especialmente el pago de deuda. Si dicha calificación es mala, los intereses de la deuda se disparan a la alza.

Conservar una buena calificación crediticia es fundamental para mantener la confianza de inversionistas nacionales y extranjeros, así como para evitar el aumento en el costo de financiamiento del país. Estamos frente a un déficit fiscal. Es decir, no hay equilibrio entre ingresos y egresos. Lo más natural es atenerse a cuánto ganas, para saber cuánto y en qué te lo gastas. Algo tan elemental, no lo comprende este gobierno de transformación de cuarta. Pues desde que los tenemos al mando en nuestro querido país, solo traemos un crecimiento de 1% anual. Y eso, no es culpa del pasado.

El hecho de que PEMEX y CFE estén endeudadas, es fatídico. Cuando se supone que serían las empresas productivas de orden público, que deberían estar generando ganancias.

Algo que está afectando también directamente, es la salida de capital extranjero. Por eso hay empresas transnacionales que están cerrando. Recogen su balón y se van a jugar a otra cancha. Además de desempleo masivo, eso nos va a llevar a depreciación de la moneda nacional.

El remedio no está tan complicado. Hay estrategias financieras que podrían y deberían planearse e implementarse, Solo es falta de voluntad. Sheinbaum tiene un total desinterés e ignorancia. Pero además quienes deberían asesorarla no lo hacen, porque solo les importa quedar bien con sus patrones, los cárteles, a costa de lo que sea.

Ya es momento, de interesarnos en los temas que nos están afectando. Momento de que este gobierno de cuarta se acabe. Ya es momento de retomar un rumbo claro, próspero y progresista.

Ya es momento…